Polonia bajo la niebla (Parte 3 y última)
“Durante los cinco años que duró la II Guerra Mundial, el campo de concentración de Auschwitz (el más grande creado por los alemanes) suscitaba terror entre la población de los países ocupados por los nazis.
“KL Auschwitz fue abierto en 1940, destinado, en un principio, a los prisioneros políticos polacos y después pasó a ser prisión internacional, de judíos, de soviéticos y de gitanos. La cifra total de víctimas entre los años 1940 y 1945 es de alrededor de un millón quinientos mil. La mayoría murió en la cámara de gas. Era en realidad un complejo de tres campos de concentración, de exterminio y de trabajos forzados, ubicado a 37 millas al oeste de Cracovia, cerca del pueblo de Oswiecim: Auschwitz I, Auschwitz II (Birkenau), y Auschwitz III (Monowitz). Una gran parte de las instalaciones fue totalmente destruidas para evitar secuelas criminales.?
El clima era lluvioso, había niebla y hacía mucho frío. Estaba contenta porque no me había perdido: tomé el autobús correcto y bajé en la estación acertada. Viajé desde Cracovia y el recorrido había sido bastante tranquilo. Al llegar, sólo seguí a un grupo que parecía de turistas.
Todo era un poco confuso al principio, luchaba contra el viento y la lluvia con mi paraguas al tratar de leer los grandes letreros que te explican, en 19 idiomas distintos, más o menos a dónde estás llegando. El Museo de Auschwitz/Birkenau es totalmente diferente a lo que esperaba. No sé, me imaginaba unas bodegas grises, apestosas, enormes.
Un letrero te saluda “Arbeit macht frei?: El trabajo nos hace libres.
Grandes casas de dos pisos con tejados y construidas de tabiques rojos se alinean perfectamente. Hay muchos árboles y de no ser por las rejas y los alambres de púas, se creería que se trata de un elegante conjunto residencial.
En la entrada se encuentran paneles con información sobre el lugar; al centro un florero gigante y una gran urna llena de cenizas, es una especie de altar. Había tanta gente que resultaba molesto. Algunos grupos eran muy grandes y casi todos tenían un guía que les hablaba en inglés. No me uní a ninguno; quería ir a mi paso. Esto resultó muy conveniente, ya que si vas solo no pagas por entrar, pero si vas en grupo sí.
Una de las ventajas de hablar español es que en casi todos los museos hay información en nuestra lengua, por lo que me armé con una guía y me preparé para comenzar el recorrido.
El gris día le daba el ambiente perfecto, aunque me seguía pareciendo un conjunto de departamentos, en donde niños podrían andar en bicicleta por los jardines y los viejos leer plácidamente bajo uno de los verdes árboles. Pero esa imagen desapareció de pronto, cuando entré a la primera sala, en el llamado “Bloque 4?.
Grandes y viejas fotografías, con información en polaco, en inglés y en hebreo, me abrían el paso mientras trataba de encontrarme en mi mapa. “La mayoría de los judíos condenados al exterminio… llegaban convencidos de que los SS trataban de establecerlos en los territorios del Este europeo?.
Rostros críticamente pálidos me observaban mientras caminaba y leía la historia del lugar. La mayoría de las imágenes son de judíos húngaros: de perfil, de frente y de tres cuartos.
Las fotos siguen y siguen por todos los pasillos, muchas de frente, con el nombre. Algunas tienen tres fechas: nacimiento, entrada al campo y muerte. No se tiene un número exacto de víctimas porque muchas de ellas ingresaban a la cámara de gas directamente del vagón del tren, incluso sin registrarse.
El antiguo campo de concentración es tan grande que las horas pasaban y me faltaba todavía mucho, por lo que tuve que acelerar la marcha. La exposición general se divide en: Exterminio, Pruebas del crimen, Vida del prisionero, Condiciones sanitarias y de vivienda y Bloque de la muerte. Después están las exposiciones de diferentes naciones y los lugares principales como
la Cámara de gas, Crematorio y Paredón de la muerte. Sé que suena tétrico, tal vez poco atractivo para un turista que va a un país por vez primera entrar a un “museo de la muerte?. Pero yo no soy una turista más; quiero conocer, quiero aprender, quiero vivir
la Polonia de ayer y hoy. Quiero ser testigo lejana.
