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LAS MUJERES INTELIGENTES TAMBIÉN SE ENAMORAN

Siguiendo con los “miércoles de dos por uno”: c3_portada1.jpg

En febrero de 2007 escribí un texto que se titulaba así, como este post.  Hoy, que quise postearlo tal cual, no pude. Tiene que ver con (fx… trompetas y demás) el hecho de que la Lata está en el hermoso camino del enamoramiento y ve la vida color de rosa (Raus, prometo contarte…). Tal vez porque de febrero a la fecha han pasado muchas cosas que me han hecho cuestionarme y crecer.  Y, claro, también tiene que ver este último mes tan intenso en el que me he replanteado tantas cosas de mí, actualmente, y de mí en el pasado. Pero aún así, quiero compartir esto que me sucedió. Es algo que pasamos muchas mujeres solteras y que me hizo pensar mucho. Y a pesar de que actualmente estoy en otro sitio, hay algo que me preocupa: que se cuestione nuestra (me incluyo en lo de inteligente) capacidad para amar, profunda y abiertamente.

Y dejen de lado todos esos comentarios “venenosos”, tipo “¿Y cómo va tu vida amorosa?” (muy al estilo Bridget Jones, hay que decir). Esto, creo, va más allá:

“Hace unos días tuve uno de esos lapsos que supongo todos pasamos en nuestras vidas, lapsos de nostalgia por el pasado. No, no era extrañar a alguien o algo físico, era extrañar un estado: el estar enamorada. Qué adictivo, qué bonito… qué plena se siente una cuando está enamorada (y bien correspondida, claro). 

“Es maravilloso planear un día en compañía de ese alguien especial. Tomar café, preparar el desayuno, ir al súper, comer, ver una película, ir a caminar, trabajar, leer, viajar… planear una vida para dos.  Aunque termine, el momento estuvo ahí, lo disfrutamos, lo saboreamos, nos impregnamos de la sensación hasta estar seguros de que la sentimos con cada célula de nuestro cuerpo. 

“Hace poco tuve una ciber charla con un amigo médico con sub-especialidades y toda la cosa, alguien que se podría pensar es sensato y con dos dedos de frente. Y me dijo algo que me sorprendió: “Qué bueno que terminaste esa relación, de hecho me extrañaba que estuvieras con él, pues tú eres una mujer muy inteligente como para enamorarte ciegamente”. Básicamente siempre reprobó que tuviera un novio 15 años mayor que yo, pero… mmmmm… ¿Cómo se enamoran las mujeres inteligentes? ¿Será como Ángeles Mastreta dice en “Mujeres de Ojos Grandes”: La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota

“El comentario de mi amigo no me gustó, ya que me parecía escuchar este mensaje: una mujer inteligente no se enamora, sino que crea un plan minuciosamente elaborado para terminar en santo matrimonio con alguien. 

“¿Será? 

“Días después, en una fiesta, un desconocido etílicamente afectado me dijo que su esposa se casó con él a los 22 años “cuando las mujeres se casan enamoradas”. 

“Y yo seguí con mi constante “mmmmmm…” Así que le compartí mi pensar: no creo que haya edad o condición para el amor. Ciertamente una mujer de 18 o 22 años se casa más… digamos “ciegamente” que una de 30 o 35. ¿La razón? No es falta de corazón, es más bien más conciencia, más sentido de responsabilidad y en algunas ocasiones, una mayor autoestima. Una amiga me comentó hace tiempo que cuando ella se casó (a los 19 añitos) lo hizo sólo enamorada; no pensó siquiera en dónde iban a vivir, sólo quería estar con él. Afortunadamente le ha ido bien (con altas y bajas y echándole muchísimas ganas), pero también me comentó “aquí entre nos”, que de haberse casado 10 años después… tal vez no lo hubiera hecho en las mismas circunstancias; lo hubiera planeado más, se hubiera cuestionado más.  

