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MI ÉPOCA FAVORITA DEL AÑO

Noviembre marca el inicio (oficial) de mi época del año favorita. Esa del frío, de los suéteres, de té, mucho té… Me encantan las luces que adornan los árboles (Perisur me parece divino en esta época, y también Polanco); esos detalles se me hacen como “cálidos”. Independientemente de que odio las multitudes (y vaya que en esta época se generan pero mágicamente las borro de mi mente mientras pienso en el frío), el aire, la ropa, los guantes, las cobijas en la cama… me llevan a épocas felices de la infancia, cuando nos juntábamos en casa de mi abuela Alicia y realizábamos Pastorelas, rezábamos y alguna vez me vestí de “La virgen María”… Significaba ver a los primos favoritos que viven del otro lado del país; significaba cenar delicioso y mucho; posadas con piñatas, ponche… ¡e intercambio de regalos en la escuela!

Más adelante significó una ciudad de México entre amigos y luces; un Londres nevado en donde nada funcionaba…

Por así decirlo, la entrada a esta feliz etapa la marca la noche del 31 de octubre, cuando las brujas realizan sus aquelarres. Después, durante la noche del 1 de noviembre se celebra otra fiesta que me gusta mucho. La siento como muy mía.

Siempre me ha llamado la atención la figura de “La Catrina”; ese esqueleto de mujer vestido de largo, elegante, sexy, tentadora. Las plumas alrededor del cuello, el grande y majestuoso sombrero, invitan a la gente a que se le entregue.

Pero bien decía Octavio Paz en “El Laberinto de la Soledad”: La muerte para los aztecas con sus sacrificios y la adoración a sus dioses era inseparable, y después con el advenimiento del catolicismo se muestra otro tipo de sacrificio, en el cual desaparece el sacrificio al prójimo y empieza el sacrificio individual. La muerte moderna no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores. En el mundo moderno todo funciona como si la muerte no existiera. Nadie cuenta con ella. Todo la suprime. Morir es natural y hasta deseable, matamos porque la vida, la nuestra y la ajena, carece de valor.

El desprecio a la muerte no está reñido con el culto que le profesamos. Ella está presente en nuestras fiestas, en nuestros juegos, en nuestros amores y en nuestros pensamientos. Morir y matar son ideas que pocas veces nos abandonan. La muerte nos seduce. El mexicano, obstinadamente cerrado ante el mundo y sus semejantes, se abre a la muerte, la adula, la festeja, la cultiva, se abraza a ella, definitivamente y para siempre, pero no se entrega. Ya que el miedo nos hace volver el rostro, dándole la espalda a la muerte.

Así que la recordamos, la festejamos, pero no nos rendimos a ella.

Esta tradición no es igual para todos los mexicanos, hay que decir. No es lo mismo vivir en el Estado de México, que en Nuevo León, en Michoacán que en Yucatán. Al menos en el centro del país (tengo que confesar que no conozco todas las tradiciones) sí se celebra en grande. Y en Michoacán, específicamente en la zona lacustre, todavía más.

Entonces, quiero compartirles esta tradición, esta fiesta tan peculiar, y encontré una buena forma de hacerlo… por medio de un cortometraje.

Ya les reportaré qué sucede este año… ¡ah!, porque, de hecho, no lo he mencionado: iré a hacer un video de Noche de Muertos.

Y no es que tenga mucho que ver con mi post anterior… o tal vez sí, pero no ha sido planeado.

Ya sé que todavía falta… pero de una vez quiero darles un pequeño presente. Tengo que decir que lo volé de un bloggero cinéfilo, Carlos, y es un cortometraje. Así que tómense su tiempo, porque dura como 10 minutos. Pero vale mucho la pena (quejas y sugerencias, en el buzón, por favor).

Es una animación, y, para mí, es una chulada. Está muy bien hecha, es simpática y muy representativa de la cultura mexicana.

http://es.youtube.com/watch?v=aM6sP61zNx4

(Como verán, no pude adjuntarlo… y lo sigo intando ¡pero nada!)

NOT EMBEDABLE

CUANDO YO MUERA

¿Se acuerdan de lo que escribía Lady Zen acerca de la muerte? Decía: De acuerdo a las tradiciones Indias, es en el otoño, -cuando el elemento del aire y del espacio predominan-, que más fácil el alma se puede desprender del cuerpo. Por eso al llegar el otoño el número de muertes crece…

En mi comentario yo le decía que hace casi un año (en noviembre), murió uno de los mejores amigos de la familia. Es más, en este espacio compartí lo que escribí a cerca de esa particular pérdida.

