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UN LARGO VIAJE DE LAS NOTICIAS HACIA UNA ANHELADA PAZ

I

Cuando salí de la universidad estaba segura de que sería directora de cine. La idea comenzó el primer verano de la universidad, allá a mediados de los 90´s (¡gulp!).  

Cada año que llevábamos la materia de Géneros Periodísticos me parecía otra más de las que ponen para rellenar. Lo que valía la pena era el profesor: un cubano gritón, altote y guapo que nos hacía reír y nos compartía su amor por la literatura. Gracias a él conocí “Fresa y Chocolate” y, mejor aún, a Mario Benedetti, quien marcó importantemente años de mi vida. 

Durante las clases teníamos que hacer periódicos por equipos y, casualmente, Manuel, el profesor, siempre me elegía para ser la Correctora de Estilo. Y pues no había de otra, lo hacía. Tenía que estar cerca del hecho noticioso, era parte de “la formación”. A pesar de eso, siempre dije que lo último en lo que trabajaría sería en noticias. Yo me iría por el arte audiovisual, claro. 

Y así, llegó la graduación en 1998. Cada quién se fue hacia un rumbo distinto y un día yo agarré mis maletas y llegué a la Ciudad de México: sería directora de cine. ¿Cómo? ¡Quién sabe! Pero ahí estaba yo. Para colmo de bienes, viviría con dos actores, uno de ellos (se decía) muy relacionado con el medio cinematográfico… Resultó que sí, a los cuatro días de haber arribado a tierras chilangas comencé a colaborar en mi primer corto. Durante tres semanas los Estudios Churubusco fueron mi casa; yo me sentía como pez en el agua… hasta que el proyecto tuvo que posponerse por falta de fondos (raro). Así que me quedé sin saber para dónde ir.  

Varias semanas después mi hermano de éxodo, un ahora conocido reportero de deportes, me llamó para avisarme que necesitaban gente en el área de noticias de Tvazteca. En ese momento no recordé la promesa que me hice a mí misma de nunca hacerlo y por casi tres años trabajé en noticias de la “televisora del Ajusco”. Tres maravillosos años.  

Estar en el área de noticias me dio la oportunidad de empezar a escribir “profesionalmente”, pero lo mejor fue que conocí amigos entrañables que aún hoy forman parte de mi vida. Y aprendí muchísimo. 

Entre una cosa y otra me di cuenta de que para ser reportero había que llevar algo en la sangre, algo que yo no llevaba. Nunca podría ser lectora de noticias, pues me la pasaría llorando ante las tragedias humanas.  

Recuerdo aquel famoso 11 de septiembre. A la entrada del canal (en mis tiempos, al menos) había cuatro televisiones en donde se monitoreaban distintos programas. Ese día las cuatro tenían la misma imagen: las inconfundibles torres gemelas de Nueva York… una de ellas en llamas. Llegué a mi oficina, prendí la televisión (eran las 8 de la mañana) y me di cuenta de que todos los canales tenían lo mismo. Era muy raro, todos estaban confundidos. De repente un avión se estrelló en la otra. Mayor confusión. La historia ya todos la conocemos. Algo sucedía con el mundo. 

Entonces tuve lo que mi amigo Diego Osorno calificó, años después, como una epifanía: no quería trabajar en noticias nunca más. Es un trabajo “peligroso”, puedes caer en la obsesión de estar informado. De verdad. Hay que saberlo todo. Yo trabajaba en el área de investigación (nunca fui reportera), por lo que me enteraba de un montón de cosas del pasado, del presente y demás (que claro, ya olvidé con esta memoria de teflón). Pero siempre quería más. Así que en cuanto la epifanía se presentó, agarré mis maletas y otra vez me fui. Ahora más lejos. 

Me mantuve alejada de las noticias por algún tiempo. Literalmente evitaba los periódicos y los noticiarios. Afortunadamente había una barrera de lenguaje donde vivía entonces, ¡qué mejor pretexto para no saber nada de nada sobre lo que ocurría en el mundo! 

