EL FRÍO, EL TRÁFICO Y EL SENTIMIENTO DE VACACIONES

A pesar de que todo sonaría a que estoy viviendo en otro sitio no lo siento así. La sensación no es desconocida, ya me ha pasado. No sé cómo explicarlo, pero es como cuando te cambias de casa y sientes que en cualquier momento regresas a la antigua y todo continuará “normal”. Así, así… 

Parecería que se terminará el periodo vacacional y regresaré a mi rutina, a mi laticueva, a los amigos de Plaza Sésamo… Hoy íbamos bajando de Santa Fe, con mucho frío y yo, sólo con ropa primaveral. Había un tráfico inmundo. Están construyendo un puente cerca de Tacubaya. Entonces pensaba si todas mis tardes serían así: bajar con algún compañero y… ¿después? Ahora mismo estoy buscando casa, así que ando de un lado a otro, regreso al cecyhogar y sigo sintiéndome como de vacaciones. En pijamada con tu amiga; pero que tomarás tus maletas en algún punto y te irás a casa. 

Cada día tiene una foto, pero no traje el cable para bajarlas a la máquina. Pero cada día trato de que tenga una foto… que me recuerde; que me permita recordar este periodo que ya he vivido y que sé… sé que también pasará.

Time is over…

Y así se comenzó a dar. Solito. Sin buscarlo. Sin forzarlo. Pero se vino de golpe y siento que hay momentos en que no lo puedo controlar.

 

No me queda más que seguir confiando en que todo se dará solito.

 

Cada día he tomado una foto, pero estas, por obvias razones, son especiales. Son mis “últimas fotos de…”

 

Dejar un lugar siempre causa un poco de angustia. De añoranza (incluyendo la previa). De hueco. Y se supone que todo comienzo también da algo de emoción. Mucha emoción.

 

Nada más que yo quiero saber dónde meteré todas mis cosas. Confío en encontrar un lugar adecuado. Pronto. Bueno. Bonito. Barato. O bueno, de buen precio.

 

Estoy muy cansada, sobre todo emocionalmente. Muchos abrazos, muchos buenos deseos. Curiosamente todo mundo me dice: “tengo un buen presentimiento”.

 

“Despedidas”. Quiero estar más tiempo en la Laticueva… pero las manecillas del reloj no se detienen. Un reloj verde. Con Blanco. Con un perro con lentes rosas. Ese reloj me dicen: time is over. Pero pienso… “Is it?”

 

¿Habré empacado todo lo necesario?

 

Luis, ¡por Dios! ¡Contéstame el teléfono!, ¿qué haré con las latas de cerveza que ya no tienen donde refrigerarse? ¿Y mis fotos? ¡¿Dónde guardaré tantas fotos?! ¿Y mis pelis? ¿Y mis libros? Ah, Dios, que alguien me ilumine y me diga dónde puedo encontrar un sitio así, como mi Laticueva, pero en esa ciudad a la que pronto llamaré hogar. Ciudad de México.

Situaciones hipotéticas de noches de insomnio: pensar

Otra noche más en que no puedo pegar el ojo. Mi cabeza le da vueltas y vueltas a una y mil cosas. No es raro, es muy común. El loquero, las estrellas, las líneas de mi mano, las runas y hasta el Tarot me dicen que yo lo que quiero es que alguien me diga qué hacer, hacia dónde ir, con quién, cómo, cuándo, dónde, por qué; y todos esos mismos oráculos –y no- me indican que es “up to me”, o sea yo decido. Diantres. Deja de pensar y ponte a actuar.

¿Por qué habremos seres que pensamos y pensamos y de repente nos complicamos demasiado la vida? No nos dejamos fluir, queremos entenderlo todo, un camino a seguir, una guía… ¿un látigo que nos obligue a seguir jalando la carreta? No lo sé.

Pienso en lo que me dijo mi malote amigo, hijo de saudinena, la otra noche; cuando analizábamos las posibilidades de un cambio de vida. Me decía, A=x, B=y, C= u. Si A+B= 2 entonces piensa si 2 es más conveniente que 1. Chale, y a mí que ya se me había olvidado cómo sumar. Tuve que sacar mi ábaco y tomar dedos prestados.