Hoy recibí un mensaje en donde se me avisaba que una prima había fallecido. Esta chava debía haber tenido 26 años, tal vez 27. Como se podrá notar no éramos realmente cercanas. Es más, no conozco a su esposo, ni a sus hijos. Poco me acuerdo de ella.

En realidad nunca hemos sido muy cercanos con esa familia (un hermano de mi papá), y desde que mis padres se separaron, aún menos. Así que no hay lágrimas de dolor o ese sentimiento de que vas a extrañar a alguien, pero definitivamente hay un proceso desarrollándose internamente.

Te empiezas a preguntar un montón de cosas. Por ejemplo, los lazos; esos de los que he hablado muchas veces y que siguen causando sentimientos nuevos en la gente. Es decir, los lazos que no tienen que ver con la sangre, sino con la cercanía, con el cariño de momentos vividos, compartidos. Así que puedes despedir a un pariente que no significó mucho en tu vida, pero que es parte de tu constelación familiar y, te guste o no, de ti, de tu historia.

Otra cosa que me pasa por la mente es esto de los funerales. ¡Vaya, parece que los temas entre bloggeros parecen coincidir de nuevo! ¿se fijan? Funerales… Los odio, ¿saben? No sé qué hacer en un funeral. En el de Fernando, mi amigo, sólo quería llorar, me sentía realmente triste. Y la misa, ¡Dios! parecía que me estaba rompiendo en pedazos. Nada más de recordarlo se me hace un nudo en la garganta. Es muy doloroso ver a la gente que amas sufriendo por una pérdida… claro, eso aunado a lo que tú puedes sentir. Pero aparte de ese funeral, en los demás simplemente me limitaba a pararme y rezar el rosario; o más bien, a recitar una casi melodía que no tiene sentido para mí. Acercarte y repetir “estoy contigo” o algo así. Supongo que no será diferente ahora.

Odios los funerales. Pero hoy iré a uno.

Así que, cuando yo muera (la última de las ideas que cruza por mi mente ahora), no quiero un funeral. Quiero que tomen cada uno de mis órganos (incluyendo la piel, por supuesto) y lo donen. Que me destacen, que sirva para algo ese cuerpo inerte que ya poco tendrá que ver con la Cristina que soy ahora que estoy viva. Después, con lo que quede (espero sea muy muy poco), que lo quemen y se lleve al Lago de Zirahuén y con eso se alimente a los peces, incluso que se alimente la leyenda de esa princesa que con sus lágrimas formó ese fantástico lago de Michoacán.

Y quiero que haya fiesta, por una vida feliz, por una mujer feliz. Mejor le paro, porque tengo que vestirme de negro… y esto podría seguir por horas y horas.

Disculpen si sueno tan cursi u obscura, pero tal vez esto sea mi testamento, y hay que expresarlo alguna vez, ¿no creen?

CUANDO SEA GRANDE…

Como todas las chamaquitas de su edad, ella también estaba orgullosa de su madre.

En la escuela primaria federal le preguntaban qué hacían sus papás, ella no sabía bien qué contestar. Y no es que se apenara, es que de verdad no sabía. A su mejor amiga le contaba, “Papá se fue de mi casa hace varios años y ahora vive con la señora que dice es su esposa, pero que no es mi mami, y los niños que dicen ser mis hermanos. A eso se dedica, ¿no? Mamá… bueno, ella se dedica a divertirse y hacer feliz a los demás junto con las chicas. Es como un mundo mágico. Hay muchas luces, colores, bolitas que brillan en la ropa y pelucas ¡me encantan las pelucas!, sobre todo la rubia, ¡siempre la gano yo! ¿Sabes que me dejan utilizar sus pinturas y sus plumas? Es muy chistoso ver cómo se hace un relajo cuando se tienen que cambiar, la ropa vuela por todos lados, las chicas gritan y ves chichis por todos lados”.

En ese justo momento era cuando todas las amiguitas cambiaban la expresión, pero esa nueva compañera no; ella no. Sólo preguntaba, “¿Entonces qué hace tu mamá?” “Pues mi ma es la artista más famosa de todo México, es bailarina y hace feliz a todos los señores que van a verla”.

Con el tiempo las historias fueron cambiando, pero el hecho de que ella haya crecido entre chichis y luces nocturnas dio como resultado a una mujer única. Una mujer fuera de lo común.

