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Polonia, tan lejos de Dios y tan al centro de Europa (Parte 1)

Receta introductoria: Tome la cuna del difunto Papa, más de cuatro décadas de comunismo, dos guerras mundiales y mucho, mucho Vodka. Mezcle bien. Vacíelo en un recipiente bastante grande y colóquelo en pleno centro del continente europeo. ¡Listo! Usted tiene un país algo gris, en vías de desarrollo y recién anexado a la Unión Europea.

preguntas.jpgDentro de mi cabeza, Polonia era un lugar casi deshabitado (al menos, pensaba, tres cuartas partes de la población juvenil estaría en Londres), triste, muy pobre y algo feo; los pocos viejos que vivían allí, debían de mentar madres a diestra y siniestra (sonaría “praski proski?) mientras cosechaban un par de lechugas casi podridas… Ok, ok, tal vez exagere, pero si contamos con mi poco conocimiento de historia europea y con todas las quejas que he escuchado de polacos sobre su país, ese sería el resultado.

Entré a Polonia por la frontera con Eslovaquia, es decir, por el sur. Mi amiga Mirka me llevó en auto, pues vive a sólo cuatro kilómetros del cruce fronterizo. No dejaba de preocuparse por mí, ‘Pobre mexicanita, sola, sin hablar polaco y en tierra de gente mañosa’, sé que pensaba. Lo raro del caso es que el agente migratorio fue de lo más amable y al llegar a Jablonka, pueblo donde tomaría mi autobús hacia Cracovia, todo parecía normal, incluso, civilizado.

Con sonidos extraños (una mezcla entre polaco y eslovaco), Mirka le pidió al chofer del camión que me cuidara ya que yo no hablo su idioma (no contemos ‘tak’, ‘nie’, y algunas palabras mal sonantes) y que me avisara cuando llegáramos a la antigua capital del país. Estoy segura que me echó mil bendiciones a la distancia y que estuvo al pendiente de su celular durante las siguientes 24 horas esperando mi llamado de auxilio.

Lo cierto es que era raro estar en ese lugar, avanzando hacia quién sabe dónde y hacia quién sabe qué.

Hacía frío y aún veía las montañas. Llovía y llovía. Sólo rogaba a mi ángel de la guarda que ningún loco viniera a querer robarme y ante mi cara de ‘what?’ me matara para quitarme mis escasas pertenencias (No es cierto, pero, ¿a poco no le añade dramatismo a la historia?).

Hora y media después, miré un gran letrero, ‘Kraków’; diez minutos más tarde, vi a mis amigas Monika y Ela dando de saltos y saludándome desde la banqueta; luego de dos minutos, estábamos mojándonos, abrazadas y riendo porque:

a) yo estaba en su tierra,
b) no me había perdido,
c) nos daba mucho gusto volver a vernos.

Estaba a salvo en una ciudad hermosa, llena de historia, autos, turistas, palomas y hombres guapos. ¿Dónde quedó la Polonia de cuento de sustos? Supongo que entre 1939 y 1989.

Polonia es un lugar distinto al resto de Europa, casualmente me pareció el país más parecido a México: iglesias en cada esquina, grandes edificios de departamentos, autos de modelos antiguos… Poco a poco fui adentrándome a la historia del país y adquiriendo más cultura general: ¡¿qué mejor forma de aprender que ver los lugares que hicieron historia con tus propios ojos?!

Continúa…

Verano de 2004