Es bueno tener cerca a este tipo de mentes lógicas y matemáticas, porque lo que es la pura cabeza caliente –de tanto pensar- y las vísceras nomás no ayudan; nomás confunden; nomás quitan el sueño.

Así que, si usted estuviera en un predicamento, ¿cómo tomaría la decisión?

A) Haría una lista de pros y contras.

B) Me guiaría por mi intuición

C) Haría la fórmula matemática/lógica de probabilidades

D) Le haría caso al volado (águila o sol)

E) Pim pom papas…

F) Meditaría por qué quiero cambiar y mejor me quedo donde estoy

G) De plano me reclutaba en el asilo para débiles mentales

H) Ninguna de las anteriores

¿Y si no estoy en Facebook, Hi5 y demás… no existo?

Sí, yo también tengo de esas cosas, las famosas redes sociales. Comenzó cuando alguien me invitó al Hi5 y entonces abrí mi perfil, subí algunas fotos y ya, terminó el chiste. 

Después, un amigo me invitó a Facebook (en ese entonces disponible sólo en inglés) y pues… empezó el acoso. 

Gracias al Hi5 me he contactado con amigos de hace mucho tiempo y por alguna extraña razón algunos otros sólo pueden ser contactados vía mensaje del Facebook (no entiendo por qué, si al final los mensajes te llegan a tu correo electrónico). Lo he notado últimamente es el tipo de comportamiento en estas redes sociales. En realidad ya es una nueva forma de conocer gente sin sentirse “el desesperado que se inscribe en match.com”. ¿Han notado cómo los hombres de sus redes sólo aceptan mujeres de nombres como “Yessikka”, “Desiree” con fotos bien sexys (Generalmente de alguna parte de su cuerpo, dejando lo demás a “la imaginación” o bien, a las otras 80 fotografías misteriosas de ellas)? ¿O las mujeres que aceptan sólo a torsos musculosos y bazos con potentes conejos? 

Ya sé que la cajita feliz es fuente inagotable de sorpresas (basta mencionar la palabra bloggeros para ponernos todos de buenas), pero, por otro lado, me pregunto, ¿estaremos dejando de ser seres sociales para ser seres cibernéticos? 

¿Será que todos debemos de comenzar a explorar el ciberamor o la cibervida (en second life, por supuesto) y hasta el cibersexo? ¿Eso es lo que sigue? ¿Eso queremos realmente? 

¿Dónde queda ahora el abrazo físico, el tomar un café mirándose a los ojos y no a través de una cámara? ¿Dónde quedan las idas al cine en donde te apapachas en la oscuridad con tu pareja o las noches de películas cursis con las amigas? 

¿Dónde quedamos los humanos en este mundo cibernético? ¿Será que hasta yo soy ya una máquina, parte de una Matrix?

Hombres de mi vida

Cuando estaba en la preparatoria tenía muchos amigos. Hombres. Y hacía mucho tiempo que no me había sucedido lo mismo. Este fin de semana tendrá olor a Bellas Artes y el Chopo, al Castillo de Chapultepec y a
la Condesa.  

dan-i-i.jpgSerá extraño volver a ese lugar sin mi adorada amiga de siempre –que se mudó a Canadá, la ingrata-, aunque no digo que no tenga maravillosas amigas que ver. Pero algo extraño he notado. Contrario a lo que sucede otras veces ahora tengo planeadas varias salidas con amigos. Hombres de nuevo. Entonces observé que últimamente mis conversaciones por Messenger, por teléfono, sms y hasta vía e-mail están marcadas por bigotes y voces roncas. Hombres… amigos.  

Ayer en la terapia estuve hablando del tema. Entonces, doña shrink me preguntó: “¿Por qué no lo ves a él como posible prospecto, si se llevan tan bien?” Extraña sensación. ¿Por qué no los veo como candidatos a algo más que una amistad? Puedo echarme una larga lista de razones, pero simplemente escribiré un par de reflexiones.  

A pesar de lo que he vivido últimamente, de lo que hubiera parecido al “aventurarme” con alguien más chico (y obviamente inmaduro), todo ha sido un proceso de aprendizaje de mí misma.  