Este dibujo, que es muy simpático, me recordó esa historia…

post-693-1187409555.jpg

HACER EL AMOR CON PALABRAS

Pongámonos sexosos. Perdón, quise decir “hacedores de amores”… (¿será otro de los términos que invento?).  

Hace poco alguien me dijo, “como dicen las mujeres, hacer el amor”. Entonces vienen a mi mente escenas perfectas, románticas (de película, claro) sobre la pareja perfecta, teniendo sexo perfecto. (¡Chin!, quise decir, Haciendo el Amor de manera perfecta.)

Será el sereno. Que si las mujeres utilizamos tales términos o no, el acto sexual puede tener tantas interpretaciones como necesidades haya.  

Entonces, para unificar criterios (al menos en este post), me di a la tarea de buscar un término “correcto” para lo que quiero decir. Claro, acudí a la RAE, y esto fue lo que encontré:

sexo.(Del lat. sexus). 1. m. Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas.

2. m. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino. 

3. m. Órganos sexuales. 

4. m. Placer venéreo. Está obsesionado con el sexo.

~ débil.1. m. Conjunto de las mujeres. (No comments) 

~ feo, o ~ fuerte.1. m. Conjunto de los hombres. (No comments) 

No era precisamente lo que estaba buscando, así que me aventuré a buscar “Hacer el amor”…

amor.(Del lat. amor, -ōris).

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. (No comments)

2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

4. m. Tendencia a la unión sexual.hacer el ~.

1. loc. verb. Enamorar, galantear.

2. loc. verb. copular (‖ unirse sexualmente). 

Entonces tuve que buscar “Copular”… (todo para llegar a un consenso, chale)

copular.(Del lat. copulāre).1. intr. Unirse o juntarse sexualmente. U. t. c. prnl.

2. tr. ant. Juntar o unir algo con otra cosa. 

Total, que nada parecía aterrizar en palabras lo que yo estaba buscando… hasta que mi amigo, el de la habitación, me pasó un texto suyo sobre Filosofar… y yo, finalmente, encontré algo que me gustó. Este párrafo del texto “Las palabras sí hacen el amor”: 

Hacer el amor no es una actividad solitaria. Es una realidad compartida, gracias a que la realidad existe más allá de mis propias percepciones. Antes que la erótica, en el acto sexual está la ética. Porque no se trata del gozo individualista, sino del gozo compartido. La erótica nos puede ayudar a gozar a solas. Pero la ética nos conduce a gozar en compañía. 

Y aunque la masturbación pueda ser muy grata, yo prefiero hacer el amor. Prefiero compartir mis palabras y fundir mis oraciones con otras que sin ser mías, se vengan conmigo para dejar correr nuevas oraciones que terminen dichosamente en diálogos y debates y no en soliloquios. 

Lo escribió un joven de 27 años (espero no me cobre copyright)… y se los comparto.

“Dejar correr nuevas oraciones que terminen dichosamente en diálogos y debates y no en soliloquios”, ¿pude haberlo dicho mejor?

CHEFS SÚPER HÉROES

octubre-2007-007small.jpgAlgo que me encanta de la ciudad de México es que puedes encontrar toda clase de eventos, cualquier día de la semana, del mes… del año. Nunca te aburres. Claro, si estás dispuesto a patearle… o a salir de casita. 

Reunir las energías necesarias para caminar por el Centro Histórico, sólo por el placer de ver las calles sin puestos ambulantes (aunque sí vendedores ambulantes), puede ser tarea difícil. Y más después de una buena comilona.  

Eso me pasó el domingo. Acudí a un evento delicioso llamado “Chefs al rescate, cocinando sonrisas”, organizado por W, YMCA y Philadelphia. Ocho de los mejores chefs de México se reunieron por una causa: apoyar a los niños “migrantes”. Como sabemos, todos los días decenas de personas intentan cruzar “pa´lnorti” y a veces en esa travesía los menores se pierden. Tal vez son deportados sólo ellos, mientras que sus padres pasan… Por las circunstancias que sean, YMCA (Young Men´s Christian Association) busca fondos para construir tres casas para atender a esos pequeños mientras se busca a sus familiares. Se proyecta realizarlas en Ciudad Juárez, Piedras Negras y Agua Prieta. Todo un proyecto. 

Como ya escribí, la experiencia estuvo deliciosa. La atención, inmejorable; el lugar, ¡puafff!, El Claustro de Sor Juana; el menú, ¡Qué cosa!

 Imaginen esto:

Chile poblano arropado, con pollo, queso crema, nuez, jitomate, bañado en un espejo de crema de flor de calabaza.

