Entries Tagged as ''

CUANDO YO MUERA

¿Se acuerdan de lo que escribía Lady Zen acerca de la muerte? Decía: De acuerdo a las tradiciones Indias, es en el otoño, -cuando el elemento del aire y del espacio predominan-, que más fácil el alma se puede desprender del cuerpo. Por eso al llegar el otoño el número de muertes crece…

En mi comentario yo le decía que hace casi un año (en noviembre), murió uno de los mejores amigos de la familia. Es más, en este espacio compartí lo que escribí a cerca de esa particular pérdida.

Hoy recibí un mensaje en donde se me avisaba que una prima había fallecido. Esta chava debía haber tenido 26 años, tal vez 27. Como se podrá notar no éramos realmente cercanas. Es más, no conozco a su esposo, ni a sus hijos. Poco me acuerdo de ella.

En realidad nunca hemos sido muy cercanos con esa familia (un hermano de mi papá), y desde que mis padres se separaron, aún menos. Así que no hay lágrimas de dolor o ese sentimiento de que vas a extrañar a alguien, pero definitivamente hay un proceso desarrollándose internamente.

Te empiezas a preguntar un montón de cosas. Por ejemplo, los lazos; esos de los que he hablado muchas veces y que siguen causando sentimientos nuevos en la gente. Es decir, los lazos que no tienen que ver con la sangre, sino con la cercanía, con el cariño de momentos vividos, compartidos. Así que puedes despedir a un pariente que no significó mucho en tu vida, pero que es parte de tu constelación familiar y, te guste o no, de ti, de tu historia.

Otra cosa que me pasa por la mente es esto de los funerales. ¡Vaya, parece que los temas entre bloggeros parecen coincidir de nuevo! ¿se fijan? Funerales… Los odio, ¿saben? No sé qué hacer en un funeral. En el de Fernando, mi amigo, sólo quería llorar, me sentía realmente triste. Y la misa, ¡Dios! parecía que me estaba rompiendo en pedazos. Nada más de recordarlo se me hace un nudo en la garganta. Es muy doloroso ver a la gente que amas sufriendo por una pérdida… claro, eso aunado a lo que tú puedes sentir. Pero aparte de ese funeral, en los demás simplemente me limitaba a pararme y rezar el rosario; o más bien, a recitar una casi melodía que no tiene sentido para mí. Acercarte y repetir “estoy contigo” o algo así. Supongo que no será diferente ahora.

Odios los funerales. Pero hoy iré a uno.

Así que, cuando yo muera (la última de las ideas que cruza por mi mente ahora), no quiero un funeral. Quiero que tomen cada uno de mis órganos (incluyendo la piel, por supuesto) y lo donen. Que me destacen, que sirva para algo ese cuerpo inerte que ya poco tendrá que ver con la Cristina que soy ahora que estoy viva. Después, con lo que quede (espero sea muy muy poco), que lo quemen y se lleve al Lago de Zirahuén y con eso se alimente a los peces, incluso que se alimente la leyenda de esa princesa que con sus lágrimas formó ese fantástico lago de Michoacán.

Y quiero que haya fiesta, por una vida feliz, por una mujer feliz. Mejor le paro, porque tengo que vestirme de negro… y esto podría seguir por horas y horas.

Disculpen si sueno tan cursi u obscura, pero tal vez esto sea mi testamento, y hay que expresarlo alguna vez, ¿no creen?