¿QUÉ NECESITO HACER PARA ESTAR EN LOS CRÉDITOS?
La Lata Cinéfila decepcionada…
El fin de semana pasado fui a ver Shrek Tercero y algo me llamó la atención. Al final, donde se supone que van los créditos de los participantes en la versión mexicana sólo aparecen dos nombres: Eugenio Derbez y Antonio Banderas.
Asumo que es el lugar donde habrían de ir los créditos porque… si no, ¿cuál sería la razón de ese espacio tan largo de Shreksitos y Fionitas haciendo travesuras?
Que conste que no tengo nada en contra de Derbez y Banderas, a quienes, por cierto, no tengo el placer de conocer y de quienes pienso que se merecen todo el “crédito? del mundo por hacer su trabajo tan bien. Honestamente no imagino a Burro hablando de otra manera que no sea como Derbez. Intenté ver la versión subtitulada pero no me gustó tanto como la versión mexicana. ¿Burro con la escandalosa voz de Murphy? No, gracias.
Pero… ¿Y Shrek, Fiona, la reina, el rey, el Príncipe Encantador…? ¿Quiénes son esas voces detrás de los dibujos animados?
Simplemente me parece de mal gusto que no se tomen la molestia de agregar sus nombres en el espacio en el que deberían estar. Es decir, si ya gastaron una lana en poner dos… ¿por qué no todos? Creo que esos actores se lo han ganado, por su trabajo y por la trayectoria (después de tres películas tendrán algo de los personajes en ellos). No tengo ni idea de quiénes eran los que estaban detrás del micrófono en la sala de doblaje, pero me parece preocupante que una producción de esa magnitud no tenga la seriedad que se merece.
Quiero aclarar aquí que yo no soy ni actriz ni miembro del Sindicato Único en Pro de la Defensa de los Actores No Famosos (SUPRODANF) pero me solidarizo ya que he colaborado en un par de producciones a las que les tengo cariño… sobre todo a una.
En la primera que trabajé (y hablo de manera profesional, con paga y todo) fue meramente accidental. Fui a separar (literalmente) al director y al productor porque estaban a punto de sacarse los ojos. Ahí comenzó “la aventura?. Yo trabajaba en la oficina del productor y como veía que había muchas cosas por hacer y al parecer nadie se daba cuenta, terminé haciéndolas yo. Desde encargarme de la comida para la filmación (¡a quién se le puede olvidar la alimentación del crew!) hasta permisos y demás…
Días antes de la presentación del cortometraje en un famoso festival, una de las actrices me contactó para pedirme los nombres de los participantes en el film. Por supuesto que la Lata y su memoria de teflón no recordaban… ¡nada! Ya no trabajaba con ese señor… así que entre papelitos perdidos y la excelente memoria de Laila (la actriz) pudimos armar el rompecabezas casi enteramente. El objetivo era exigir al productor que nos incluyera en los créditos del corto (creo que incluso estaba concursando en el festival). Para no hacer el choro más largo y aburrido, el día de la presentación el productor estaba en la entrada repartiendo “programas de mano? con los nombres de los participantes en el corto (la lista que Laila y yo habíamos hecho, claro). Es decir, ni el director tenía crédito. Lamentable.
La otra producción fue una delicia. Fue una friega marca ACME, pero nos encantó participar. Las críticas a la película no fueron precisamente buenas, pero todos los que participamos estábamos realmente satisfechos. Neta, nos esperábamos menos. No fue la mejor película del año, pero se agradeció que la historia no tratara sobre las miserias de ser mexicano, de violaciones y demás monadas. Además de que filmarla fue divertidísimo e hice muy buenos amigos.
Y, la verdad, ver tu nombre en letritas, es realmente satisfactorio. ¡No importa que venga después de otros mil nombres! “¡Yo la conozco, yo la conozco! Ah, pues si soy yo?.
Es que una película es un proyecto que se va haciendo un poco tuyo, le vas tomando cariño, te vas volviendo parte de él. Es más, en una de las paredes de mi estudio tengo un gran póster recordándome constantemente lo mucho que amo la industria del cine.
Así que, señores participantes de Shrek Tercero, siéntanse libres de anotar aquí sus nombres… prometo pararme afuera del cine a repartir programas de mano con sus créditos. Al menos en una función.