Mole negro con pollo y  arroz rojo.

Enchiladas en nogada. Con tortillas de harina integral (mi favorito de tooodo).

Enchiladas de arrachera encacahuatadas.

Enchiladas suizas.

Tiradito de merlin ahumado con falso caviar de chiles secos (mi segundo favorito).

Mero empapelado con adobo de hoja santa.

Chapatitas de cochinita pibil.

Chiles serranos rellenos.

Y los postres: pastel de camote con piña, tarta de papantla, tiramisú, cremoso de queso con frutos rojos y cremoso de queso con galleta oreo.  

octubre-2007-013-small.jpgEl mecanismo era el siguiente: llegas, eres recibido por gigantes modelos argentinas (¿qué no hay mexicanas guapas de más de 1.75?). Te registras en la mesa que te corresponde (clientes y prensa). Te entregan cinco boletitos para platillos y tres para bebidas, y uno para la rifa de comidas en los restaurantes participantes, botellas de Champagne y una noche en el W (yo brincaba y brincaba “pick me, choose me”). Pero nada, snif. 

Los encargados de R.P. del W al pie del cañón. Muy atentos, amables. Nos entregaron un kit de prensa con un recetario re mono, un disco re güay (chidísimo), un llaverito de mí, es decir, con una “W” (otra historia…) y demás cosillas que ni me acuerdo. En mi mesa (de prensa… no pregunten), había de todo: desde el camarógrafo despeinado, hasta la señora colada (cof cof cof), pasando por alguien de Philadelphia (principal patrocinador del evento), que era, de hecho, mi vecino y estuvimos echando chal agusto. Él nos comentaba, a mí amiga y a mí, que este proyecto surgió por primera vez el año pasado y que este año había crecido mucho. Se vendieron 500 boletos de 500 pesos cada uno (echen cuenta) y, al parecer, fue todo un éxito. 

Los chefs que nos regalaron (al menos a mí) sus creaciones, fueron: Eduardo Osuna (cabeza del evento), Enrique Olvera, Alejandro Kuri (buenas tardes), Carmen Titita Ramírez, Patricia Quintana, Ricardo Muñoz, María Teresa Ramírez en conjunto con Joan Bagur y Daniel Ovadía (buenas tardes). 

La verdad es que fue una tarde encantadora, deliciosa y diferente. Esta kermés de comida mexicana fue uno de esos momentos inolvidables, de esos en los que la ciudad de México se especializa.  

LAS MUJERES INTELIGENTES TAMBIÉN SE ENAMORAN

Siguiendo con los “miércoles de dos por uno”: c3_portada1.jpg

En febrero de 2007 escribí un texto que se titulaba así, como este post.  Hoy, que quise postearlo tal cual, no pude. Tiene que ver con (fx… trompetas y demás) el hecho de que la Lata está en el hermoso camino del enamoramiento y ve la vida color de rosa (Raus, prometo contarte…). Tal vez porque de febrero a la fecha han pasado muchas cosas que me han hecho cuestionarme y crecer.  Y, claro, también tiene que ver este último mes tan intenso en el que me he replanteado tantas cosas de mí, actualmente, y de mí en el pasado. Pero aún así, quiero compartir esto que me sucedió. Es algo que pasamos muchas mujeres solteras y que me hizo pensar mucho. Y a pesar de que actualmente estoy en otro sitio, hay algo que me preocupa: que se cuestione nuestra (me incluyo en lo de inteligente) capacidad para amar, profunda y abiertamente.

Y dejen de lado todos esos comentarios “venenosos”, tipo “¿Y cómo va tu vida amorosa?” (muy al estilo Bridget Jones, hay que decir). Esto, creo, va más allá:

“Hace unos días tuve uno de esos lapsos que supongo todos pasamos en nuestras vidas, lapsos de nostalgia por el pasado. No, no era extrañar a alguien o algo físico, era extrañar un estado: el estar enamorada. Qué adictivo, qué bonito… qué plena se siente una cuando está enamorada (y bien correspondida, claro). 

“Es maravilloso planear un día en compañía de ese alguien especial. Tomar café, preparar el desayuno, ir al súper, comer, ver una película, ir a caminar, trabajar, leer, viajar… planear una vida para dos.  Aunque termine, el momento estuvo ahí, lo disfrutamos, lo saboreamos, nos impregnamos de la sensación hasta estar seguros de que la sentimos con cada célula de nuestro cuerpo. 

