MI ÉPOCA FAVORITA DEL AÑO
Noviembre marca el inicio (oficial) de mi época del año favorita. Esa del frío, de los suéteres, de té, mucho té… Me encantan las luces que adornan los árboles (Perisur me parece divino en esta época, y también Polanco); esos detalles se me hacen como “cálidos”. Independientemente de que odio las multitudes (y vaya que en esta época se generan pero mágicamente las borro de mi mente mientras pienso en el frío), el aire, la ropa, los guantes, las cobijas en la cama… me llevan a épocas felices de la infancia, cuando nos juntábamos en casa de mi abuela Alicia y realizábamos Pastorelas, rezábamos y alguna vez me vestí de “La virgen María”… Significaba ver a los primos favoritos que viven del otro lado del país; significaba cenar delicioso y mucho; posadas con piñatas, ponche… ¡e intercambio de regalos en la escuela!
Más adelante significó una ciudad de México entre amigos y luces; un Londres nevado en donde nada funcionaba…
Por así decirlo, la entrada a esta feliz etapa la marca la noche del 31 de octubre, cuando las brujas realizan sus aquelarres. Después, durante la noche del 1 de noviembre se celebra otra fiesta que me gusta mucho. La siento como muy mía.
Siempre me ha llamado la atención la figura de “La Catrina”; ese esqueleto de mujer vestido de largo, elegante, sexy, tentadora. Las plumas alrededor del cuello, el grande y majestuoso sombrero, invitan a la gente a que se le entregue.
Pero bien decía Octavio Paz en “El Laberinto de la Soledad”: La muerte para los aztecas con sus sacrificios y la adoración a sus dioses era inseparable, y después con el advenimiento del catolicismo se muestra otro tipo de sacrificio, en el cual desaparece el sacrificio al prójimo y empieza el sacrificio individual. La muerte moderna no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores. En el mundo moderno todo funciona como si la muerte no existiera. Nadie cuenta con ella. Todo la suprime. Morir es natural y hasta deseable, matamos porque la vida, la nuestra y la ajena, carece de valor.
El desprecio a la muerte no está reñido con el culto que le profesamos. Ella está presente en nuestras fiestas, en nuestros juegos, en nuestros amores y en nuestros pensamientos. Morir y matar son ideas que pocas veces nos abandonan. La muerte nos seduce. El mexicano, obstinadamente cerrado ante el mundo y sus semejantes, se abre a la muerte, la adula, la festeja, la cultiva, se abraza a ella, definitivamente y para siempre, pero no se entrega. Ya que el miedo nos hace volver el rostro, dándole la espalda a la muerte.
Así que la recordamos, la festejamos, pero no nos rendimos a ella.
Esta tradición no es igual para todos los mexicanos, hay que decir. No es lo mismo vivir en el Estado de México, que en Nuevo León, en Michoacán que en Yucatán. Al menos en el centro del país (tengo que confesar que no conozco todas las tradiciones) sí se celebra en grande. Y en Michoacán, específicamente en la zona lacustre, todavía más.
Entonces, quiero compartirles esta tradición, esta fiesta tan peculiar, y encontré una buena forma de hacerlo… por medio de un cortometraje.
Ya les reportaré qué sucede este año… ¡ah!, porque, de hecho, no lo he mencionado: iré a hacer un video de Noche de Muertos.
Y no es que tenga mucho que ver con mi post anterior… o tal vez sí, pero no ha sido planeado.
Ya sé que todavía falta… pero de una vez quiero darles un pequeño presente. Tengo que decir que lo volé de un bloggero cinéfilo, Carlos, y es un cortometraje. Así que tómense su tiempo, porque dura como 10 minutos. Pero vale mucho la pena (quejas y sugerencias, en el buzón, por favor).
Es una animación, y, para mí, es una chulada. Está muy bien hecha, es simpática y muy representativa de la cultura mexicana.
http://es.youtube.com/watch?v=aM6sP61zNx4
(Como verán, no pude adjuntarlo… y lo sigo intando ¡pero nada!)


Algo que me encanta de la ciudad de México es que puedes encontrar toda clase de eventos, cualquier día de la semana, del mes… del año. Nunca te aburres. Claro, si estás dispuesto a patearle… o a salir de casita. 


Ayer vi La sconosciuta, de Giusepe Tornatore (el de Cinema Paradiso)… les debo la reseña. Fuertísima, qué cosa. Antier, Mon meilleur ami… de la que también les debo mis comentarios.
Los miércoles no voy a la oficina porque estoy tomando un curso cerca de mi casa. Así que después de levantarme, bañarme y arreglarme, me dirijo a mi “oficina”… al otro cuarto de mi casa. ¡Qué trayecto tan corto! No podría pedir más. Por lo mismo, tengo más tiempo para “arreglarme”, y generalmente lo hago con la televisión prendida.