Don niño (Rorro) me preguntó el otro día que si estaba aprendiendo algo de él (por supuesto que hay algo que le hace ruido, ¿tal vez lo intimida?) y le dije que sí. Mucho. Estoy aprendiendo de mí con él. ¿Y qué tiene él –inmaduro, parrandero y mujeriego- que no tienen esos otros del principio? Bueno, que no es mi amigo (al menos no en el sentido no-erótico como los otros).  

lata-y-guichi.jpgEsos hombres con los que paso horas hablando también me enseñan muchas cosas de ellos y del sexo complementario. Y lo disfruto mucho. Sí, creo en la amistad entre hombres y mujeres, pero ayer en específico, me elegí a mí y a mi proceso antes que a una pareja. 

Y ahí, en ese camino, esos señores me acompañan, me siguen mostrando tantas cosas que sin ellos no podría ver; además, me divierto muchísimo en el proceso. Mientras estamos listos. Ellos y yo. 

A esos hombres en mi vida, gracias.

El sexo, las mujeres solteras, los buenos partidos y un libro (Parte I)

Con esto de que el sexo está de moda de nuevo no queda más que prepararse: un libro guardado en alguna caja, un grupo de amigas y varios cafés para discutir el tema. 

Sí, ha vuelto estar en boca de todas. Sexo… en una ciudad: Nueva York.  

No me acuerdo cuándo ni dónde comencé a ver la serie, pero no fue por HBO, por supuesto. Supongo que la veía con mucha curiosidad y actualmente si la encuentro en Cosmo TV seguro me detengo a ver el capítulo enterito. Lo malo es que tienen como 15 nada más, así que ya casi me sé los diálogos de memoria. No así el libro. Hace años lo leí y no me encantó. Contrario a la serie, la protagonista era Candace, la autora, y no había sólo cuatro chicas, sino montones. Pero como mi memoria es tan buena, decidí darle una releída.   “The condom killed romance, but it has made it a lot easier to get laid. There’s something about using a condom that, for women, makes it like sex doesn’t count. There’s no skin-to-skin contact. So they go to bed with you more easily”. 

Empezamos bien: el condón le robó el romance al sexo y por la misma barrera entre pieles hace que el hombre vaya más fácilmente a la cama contigo. No lo sé. Llevo sólo unos cuantos capítulos y estoy encontrando muchas cosas que me hacen ruido. Por ejemplo, las primeras veinte páginas hablan de por qué las mujeres de determinada edad siguen solteras mientras que los hombres de Nueva York son menos que inútiles para todo lo que se refiere al amor. 

La serie sí que toca estos temas, pero creo que era un poco más “esperanzadora”, al menos para todas esas mujeres a las que les gusta el sexo y quieren –también- algo más.  

La película. No quiero ser spoiler, así que comentaré poco y esperaré a que todo al que le interese vaya a verla. Me gustó, es divertida, romántica… sí, todo un chick flick con menos sexo que la serie. Hay varias cosillas que robaron mi atención, por ejemplo… ¿¡qué onda con el pájaro en la cabeza de Carrie!? O… ¿Por qué dicen que las mujeres sólo queremos dos cosas: L & L, o bien M & M? 

¿Será que así somos las mujeres de hoy en día? ¿O sólo las que viven en las grandes capitales del mundo, incluyendo a Ciudad de México? ¿Las mujeres sólo quieren Marcas y Matrimonio? 

¿En serio? 

(Continúa…)






Contador gratuito

¿Dementes?

Sé bien que una de las mejores cualidades de la mujer es el ser “multitask”, eso significa que puede hacer varias cosas al mismo tiempo. Por eso es común ver a una señora en el auto hablando una conversación distinta con cada uno de los hijos, pintándose la pestaña, manejando y tal vez, hasta sintonizando la radio.

En mi primer trabajo después de la universidad mi jefe me dijo que él siempre prefería contratar a mujeres que a hombres, debido a “su sentido de responsabilidad”. En mi experiencia es muy raro que una mujer llegue tarde y cruda al trabajo una vez a la semana (aclaro la frecuencia) y aunque hay cafecín y chismorrín de vez en cuando, generalmente se realiza la chamba adecuadamente.