“Hace poco tuve una ciber charla con un amigo médico con sub-especialidades y toda la cosa, alguien que se podría pensar es sensato y con dos dedos de frente. Y me dijo algo que me sorprendió: “Qué bueno que terminaste esa relación, de hecho me extrañaba que estuvieras con él, pues tú eres una mujer muy inteligente como para enamorarte ciegamente”. Básicamente siempre reprobó que tuviera un novio 15 años mayor que yo, pero… mmmmm… ¿Cómo se enamoran las mujeres inteligentes? ¿Será como Ángeles Mastreta dice en “Mujeres de Ojos Grandes”: La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota

“El comentario de mi amigo no me gustó, ya que me parecía escuchar este mensaje: una mujer inteligente no se enamora, sino que crea un plan minuciosamente elaborado para terminar en santo matrimonio con alguien. 

“¿Será? 

“Días después, en una fiesta, un desconocido etílicamente afectado me dijo que su esposa se casó con él a los 22 años “cuando las mujeres se casan enamoradas”. 

“Y yo seguí con mi constante “mmmmmm…” Así que le compartí mi pensar: no creo que haya edad o condición para el amor. Ciertamente una mujer de 18 o 22 años se casa más… digamos “ciegamente” que una de 30 o 35. ¿La razón? No es falta de corazón, es más bien más conciencia, más sentido de responsabilidad y en algunas ocasiones, una mayor autoestima. Una amiga me comentó hace tiempo que cuando ella se casó (a los 19 añitos) lo hizo sólo enamorada; no pensó siquiera en dónde iban a vivir, sólo quería estar con él. Afortunadamente le ha ido bien (con altas y bajas y echándole muchísimas ganas), pero también me comentó “aquí entre nos”, que de haberse casado 10 años después… tal vez no lo hubiera hecho en las mismas circunstancias; lo hubiera planeado más, se hubiera cuestionado más.  

“Una mujer soltera en sus treintas, independiente económicamente, una profesionista exitosa y, por supuesto, que haya trabajado consigo misma para saber quién es y lo que quiere, claro que piensa en dónde va a vivir cuando se case, pues ella ya tiene un lugar digno y ¡a su gusto! Es probable (hay que subrayar el probable) que no retroceda.  

“Una mujer que tiene mayor conciencia no busca un proveedor, no busca un salvador, no busca alguien que la proteja o que la cuide, pues ella ha logrado muchas cosas sola; ha tenido un impacto en el ámbito laboral, personal, económico, social, familiar y sigue trabajando en todos ellos… Esa mujer, que está tratando de construir una vida completa consigo misma, puede ser que desee un compañero con quién compartir un camino en común, compartir vida; alguien que se alegre por sus éxitos, que la apoye en las tristezas, que la respete y le de su espacio, porque además, será mutuo. 

“Suena totalmente retador y de espanto para muchos hombres acostumbrados a ser “el fuerte”, “la cabeza de la casa”, “el hombre”. Y es chistoso ver por la calle a muchas mujeres completas o en continua búsqueda de su completitud sin una pareja (¿se han fijado?).

“Laura Matamoros alguna vez escribió en este sitio que el estado ideal de una persona es el estar enamorado. Fisiológicamente el estar enamorado activa muchos mecanismos en nuestro cuerpo y andamos con la feromona a flor de piel, ¡y qué decir del buen humor! El tener una vida sexual activa trae muchos beneficios en la salud: desde estar más relajados, hasta tener una piel más sana (y una sonrisa más grande).  

“Yo no sé si actualmente las mujeres de 18 años ya ven al amor de manera fría y calculadora, pero yo tengo una teoría: hay mujeres (no hablemos de hombres) que están programadas (socialmente) para planear el amor: la pareja tendría que seguir ciertos estándares, desde físicos hasta económicos. Ahí no importa la edad, pueden tener 15 o 45 años, simplemente está todo fríamente calculado, pero eso no significa que no sean inteligentes. Por otro lado, yo creo que las mujeres más conscientes sí planean, sí piensan, sí resuelven, pero sin dejar de lado el sentimiento, ya que, al final, esa evolución les ha dejado la enseñanza de estar en contacto con sus emociones. Y la conciencia no tiene edad… 

“En cuanto a lo que define que una mujer sea inteligente o no, eso ya es otro boleto, no sé cómo se enamoran las “no inteligentes”, si es que existen. 

“A mí, en lo personal, el haberme enamorado a los 29 años “como una adolescente” me dejó una hermosa sensación: de estar viva. Y aunque las cosas no resultaron como planeamos en un principio, me di cuenta de que aún tengo esa capacidad de entrega, de amar mucho sin dejar de ser yo misma. ¡Qué maravilla! 

