EL ARTE DE PERDER
El arte de perder algo no es difícil de dominar…
tantas cosas parecen tener el objeto de ser perdidas
que su pérdida no es una tragedia.
Pierde algo todos los días.
Acepta la molestia de perder las llaves
y el tiempo malamente perdido.
El arte de perder algo no es difícil de dominar.
Después, practica perder algo más allá, más rápido…
lugares, nombres y hasta hacia dónde querías ir.
Nada de esto se convertirá en tragedia.
Yo perdí el reloj de mi madre;
¡y mira!, la última o penúltima de mis tres amadas casas también se fue.
El arte de perder algo no es difícil de dominar.
Perdí dos ciudades muy amadas.
Y algunos enormes reinos que poseía…
dos ríos, un continente y, sí, los extraño, pero no fue una tragedia.
Hasta perderte a ti, (tu tuno juguetón, algo que me encanta) no debía de haber mentido.
Es evidente que el arte de perder algo no es difícil de dominar…
aunque pueda parecer (¡anota!) una tragedia.
Escuché este poema de Elilzabeth Bishop en una película y movió muchas, muchas fibras en mí.
Yo, he perdido cosas, tantísimas. He perdido estados de cuenta, carteras, cheques, juguetes; he perdido discos, fotos y hasta he perdido el tiempo. He perdido amigos amados, no por la muerte, sino por malos entendidos. He perdido amores y he perdido pedacitos del corazón. He perdido una fiel compañera, mi perrita que vivió conmigo 15 años y he perdido también la paciencia (ésa, demasiadas veces para ser honesta). Algunos dicen que no se pierde la vergüenza porque hacía mucho que ya no se tenía, pero yo aún tengo un poco de ella y esto, por raro que parezca, es algo que sí quisiera perder.
He perdido la cabeza por un hombre y he perdido en juegos de azar. Casi he perdido la fe y hasta la esperanza. Me he perdido a mí misma una y otra vez para volverme a encontrar ahí, parada frente al espejo.
He perdido las ilusiones tras un amor que se fue, que me dejó. He perdido horas llorándole y odiándolo. Y he perdido a un gran amigo, al que la muerte irremediablemente se llevó. Y así, me he dado cuenta de que esta última pérdida no se compara con ninguna otra cosa. La pérdida ahí está, tratándonos de convencer de que es algo irremediable, algo con lo que se tiene que vivir, algo que se tiene que enfrentar, aceptar y superar.
Esta pérdida vino a enseñarme que las otras no lo eran, eran simplemente depuraciones. Depuraciones de objetos sin los que aprendí a vivir; de amigos que al final no fueron lo suficientemente valiosos como para luchar por ellos; de amores que dejaron enseñanzas y dolor, pero que al fin y al cabo tampoco eran para mí. ¿Pero cómo te explicas la muerte de un amigo? Claro, explicaciones racionales y científicas habrá un montón y ciertamente uno sabe que venimos a esta vida con fecha de caducidad, pero ¿cómo justificas todo esto? ¿Cómo te convences a ti mismo que es normal y que no pasa nada, que la vida sigue?
Sólo se me ocurre una forma, una forma sencilla, una forma maravillosa.
Justo unos días después de esta pérdida, salía de casa de otro amigo cuando un hombre ebrio nos chocó el auto. No nos pasó gran cosa, pero el impacto fue fuerte, sobre todo el emocional. Y así, como sin querer, me di cuenta de qué tan frágil era también yo. No sólo los demás, sino yo también. Yo, la súper heroína de los cuentos, la más chida de las chidas, era un ser humano vulnerable a la muerte. Simplemente lo sentí, lo supe, lo vi.
Mágicamente tuvo sentido. La pérdida del amigo se supera cuando te das cuenta de toda la ganancia que tu vida tuvo gracias a él. Al final, fue una ganancia enorme, insustituible, indestructible. Pero también de todo lo que tú (sí, tú) le diste. Y yo, perdiendo, nuevamente, mi tiempo sintiendo tristeza por mí (¡oh! grandísima ingenua), por su esposa, por sus hijos, sus nietos, sus amigos que nos quedábamos sin su presencia, su buen humor, su generosidad, sus cuidados, su paciencia, su optimismo, su cariño. Y yo, perdiendo, nuevamente, mi tiempo sintiendo coraje por aquel amor que se fue, que me dejó así, sin decir nada, sin avisar; perdiendo mis lágrimas por aquel que no quiso amarme o que no quiso vivir su vida junto a mí. Entonces, hice un compromiso conmigo misma: basta de seguir mirando mis pérdidas; basta de seguir pensando que “se fue?, más bien quiero pensar que estuvo, que vino, que vivió, que dejó, que amó y que dio.
Quiero pensar en todo lo que sí tengo; dejar de añorar lo que se escapó. Quiero disfrutar lo que está conmigo ahora; el nuevo perro, los nuevos y los viejos amigos, la nueva casa, la cartera más linda, el nuevo disco, la cama para mí sola, el coraje para salir adelante, la salud para continuar, la familia para amar… mi vida en mis manos, sola, solita para mí, para que yo la disfrute, para que yo la maneje, para que yo la quiera.