“Una mujer soltera en sus treintas, independiente económicamente, una profesionista exitosa y, por supuesto, que haya trabajado consigo misma para saber quién es y lo que quiere, claro que piensa en dónde va a vivir cuando se case, pues ella ya tiene un lugar digno y ¡a su gusto! Es probable (hay que subrayar el probable) que no retroceda.  

“Una mujer que tiene mayor conciencia no busca un proveedor, no busca un salvador, no busca alguien que la proteja o que la cuide, pues ella ha logrado muchas cosas sola; ha tenido un impacto en el ámbito laboral, personal, económico, social, familiar y sigue trabajando en todos ellos… Esa mujer, que está tratando de construir una vida completa consigo misma, puede ser que desee un compañero con quién compartir un camino en común, compartir vida; alguien que se alegre por sus éxitos, que la apoye en las tristezas, que la respete y le de su espacio, porque además, será mutuo. 

“Suena totalmente retador y de espanto para muchos hombres acostumbrados a ser “el fuerte”, “la cabeza de la casa”, “el hombre”. Y es chistoso ver por la calle a muchas mujeres completas o en continua búsqueda de su completitud sin una pareja (¿se han fijado?).

“Laura Matamoros alguna vez escribió en este sitio que el estado ideal de una persona es el estar enamorado. Fisiológicamente el estar enamorado activa muchos mecanismos en nuestro cuerpo y andamos con la feromona a flor de piel, ¡y qué decir del buen humor! El tener una vida sexual activa trae muchos beneficios en la salud: desde estar más relajados, hasta tener una piel más sana (y una sonrisa más grande).  

“Yo no sé si actualmente las mujeres de 18 años ya ven al amor de manera fría y calculadora, pero yo tengo una teoría: hay mujeres (no hablemos de hombres) que están programadas (socialmente) para planear el amor: la pareja tendría que seguir ciertos estándares, desde físicos hasta económicos. Ahí no importa la edad, pueden tener 15 o 45 años, simplemente está todo fríamente calculado, pero eso no significa que no sean inteligentes. Por otro lado, yo creo que las mujeres más conscientes sí planean, sí piensan, sí resuelven, pero sin dejar de lado el sentimiento, ya que, al final, esa evolución les ha dejado la enseñanza de estar en contacto con sus emociones. Y la conciencia no tiene edad… 

“En cuanto a lo que define que una mujer sea inteligente o no, eso ya es otro boleto, no sé cómo se enamoran las “no inteligentes”, si es que existen. 

“A mí, en lo personal, el haberme enamorado a los 29 años “como una adolescente” me dejó una hermosa sensación: de estar viva. Y aunque las cosas no resultaron como planeamos en un principio, me di cuenta de que aún tengo esa capacidad de entrega, de amar mucho sin dejar de ser yo misma. ¡Qué maravilla! 

“Estar enamorados no tiene que ver con la inteligencia, y ciertamente para mí no es depender de un tercero o buscar ser complementados por alguien más porque existen huequitos vacíos dentro de nosotros que no nos permiten ser felices… pero es un error pensar que otro los puede llenar (¡en lugar de buscar dentro de nosotros mismos!). 

“Harán un par de meses que alguien se mostró muy interesado en mí: yo sería su salvadora. Tenía tantas ganas de enamorarse que a penas me vio y me bajó el universo completito; yo era lo que necesitaba. ¿Mi respuesta? Gracias, pero no necesito salvar a nadie, no quiero. La súper heroína ya está ocupada y el cliente se llama como yo. Espero mantenerme en este trabajo un buen tiempo, todos los años que me queden en esta vida, buscándome, encontrándome, volviéndome a buscar; trabajando, trascendiendo, creciendo, explorando, evolucionando, expandiéndome; imaginando, creando, soñando, llorando, riendo, sintiendo… amando. 

“Sí, sigo enamorada, de mi vida y de mi ser, y elijo conciente y libremente compartirlo con alguien; si es 5 años mayor o 5 menor… ¡qué más da!, amar y ser amada, eso es lo que deseo compartir.”

Y, bueno, estoy compartiendo…