“Estar enamorados no tiene que ver con la inteligencia, y ciertamente para mí no es depender de un tercero o buscar ser complementados por alguien más porque existen huequitos vacíos dentro de nosotros que no nos permiten ser felices… pero es un error pensar que otro los puede llenar (¡en lugar de buscar dentro de nosotros mismos!). 

“Harán un par de meses que alguien se mostró muy interesado en mí: yo sería su salvadora. Tenía tantas ganas de enamorarse que a penas me vio y me bajó el universo completito; yo era lo que necesitaba. ¿Mi respuesta? Gracias, pero no necesito salvar a nadie, no quiero. La súper heroína ya está ocupada y el cliente se llama como yo. Espero mantenerme en este trabajo un buen tiempo, todos los años que me queden en esta vida, buscándome, encontrándome, volviéndome a buscar; trabajando, trascendiendo, creciendo, explorando, evolucionando, expandiéndome; imaginando, creando, soñando, llorando, riendo, sintiendo… amando. 

“Sí, sigo enamorada, de mi vida y de mi ser, y elijo conciente y libremente compartirlo con alguien; si es 5 años mayor o 5 menor… ¡qué más da!, amar y ser amada, eso es lo que deseo compartir.”

Y, bueno, estoy compartiendo… 

SIRVIENDO CAFÉ

“Si yo pudiera elegir otra profesión que la que tengo, otra rutina que la que me ha gastado durante treinta años, en ese caso yo elegiría ser mozo de café. Y sería un mozo activo, memorioso, ejemplar. 

“Buscaría asideros mentales para no olvidarme de los pedidos de todos. Debe ser magnífico trabajar siempre con caras nuevas, hablar libremente con un tipo que hoy llega, pide un café, y nunca más volverá por aquí.”

M.B. La tregua (El libro, por favor, eviten la versión cinematográfica a toda costa). 

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Yo he servido cafés. Y los he preparado. Recuerdo que la primera vez que intenté preparar un capuccino fue realmente caótico,  totalmente decepcionante porque a mí, toda una LCC con un título bien grandotote, la pinche espuma del café no me salía. Terrible.  

Lloré. Estaba con mi amiga Belén (¿qué habrá sido de esa veracruzana tan simpática?) en Hyde Park, hacía frío y estábamos comiendo un sándwich de M&S (mis favoritos eran los de “Wensleydale cheese & caramelised carrot chutney”… lo que eso fuera, eran realmente deliciosos). Estábamos ahí tiradas en el pasto mientras le decía que había sido desesperante: la mugre espuma nada más no aparecía.  Belén hizo su mayor esfuerzo para explicarme cómo colocar la jarrita de aluminio, el ángulo correcto, el movimiento de mano bajo el steamer,  y me dio el mejor secreto de la industria del café: “la leche debe de estar fría, si hierve, vale madres”. 

Por supuesto que el café me salió (después de muuuuchos intentos, tengo que decir) y lo serví a esos muchos extraños que venían todos los días a desayunar a un pequeño lugar en Edwgare Road. Pero también a clientes habituales, a caras sonrientes que hasta, en alguna ocasión, compartieron mesa conmigo. El dueño era un pakistaní, un muy agradable pakistaní. Después, el sitio fue comprado por un nada agradable colombiano, a quien le renuncié al poco tiempo, después de que me gritó como loco. Carlos, se llamaba. Un tipo que se la pasaba tirándole el perro a mi compañera, una aguerrida polaca, Agatha.   

Recordé esta etapa de mi vida porque anoche vi “Sangre de mi sangre”, en donde Chucho Ochoa interpreta a un lavaplatos mexicano que vive en Nueva York. Y hoy vi “My beautiful laudret”, en donde hay un montón de pakistaníes. Y, para rematar, traigo el delantal que me robé de mi último trabajo sirviendo café. 

Después de esa “greesy spoon”, serví café en un Radisson, en Bond Street. Acá lo que hacía era ofrecer café, té y pan tostado (brown or white?), ya que los desayunos (hora de mi “shift”) eran buffet. Los clientes eran del tipo “negocios”; llegaban uno o dos días, hacías sus asuntos, y se regresaban. Casi todos eran hombres solteros.  