Entonces… ¿por qué siento a veces que muchas de nosotras estamos dementes? Dementes, según el diagnóstico de Chilosa. Y lo peor, es que empezamos a edad temprana, creo que desde que terminamos la universidad… algunas tardamos más, otras menos, pero hasta después de los treintas, algunas en los cuarentas, seguimos presentando los mismos síntomas no diagnosticados (según mi querida amiga bloggera del sur de América).

Ante este punto varios hombres estarán aplaudiendo y dirán “no importa por qué se autodenominan dementes, pero de que lo están, seguro que lo están”. Pues bien, mi amiga y yo (además de otras personitas a las que he leído) descubrimos que teníamos en común una especie de neurosis multitaskiana. ¡No nos decidimos! Queremos hacer tantas cosas… pero no nos decimos; no nos especializamos, creemos poder hacerlo todo.

Así que andamos escalando montañas, cocinando, decorando; somos medio ambientalistas, administradoras, escritoras, biólogas, médicos, locutoras, expertas en jardinería, chefs, asesoras de moda, orfebres, albañilas, bailarinas de zumba, yoguis y hasta expertas en las artes amatorias.

Por eso estamos dementes, porque queremos todo, porque creemos que podemos; porque nos da miedo intentarlo, no nos decidimos o porque, al final, probamos esto y lo otro tratando de encontrarnos en algún lugar… esperando, por lo menos, disfrutar el camino.

Autoras, autoras

Tal vez parezca un poco sexista, pero hablo de autoras, con “a”. Mujeres que escriben libros, de lo que sea.

Necesito su ayuda, queridos bloggeros. Quiero escribir algo sobre las escritoras favoritas de la gente que me rodea y poner alguno de sus títulos.

Así que aquí va la pregunta:

¿Cuál es tu autora favorita y qué libro recomiendas de ella? (No importa que no esté viva).

¡Gracias a todos!

RECETA BÁSICA PARA LOGRAR UNA EDICIÓN MENSUAL POR DOS AÑOS

Ingredientes:

Muchas ganas de hacer las cosas.

Gente inquieta y entusiasmada.

Valentía para arrojarse a nuevos retos.

Valentía para compartir capítulos importantes de la vida.

Valentía para hacer algo que muchos nunca hubieran pensado hacer: escribir.

Compromiso con uno mismo y con los demás, pero compromiso porque así se desea, no porque se debe de hacer.

Una visión que va un poco más allá de lo comúnmente establecido.

Preparación: Tres damiselas encontraron la manera de trabajar en un proyecto interesante, creando sus propios ritmos y espacios laborales. Una cuarta se unió poco tiempo después. También tome en cuenta un caballero asesor y uno por ahí que a veces apoya con el diseño web.

Agregue muchas risas, chismorrines, lágrimas y comidas saludables. Ah, algunas fotos posadas representando a “una mujer plena”.

Es importante decir que esas damiselas que tomó al principio no se quedan estáticas, también ponen algo de acción. Organizan y toman talleres en donde aprenden y comparten… sobre sí mismas. Ponga atención en este punto, porque quizá usted quiera unirse.

Ahora, cree una red cibernética de amigos que por bendición de la vida, destino, suerte o lo que sea, llegaron a estar en contacto con alguna de esas cuatro mujeres. Y así se han ido uniendo.

El resultado es la creación de un espacio de expresión y encuentro, en donde se pretende dejar algo en los lectores (y, por supuesto, en los escritores). Tal vez “una mosquita en la oreja”, una reflexión, una sonrisa y, ¿por qué no?, una buena lágrima (acompañada de mocos, si es necesario, que habrá que limpiar con un kleenex. No, favor de no usar la manga de la blusa).

Quizás algún descubrimiento se habrá realizado y compartido en esta etapa. Y ahora, un cambio de imagen aquí y allá; un toque de color, un garigoleado propio. Notará que poco a poco ha ido creciendo. Primero fue un año, ahora, precisamente ahora, son dos.