Y entonces, volví a acercarme a un viejo amor: el arte audiovisual. “Casualmente” compartía casa con un chavo que estudiaba producción cinematográfica, dos de mis mejores amigas eran actrices, salí con un músico, trabajé para otro y la ciudad donde vivía era el mejor lugar para ver películas de todo el mundo y acercarte a los pintores más famosos de la historia. 

Pero también en esta ciudad extranjera donde se conjuntan nacionalidades del norte y sur, oriente y occidente, existe una conciencia política bastante grande, por lo que poco a poco volví a inmiscuirme en las noticias. Sobre todo porque algo grande estaba sucediendo: amenazas terroristas hacia ese, mi nuevo hogar. Recuerdo que hubo histeria colectiva: muchos dejamos de usar el metro para transportarnos… por miedo (y economía, de paso). Todos los días la gente esperaba que se reportara algún atentado (que finalmente sí sucedió un día de marzo, años después). Lo peor del caso es que los ciudadanos estaban muy enojados. Estaban enojados porque ese país se había convertido en el principal aliado del tal Bush. La gente tenía rabia. Reino Unido iba a invadir Irak. Pero no, no era UK, era Tony Blair. Ese señor alto y narigón que decía ser el representante de cuatro países y varias islas.  

II 

El año 2003 comenzó muy agitado. Estados Unidos afirmaba que era inminente la invasión a Irak. La cabeza de ese país americano buscaba, exigía apoyo en el mundo entero. La Organización de las Naciones Unidas no pudo hacer nada. Francia, Bélgica y cientos de países más dijeron “No”, pero España y Reino Unido se unieron a su bando.  

Ante las precipitadas decisiones de los gobiernos algo nacía.  

Comenzó a organizarse en Gran Bretaña y poco a poco se fue extendiendo por Europa. Después, cruzó océanos y casi el planeta entero. Correos electrónicos, blogs, de boca en boca… por todos los medios posibles se corrió la voz.  

Algo sucedió el 15 de febrero de 2003. Algo que conmovió a muchos, porque además, demostró que puede existir un enorme poder de convocatoria y coordinación a nivel mundial.  

“Londres, Inglaterra. Al rededor de un millón de voces se unieron a la protesta en contra de la invasión a Irak. Fue la mayor demostración en contra de la guerra que se ha hecho. Aproximadamente 800 ciudades al rededor del mundo se hermanaron.” 

poster-no-en-mi-nombre.jpgSegún la BBC, entre seis y diez millones de personas salieron a manifestarse en 60 países ese fin de semana; algunos se aventuran a decir que fueron entre 8 y 13 millones de almas unidas por una causa. La protesta más numerosa tuvo lugar en Roma, en donde, según el Libro de Record de Guinness, 3 millones de personas participaron en la mayor marcha anti-bélica de la historia. Sólo en la región de China no se dio ninguna manifestación de este tipo. 

“No en mi nombre”, “No a la guerra en Irak”, “Hagamos té y no la guerra”. 

Con todo y que fue vetada por algunos medios de comunicación, la marcha comenzó en Londres alrededor del medio día, desde el Thames Embankment y Gower Street (a donde llegaron los autobuses procedentes de 250 pueblos de todo el país). Los manifestantes se unieron en Piccadilly Circus y se dirigieron hacia Hyde Park.  

El cielo era gris, el clima frío pero los ánimos no. ¿Cientos? ¿Miles? ¿Cientos de miles? La vista era espectacular. La sensación era abrumadora. ¿Se imaginan un millón de voces unidas? ¿Se imaginan el sonido de las pisadas? ¿El rumor en los distintos acentos, los colores de las pieles? Niños, adultos solos, adultos con sus bebés en brazos o en carreolas; ancianos, poetas, maestros, periodistas, motociclistas, punks; modelos lidereados por Kate Moss, músicos, estudiantes, pero sobre todo jóvenes con altavoces, con pancartas, con coraje. Pocos se quedaron durante los discursos anti-bélicos que se dieron en ese parque tan representativo de Londres… pero su presencia se sintió, se vivió. 