Meses después fui parte del corporativo más grande de la industria del café a nivel mundial: Starbucks. En pleno corazón de Londres, Leicester Square. Este sitio era muy distinto a los otros dos. Era como en mi época de preparatoria: trabajar en McDonall´s o Burger King era lo máximo para todos (de los 17 a los 18 años trabajé en Burger… y fue realmente divertido, sobre todo los días de paga). En Starbucks conocí a gente muy linda, y de hecho entré por una mexicana que era una gran amiga mía. Aprendí un poco sobre los sabores del café (que ya olvidé), sobre las temperaturas, cómo hacer crema batida, tés…  a usar las aspiradoras industriales, recorde lo que se sentía lavar baños públicos y demás monadas que los clientes solemos hacer en los restaurantes. En este último lugar los costumers eran casi todos turistas. Podíamos escuchar una cantidad inimaginable de lenguas, de acentos. Todos llegaban, pedían, a veces comían, y se iban. 

En realidad no recuerdo a los clientes (a excepción de un joven extraordinariamente guapo a quien, por primera y única vez en mi vida, me atreví a pedirle que me llamara). A quienes en realidad recuerdo es a mis compañeros de trabajo.  

Tengo que diferir con Benedetti en el punto de que siempre es divertido servir a extraños, a veces es lindo servir a conocidos y ver cómo hay lazos que se forman, cómo te acuerdas de cómo y qué piden para desayunar, para comer, para tomar. Sí, creo que podría volver a servir cafés, con todo y mis títulos nobiliarios, con todo y “la presión social” por no hacerlo. Aunque, claro, si fuera yo la dueña del lugar, qué bien, y si fuera sólo para dos, sería mejor. 

(Chale, me costó mucho trabajo acordarme de los nombres de las calles y las estaciones… es triste cómo pasa el tiempo y vamos olvidando). 

DE CUARÓN Y OTRAS COSAS…

cuaron-e-inarritu.jpgAyer vi La sconosciuta, de Giusepe Tornatore (el de Cinema Paradiso)… les debo la reseña. Fuertísima, qué cosa. Antier, Mon meilleur ami… de la que también les debo mis comentarios.

Y nada más. Ayer a medio día tenía mi día planeado: echarme tres películas al hilo. Pero hubo cambio de planes. Como La Lata de un día para otro se volvió algo así como VIP al obtener un gaffete morado, tiene acceso a casi todos lados. Pero también tiene trabajo (por lo mismo este post será corto) y algunos compromisos sociales (aaay tú). Entonces me dijeron: “Hay una conferencia de prensa con Iñárritu y Cuarón, ¿quieres ir?” Podrán imaginar mi respuesta. Corrí al baño a ponerme linda, ¡claro!

No me voy a extender, porque además, quiero esperarme a ver qué comentan los medios sobre lo que dijeron los cineastas esta tarde, y partir de todo eso que se genera en ellos.

Pero había muchas cámaras, gente con cara de reporteros nacionales, algunos locales y tengo que decir que muy pocos tenían cara de curiosos, como yo…

Anoche leí en El Universal en línea algo… (tengo que decir que la nota estaba media cuchis… ojo, señores editores), pero me voy a esperar, porque les quiero dar mi versión de lo que se dijo ahí.

Honestamente González Iñárritu no era mi hit, pero me sorprendió. Y Cuarón… bueeeno, yo babeaba y babeaba. ¡Es más lindo en persona! No, no, no, que no es Brad Pitt, pero este señor, don Ponchis, es una de las personas que más admiro en el mundo, así que además de todo, hasta guapo lo veo.

Los dejo sólo una frase de cada uno:

“¿Por qué no anhelamos la luz en lugar de la pequeñez?” (Cuarón)
“El que tenga qué decir, que lo diga a gritos”. (Iñárritu)

 Foto de Yahoo.

SOBRE EL AMOR QUE DICEN QUE DUELE

c33e_pareja_nos.jpgLos miércoles no voy a la oficina porque estoy tomando un curso cerca de mi casa. Así que después de levantarme, bañarme y arreglarme, me dirijo a mi “oficina”… al otro cuarto de mi casa. ¡Qué trayecto tan corto! No podría pedir más. Por lo mismo, tengo más tiempo para “arreglarme”, y generalmente lo hago con la televisión prendida.  

Este miércoles estaba poniéndome muy fufurufa cuando apareció el avance de una telenovela de esas del Canal de las Estrellas. Vemos a don galán apareciendo en escena (y vaya que está galán el condenado), a doña lagrimita viéndolo embelesada y un abrazo cursi cursi: ella sentada con su ampón vestido y él, recargado en su regazo. Los dos llorando, claro está. Entonces… don locutor dice (en voz muy gruesa y trabajada) “Porque el amor duele”. 