Si en este punto revisa un poco los perfiles de los colaboradores se dará cuenta de que lo que abunda en Siriusfem es gente “normal”, gente que tiene algo que compartir. También verá que hay expertos en determinadas áreas, pero no por eso son cuadrados o tajantes, más bien presentan alternativas y siempre están abiertos a resolver dudas y escuchar retroalimentación de parte de los lectores y de esas mujeres que andan detrás de la computadora tratando de que el gato tenga tres pies… o cinco (lo que sea que eso signifique).

Creo que está listo.

¡A disfrutar! Acompáñelo con una buena taza de té (café o una chela bien fría), un asiento cómodo y disposición.

Tal vez se lleve una sorpresa y hasta le guste.

¡Bienvenidos a este segundo aniversario!

G R A C I A S

…por acompañarnos

…por apoyarnos

…por compartir

…por entusiasmarte

…por tu trabajo

…por creer

…por querer

www.siriusfem.com

Hombre en casa

Este fin de semana hubo presencia masculina en mi hogar. Una presencia de antaño, de esos hombres “di lus diantes” y fue un gran placer. 

Mi padre estuvo en mi casa, todo un fin de semana de “sólo papi” y familia. Aunque suene raro, él no conocía mi casa (no vivimos en la misma ciudad) y era chistoso verlo cómo observaba cada detalle de mi hogar (y vaya que tengo muchos “papelitos”).  

El sábado por la mañana me dijo: “Mijita –sí, así me dice, ¿y qué y qué?- se estaba tirando el agua del escusado y, mira, ven.” Destapa el depósito y me enseña una cosita redondita, “Le jiras un poquito a esta valvulita, pero poquito, y aquí regulas cuánta agua sube. Estaba saliéndose mucho, era un desperdiciadero.” Por supuesto mi cara era de secretaria-tomando-nota-a-mil-por-hora y tratando de descifrar toda esa información. Gira, agua, desperdicio detiene, gira, agua, desperdicio detiene, repetía en voz baja. 

Por la tarde, preparábamos algo de comer y mi nueva centrífuga para secar lechuga se trababa. Por supuesto, me explicó el mecanismo de la cosa esa de plástico a la que le das vueltitas y te regala ensalada casi lista para ser consumida.  

Un poco después, se dio cuenta de que mis banquitos estaban un poco despegados, “Ah, siempre se me olvida pegarlos”, dije un poco apenada, así que no sólo se ofreció a pegarlos con resistol cinco mil, sino que le puso clavitos y todo para que quedaran más resistentes. 

El domingo por la mañana me vio luchando con la puerta del clóset de mi cuarto. Le expliqué que se caía y que mi amigo Richie lo había revisado y me había dicho que el riel (o algo así) estaba roto. 

Pues ahí está papi, arriba de un banquito, desarmando el rielillo, yendo a la tlapalería a buscar uno para dejarle el closet listo a la niña, dándose cuenta de que estaba cerrado y volviendo a colocar todo eso. 

Y no es que mi padre piense que soy una completa inútil, no, para nada que lo piensa, tal vez le gusta sentirse útil, sentirse “el papá”, pero, honestamente, me encantó tenerlo acá, “un hombre de verdad”, diría un ex cuando bromeábamos sobre estas cosas. ¿Qué es un hombre de verdad? O, mejor planteado, ¿es emocionante tener a un hombre a la antigua cerca? 

¿Entonces qué sucede con todas las súper mujeres que decimos que somos independientes y podemos hacerlo todo?  Pues una cosa es que podamos y otra, que no nos guste recibir este tipo de “consentimientos” o atenciones. 

Soy afortunada porque en mi casa nos educaron a todos de una manera muy “neutral”, es decir, no existían roles definidos por ser niño o niña. Me refiero al: “sírvele a tu hermanito” o “tú no barras porque eres niño”… no, no. Todo era muy parejo. Y aún así, a mis hermanos les encantaba que yo cocinara y a mí, honestamente, me fascina que vengan y pongan mi casa al 100. 

Así, que ahora que viene un compañero de trabajo a vivir por un par de semanas a ésta ciudad, seré la primera en ofrecerme para darle asilo. Total, que no siempre es tan terrible tener a un hombre en casa.