En otra de las salas pude ver botes y botes de “pastillas? que contenían el gas Zyklon B, que se utilizaba en la cámara. También vi las pertenencias de los prisioneros: peines, zapatos y las maletas. En ese gran escaparate, que más bien parecía una gran pecera, que contenía maletas, encontré una con el nombre de “Hedwig?… creo que fue cuando me di cuenta del todo que esa gente había sido real. Hedwig es el nombre de una de mis mejores amigas y sentí una opresión en el pecho.
A cada paso todo se me hacía más grotesco, más cruel, más duro. Escaparates con kilos y kilos de cabello y telas hechas de este material hablaban más que cualquier letrero en una lengua ajena.
Documentos de entrada, de muerte, de registro de los reclusos; ropa y zapatos de niños, fotos de los experimentos que hacían con los pequeños presos. Estaba ahí y podía pisar la misma tierra que ellos pisaban durante el conteo, ver cómo “vivían? al principio y cómo se fueron adaptando las celdas para albergar a un número estratosférico de prisioneros. Aprendí el significado de cada tipo de tatuaje con los que los marcaban, constaté las terribles condiciones de los baños. Visité los lugares de castigo, los rincones donde morían de hambre; miré la pared que veían mientras esperaban, de pie, ser fusilados.
Algunos de los sobrevivientes hicieron pinturas y dibujos ilustrando sus días en Auschwitz. Uno en particular me impresionó mucho: dos oficiales alemanes platican, pero sus rostros muestran una risa especial, una risa maligna, son la personificación del demonio.
La cámara de gas es impactante y me pareció bien pequeña. Ahí los metían desnudos, diciéndoles que iban a tomar un baño. Llenaban la cámara con el Zyklon B y morían después de 20 minutos. Recorrí el lugar observando y algo en las paredes llamó mi atención. Me acerqué y descubrí lo que era: marcas de uñas rasguñando las paredes…
Finalmente llegué al lugar al que llaman
la Sala del Sufrimiento Judío que es una especie de capilla con música tipo sacra y luz tenue, y ahí vi lo que más me llegó al corazón. Un viejo estaba sentado en una banca y un hombre joven parado a unos tres metros de él. No había nadie más y los dos lloraban, de ese modo en el que se llora a uno de los tuyos.
“A mediados de enero de 1945, mientras las fuerzas soviéticas se acercaban al complejo de campos de Auschwitz, las SS empezaron a evacuarlo. Casi 60.000 prisioneros fueron forzados a caminar hacia el oeste en la llamada “Marcha de
la Muerte?. Aproximadamente 1000 reclusos murieron durante el recorrido. El 27 de enero de 1945 el ejército soviético entró a Auschwitz y liberó a más de 7.000 cautivos, la mayor parte estaban enfermos y moribundos.?
Salí de Auschwitz casi corriendo porque el camión me dejaba. Una sensación extraña, como un hueco en el estómago, me acompañó durante el camino de regreso a Cracovia. ¿Qué es lo que pasa con el mundo? ¿En qué momento empezamos a querer matarnos unos a otros, empezamos a crear productos de nuestros mismos cuerpos? ¿En qué momento perdimos la compasión, la tolerancia? ¿Y la fortaleza del hombre ante todo esto de dónde sale? Fortaleza para levantarse una y otra vez desde las cenizas, para reconstruir no sólo ciudades, sino dignidades; fortaleza para perdonar, para no guardar rencor, para volver a soñar, para volver a creer. ¿Y el rencor hacia un país, un rencor heredado, no pedido, cómo lo desapareces de tu piel? ¿Cómo quitarte un estigma de raza, esa raza que luchó por limpiar la sangre y que ahora muchos insisten en marcarla?
Así, mi experiencia polaca estuvo llena de sabores diversos: dulces de los amigos queridos y ciudades majestuosas, de minas de sal a kilómetros dentro de las profundidades de la tierra; de comida deliciosa y de momentos compartidos; y amargos de ser testigo, por primera vez, de algo muy ajeno a mí, algo que no se puede explicar en ningún libro de texto de aquel país americano tan lejano de donde provengo, ser testigo tardío y distante de la destrucción, la muerte y uno de los peores crímenes cometidos por los hombres contra los mismos hombres: la guerra.
Esta es Polonia, esta fue mi Polonia.

wow. me dejaste impactado con esta historia. Debo decirte que debe ser impactante estar ahí, pero sobre todo, triste.
Saludos, nos estamos leyendo.