Toingggg. ¿El amor duele? Si no duele, ¿no es amor? ¿Por qué nos venden esas historias del amor sangrante, del amor que tiene que sobrevivir enemil pruebas para que realmente valga la pena? 

El querido Raúl Mejía escribió algo al respecto en febrero (a propósito del tan publicitado mes del amor y la amistad) y hablaba de la pasión también, y según él la pasión es efímera. 

La cosa es que del amor tenemos una imagen bien cargada en cada una de nuestras neuronas. ¡Santos Problemas, Batman! Hay quien sueña con encontrar a su “Ricardo” de Rosa Salvaje (quién sabe por qué me acordé de esa novela, creo que fue la última que vi… ¡ah! No, “Muchachitas I”) para que la saque “del barrio” y la convierta en una dama. Y, señoras, señores, hay quienes se lo creen. 

Aquí don Gomís podrá decirnos a ciencia cierta si la gente de repente piensa que ellos, los actores, son en realidad el personaje de tal o cual programa… ha de ser raro.  “Bésame, Carlos Francisco Federico”… y el pelón con cara de pocos amigos (y sin inspiración ya, claro) agrega: “Me llamo Héctor, entiende”. 

Pero volviendo al tema, el amor idílico que nos venden… y nos compramos. Recuerdo que mi primer novio (allá por… ¿1990?) era bien guapo. Era un pochito, primo de una amiga, y no sé ni cómo nos entendíamos (medio hablaba español y yo de inglés nada más “Tatanka=Bufalo”). El romance fue súper bonito y bien bien blanco. Literalmente de manita sudada. Pero era básico que fuera guapo, si no ¿pues cómo? Tenía que ser así, ¿no? 

Después me fue interesando más la personalidad del galán en cuestión. Pero aún entonces estaba ese estereotipo idílico en la relación (importante), ya no tanto en el galán. Tiene que ser como la telenovela (o como la película).  

Una amiga escribió un texto sobre “la primera vez”, cuando uno espera que sea como de cine: abrazos perfectos, piel perfecta, peinado en su lugar, gemidos perfectos, hasta orgasmos sincronizados. ¿Y qué sucede cuando no es así? ¿Estará mal “la primera vez” de alguien si no es así? 

Entonces, si nos compramos todita esta imagen del amor perfecto de las películas, cualquier relación será menos que perfecta, porque, para empezar, no existirán esas intrigas súper revoltosas que vencer para alcanzar la gloria del amor. 

Pero también habrá quien piense que de verdad el amor debe doler. No vale la pena si es un amor feliz.  

¿Será eso el amor? ¿El amor de verdad duele? Sinceramente no me imagino sufriendo por el amado todos los días, todo el día; derramando lágrima a más no poder a fin de sentir que es “realmente amor”.  Pero he de confesar que a veces sí han pasado imágenes románticas por la cabeza… ¡demonios! Esas casi casi de una pareja en el bosque, en un súper picnic en donde las fresas cubiertas de chocolate (yummieee) y espumoso champagne (Asti Martini) son los invitados de honor para una cita perfecta… ¡Es que he caído en la trampa yo también! 

Independientemente de que La Lata sea una cursi perdida y sin remedio (aquí puedo ver a Surtidorico carcajearse) sí me cuestiono qué tanto es lo que realmente anhelamos y qué tanto ha sido incrustado en nuestro cerebro como “lo que debe de ser” (en este y todos los temas)… 

¿Será que para dejar de creer en ese amor que duele y empezar a creer en el que se disfruta, se goza, hay que dejar de ver televisión? ¿O simplemente enamorarse, hasta las manitas, de alguien de carne y hueso? Con todo y dolor… y gozo.

A ver si aguanto y convierto estos miércoles en posts de Amorssss. Ayer vi “XXY”, ¡qué fuerte!…

EN VIVO…

No, hoy no he ido al cine. Pero iré, y voy a estar reportando en vivo para el programa en el que colaboro. Así que si quieren reírse un rato y escuchar a mis compañeritos diciendo no sé qué cosas sobre cine (y a mí, supongo), los invito. Espero todo salga bien y podamos estar en enlace…

El programa es de 21 a 22 horas (centro de México) por http://www.smrtv.michoacan.gob.mx/

Después de este anuncio, les cuento que estaré viendo cine al aire libre. Esa parte me gusta. Es una película sobre un grupo de latinas luchando por sus derechos en E.U.A. dirigido por una española. Será interesante.

Bueno, me voy…