Después del choque me di cuenta de que estaba fijándome demasiado en lo que se iba, pero muy poco en lo que se quedaba. Después del funeral pensé en todo lo ese hombre había dejado en su vida, pero no en el sentido de abandono, sino en el sentido de “siembra y cosecha?, y fue tanto, que no me alcanzaron las palabras para terminar de describirlo. Y pensé en mí, en toda la gente que podría haber en ese lugar si yo estuviera dentro de la caja. Lo que vi fue algo que me hizo sonreír: vi a mis padres y mis hermanos, a mi sobrina Celes que aún no nace, vi a mis amigos viejos, nuevos, de aquí, de allá, de hasta acullá; vi risas y momentos compartidos, vi caminos construidos, vi aprendizaje comprendido, viajes disfrutados, banquetes saboreados; vi zapatos enlodados, fotos impresas, amores correspondidos. Te vi a ti que me has leído, has creído y hasta te has identificado.
Así, lo único que se puede hacer ante este arte de la pérdida, es el arte, mucho más fácil de dominar, de ganar.
Para Fernando Uruñuela, mi querido padrino que no se fue, sino que se quedó
Noviembre, 2006
(Publicado en www.siriusfem.com)

Saludos desde el vecindario.
Un brindis por las pérdidas, de esas, de las que no se pierden,
C.J.
La pérdida es una constante en nuestras vidas… Y lo importante es vivir con la actitud que descubriste después de tu pérdida.
Y las personas que dejan huella en nuestras vidas nunca dejaran de existir. De esa manera son inmortales para nosotros… Lo que es una pena en el ser humano es que debe vivir experiencias extremas para darse cuenta de lo que tiene… Y deberíamos de hacerlo sin necesidad de pasar por el sufrimiento… Pero estamos mal amaestrados desde niños…
Un beso…
Exacto eso que dijo Gomis al final de su comment es ciertisimo, si nos educarán desde bebés con la conciencia de que nada es para siempre y que lo que al final queda es la esencia de las cosas, no sufririamos tanto.
ke no es dificl de dominar… para nada … recordemos k una de las condiciones del hombre es recuperar… saberse vacio … y buscar algo ke lo llene, grandes pensadores y los mas temibles enemigos de la humanidad lucharon por ese algo ke los llenara… la causa , esa no ssabremos si fue la correcta…
doi credito al comentario de Gomis… al menos en este pais kreo k kargaremos con esa cultura de las perdidas como algo desastrozo e irremediable … y no como algo de lo k nos podamos recuperar e inclusive sacar algo bueno…
El fin de semana, mientras descansaba en tierras purépechas, leí un librito tipo de bolsillo, que se llama el esclavo, y tiene muchas similitudes en verdad con lo que has escrito.
No debemos ser esclavo de nuestros miedos, prejuicios, avaricia, y demás condiciones socioculturales con las que vivimos. Al fina de cuentas para ser felices lo más importante somos nosotros, las cosas que pasan en nuestra vida pasan, pero el como las tomemos depende de nosotros, si queremos atormentarnos lo lograremos, pero si queremos regocijarnos también lo lograremos.
Tenemos que agradecer el milagro de estar vivos cada día, de que nuestro corazón lata, nuestros pulmones sigan respirando, que nuestro cerebro siga controlando nuestro cuerpo y siga estando cuerdo, etc…, para poder brindando todo el amor que tenemos a nuestros seres queridos y allegados.
Que bueno que ahora pienses así Latita.
Muchos abrazos desde tierra chilanga.
Uy, entiendo tan bien lo que dices.
Comparto lo de la perra perfectamente, sabes por qué.
Pero es cierto, el chiste es quedarse con lo bueno de todo, aunque sí cuesta mucho trabajo.
Hace días leí algo referente a unos acuerdos para la mejora de nuestra vida y el primero decía: sé impecable con tus palabras. Uuuuh, cómo es difícil, decir lo bueno, pensar lo bueno, de los demás y NOSOTROS MISMOS. Tratar de hacer a un lado lo negativo, no darle importancia (más de la necesaria verdaderamente).
Esta vida es rara y nosotros más. Retos por donde quiera, por lo que gustes, pero pasarlos se siente bien bonito y saber que puedes con eso y más, MEJOR.
Hace algunas semanas termine mi carrera, y pense en todos aquellos amigos que me llevaba, sin embargo, a otros cuantos los conocí más a fondo y me di cuenta que había a perdido tiempo en no conocerlos y tratarlos,pero ahora leeo este artículo; y pienso que no he perdido nada; sine embargo he ganado toda una vida por delante para poder estar con ellos, compartir experiencias, y demás; así que de aqui para adelante sólo pienso en todo aquello en lo q me queda, y valorar las virtudes de los que se queda y eliminar lo negativo, pero con experiencia que sirve de vivencia, para tener una mejora continua en la vida. ¡¡¡CAMBIEMOSNUESTRA FORMA DE PENSAR Y DE ACTUAR!!!
[…] noviembre), murió uno de los mejores amigos de la familia. Es más, en este espacio compartí lo que escribí a cerca de esa particular […]
2. Mientras no seas una “pérdida” o una “perdida”… y, la neta, si estabas perdida, pus… ya te encontré…