Q buena narración, con datos históricos y todo..muy completo. No sabes las ganas que tengo de ir a Polonia (un tiempo estuve bien clavada con esta época, justo después de leer Anna Frank), mi tía y primas fueron y bueno…me dijeron q está impactante, o sea una mezcla entre sorpresa y tristeza. Les dejo un hueco en el estómago, justo como a ti…
Gracias por mis comments, ví uno del facebook de q si no había recibido un mensaje o algo así..pero la verdad es q no recibí nada después del último que te conteste.
Keep in touch!!
Me hiciste sentir en que estaba en Auschwitz, y de verdad estoy triste, algo parecido a lo que experimenté en NY con lo del wtc, pero esto mucho más monstruoso, de verdad es increible como los hombres podemos perder la compasión y la ternura, como podemos perder el amor y así, con sonrisa cínica y cruel como la de los dibujos que cuentas, torturar y hacer sufrir a un hombre indefenso.
Me has dejado un sentimiento de profundo dolor y asco, pero también unas ganas inmensas de hacer algo para que eso nunca más vuelva a repetirse
Como siempre muy interesantes tus relatos, este en especial me deja a un sabor a tristeza, piel chinita. Como dices, es increíble que podamos cometer semejantes crímenes nosotros contra nosotros mismos. Para tener el cerebro más desarrollado del reino animal, tenemos también los instintos más salvajes, dominan a la razón.
Hace unos años fui a visitar un campo de concentración que se encuentra en la frontera de Alemania con Austria; el campo se dedicaba a la explotación y creación de mármol… nunca había experimentado la sensación tan fuerte de sufrimiento humano, desesperación y desolación atrapados en un solo lugar.
Muy bueno el post… un tanto duro para leerse un lunes, pero es una forma de recordarnos que el ser humano es la única especie que se ensaña con los suyos y muchas veces no aprende de su pasado.
Salu2
http://safinsafado.wordpress.com
Hermoso relato… Qué sensible eres!!!!
Me hiciste sentir que estaba ahí…
Es creo yo, lo más delesnable que hemos hecho como raza humana. Y lo peor es que lo seguimos haciendo con gente del continente africano… Y en el medio oriente sucede algo parecido… Y todo esto frente a nuestros ojos y no decimos ni hacemos nada!!!!
Me gusta mucho leerte.
Qué tal la vibra, la energía de ese lugar??? Se siente???? Debe sentirse muy, muy espesa…
ABRAZO MUY FUERTE LATA!!!!
De verdad no sé que siento… siento frustración, indignación y un dolor en el pecho de pensar los horrores que sintieron más de un millón de personas.
Si, nosotros somos los únicos capaces de causarnos tanto daño, de destruirnos, pero tambien somos los únicos capaces de amar… con nuestros cinco sentidos con la conciencia plena de lo que queremos para nuestro universo.
Tenemos el don de la plabra… es la mejor manera de protestar, de trascender, de hacer que las cosas pasen.
Gracias Lata por tu granito de arena
Hace años fui allá… mi abuelita es de Polonia y yo con la escuela me fui en un programa llamado “La marcha de la vida! en la que vas 1 semana a Polonia a recorrer todos los campos de consentración, incluyendo Aushwitz y despues llegas a Israel a celebrar la independencia, sin duda uno se siente vivo!
Besos
Crisss:
Fíjate que uno de mis objetivos insobornables en el viaje que pienso hacer en unos meses a europa, es ir a alguno de los campos de concentración que funcionan como museos del horror. Tu crónica me gustó. Ojalá te den ganas de leer un libro muy pero muy interesante que toca el tema de una manera magistral: “Morirás lejos” de José Emilio Pacheco. Un libro que posiblemente te haga pensar “¿pero qué carajos estoy leyendo?”.
Estoy seguro de que lo disfrutarás y te hará volver sobre tus pasos en esta reflexión que haces sobre el Holocausto.
Te dejo un abrazo
Raúl
que hermosa descripción!..
gracias por pasarte por mi espacio!.. esperto sigas visitandome, que yo haré lo mismo!!.
..*…papalotl…*..
Muy fuerte estra última parte de Polonia, sin embargo, creo que llega el momento en el que te invade un dolor y una compasión extraña, por aquella gente q murió, por algo que es arbitrario, como lo es la misma piel, la cuál ha sido y será pretexto para una guerra, en fin qué más puedo decir; impactado. Y esperemos q el hombre no perdamos más la cabeza.