Esta marcha no logró que los Presidentes o Primeros Ministrno-en-mi-nombre.jpgos dejaran sus planes. A pesar de que menos del 10 por ciento de los gobernantes del mundo los apoyaban, la invasión comenzó el 20 de marzo de 2003. Esta marcha no evitó la muerte de cientos de soldados, de los “buenos” y de los “malos”, cualquiera que sea el cristal con que se mire. No impidió la muerte de cientos de personas, la destrucción de cientos de hogares.  Pero algo sí cambió. Si no en ellos, al menos sí en muchos de nosotros. Han quedado silenciosos testigos: las paredes de las ciudades, las fotografías, los escritos… Han quedado testigos sonoros, imágenes en movimiento, imágenes en nuestras memorias, videos musicales como el de System of a Down, “Boom“, gente a favor, gente en contra… 

Uno de los puntitos de las fotos soy yo. Este evento me colmó de solidaridad, de coraje, de voluntad; derribó fronteras, nos hermanó. Incluso en Estados Unidos, ese país en donde la violencia, la intolerancia es ya parte de su imagen al exterior, es parte de sus escuelas, en donde los Cho Seung Hui, en el Tecnológico de Virginia y o los asesinos de Columbine cada vez son más, donde se pueden comprar armas en el supermercado, aún en este “monstruo” que en realidad no lo es, hay gente que se levanta, gente que protesta, gente con un sentir muy humano. En todos los países del mundo hay cada vez más y más chispas de conciencia, de amor que nos dan esperanza y nos hacen creer que sí, somos hermanos. 

Este evento me regresó al país de las noticias, y con ello, de las tragedias mundiales (con todo y efecto de latigazos en la espalda). 

III 

Regresé a México aún convencida de que el medio noticioso no era lo mío. Estaba indignada por lo que sucedía en el mundo y lo único que quería era vivir en paz. 

Comencé a trabajar en otros ámbitos de la comunicación, incluyendo mi viejo amor, pero las noticias seguían estirándome sus largos brazos. Algunos de mis mejores amigos trabajaban en el área y me contagiaban su hambre de “saber más”. Sólo que esta vez yo era diferente. 

Poco a poco había cambiado, la filosofía de mi vida se había transformado. Empezaba a ver las cosas desde otra perspectiva.  

Y así, llegamos a la lucha contra el Narcotráfico en 2007. México ocupaba las primeras planas en la prensa internacional: mayo-2007-041.jpg“Afrenta en contra del narco”. Nuestras ciudades eran invadidas por militares. Todo se pintaba de verde olivo. Los helicópteros volaban bajo, sobre nuestras cabezas mientras caminábamos, íbamos al supermercado, tratábamos de hacer nuestras vidas, aunque todo se estaba volviendo personal. 

Llegué a ver sangre en el centro de un pueblo, agujeros de balas en paredes, en cortinas de negocios, como parte de un atentado a pleno anochecer, 8 de la noche.  

Entonces ocurrió un evento que nos sacudió a muchos, hasta los cimientos. Un terrible asesinato, padre e hijo brutalmente torturados y muertos. Gente conocida, cercana. Media ciudad se paralizó. Comenzaron los rumores, las especulaciones, pero todos tenían miedo. Pocos entendían lo que había sucedido.  

Pero para mí todo dio un vuelco extraño, mágico. La “anti yanki”, la luchadora por los derechos de las minorías (al menos de corazón y en mi cabeza), a la que se le humedecen los ojos viendo imágenes de injusticia, empezó a ver la realidad bajo otra perspectiva. 

Eso, contra lo que estaba luchando, cada día cobraba más y más fuerza. La paz que tanto anhelaba en el mundo parecía estar desapareciendo. Entonces, lo entendí.  

También me reconcilié con las noticias: ni ellas me abrumarían ni yo las condenaría. 

Mi proceso, o la primera parte de él, hacia la búsqueda de “paz”, terminó en un video; un video que hice y, claro, lágrimas, pero a la vez mucha claridad. Un video muy importante y representativo de lo que siento, de lo que soy. En donde estoy  física y emocionalmente.  

Este texto tiene que terminar con algo muy personal, algo muy mío: imágenes y letras. Este “final”, conjunta éstos, mis dos amores.  

Con todo el deseo de paz que pueda llegarles hasta donde están.

http://www.youtube.com/watch?v=QqBWIZaPq8c