Después de un fin con mucha energía homosexual (…) heme aquí, reportándolo una semana después.
El fin de semana fui al tan comentado concierto del Cigala… Íbamos sólo mi amiga (buga) y yo. Finalmente nos alcanzaron los otros dos (no bugas), para irnos de antro. Este sitio es todo un clásico ya. La leyenda cuenta que la dueña (una actriz tipo cabaret) abrió el lugar para uno de sus hijos, que es gay. Dicen que ella firmemente argumentó: “Prefiero que te diviertas aquí con tus amigos que anden quién sabe dónde”. No hay que decir que el sitio es todo un hit.
Llegamos; yo entre los dos guapetones y altos galanes (de chocolate para mí, claro), mi amiga, en el coche durmiendo. Pagamos en la entrada y pasamos un pasillo, donde los jóvenes fueron bien cateados. A mí ni me pelaron. Ya para entrar al “salón principal”, una exuberante (en toooodo el sentido de la palabra) mujer de unos cincuenta y tantos vestida como la reina Isabel I recibía los boletos que te daban cuatro metros antes. El cover incluía una bebida nacional o una chela. Tomamos nuestros tragos y… ¡a la pista de baile! Es extraño ver a tanto hombre bailando “with each other”, besándose y que nadie te pele (y en realidad es mejor así…) Bailamos, bailamos… y bailamos. Al rato; la dormilona llegó con los ojos hinchados y la energía a todo. Yo estaba agotada, todo el día la habíamos pasado caminando, entre buscar las mejores carnitas de la ciudad, tomar video, fotos, ir al Cigala, olvidarnos de las acreditaciones de prensa, regresar por ellas… Para las 3 de la mañana ya no aguantaba los zapatos. Así que nos fuimos a un cuartito a sentarnos. Para qué les describo lo que sucedía ahí… entonces, al fin, encontramos un rincón solo donde sentarnos. Mientras amigo 2 y su cuate seguían danzando y danzando… y danzando. Escuchábamos a doña dueña animar a la gente por micrófono “No bailen como bugas, cabrones”.
Por ahí de las 4 nos dieron las gracias y me adelanté al guardarropa. Después de pelearme porque no me daban mi abrigo (¿¡qué tan difícil era saber que el único rojo, hermoso, DE DAMA, era mío… y no ese saco tipo “ñor”). Ya me alargué con este tema, que era sólo la introducción, pero la cosa es que, además de toparme a un par de chavas conocidas que se pusieron todas nerviosas cuando las saludé alegremente, al final, cuando estaba realmente molesta por el retraso de mi abrigo y el botón que se le cayó, alguien me volteó a ver y con tonito borrachil me dijo: “¿Qué ya no me vas a saludar?” Alcé el rostro y me di cuenta de que era un compañero de primaria de mi hermano mayor, con quien me llevaba mucho durante la secundaria. Nos dimos un abrazo y la siguiente pregunta que me hizo fue…
“¿Ya te casaste?” Mi cara seguro le hizo saber que no era la pregunta adecuada. “¿Cómo que si estoy casada, fulano? No, soy felizmente soltera.” En ese momento no pensé que tal respuesta, en ese lugar, podría haber significado “Soy lesbiana”, pero ni me pasó por la mente (Lata inocente).
El chiste es que don amigodelainfancia quiso resarcir el daño y me dijo: “Por supuesto, con razón estás igualita, ¡qué bárbara! Porque nomás se casan y se ponen gordas y viejas”. Me reí,“ ¿En serio? Yo conozco hombres solteros de nuestra edad que están bien panzones, pelones y avejentados.”
La verdad es que varias de mis amigas casadas (que no mis cuates, esos sí están bien acabados) están mucho más en forma que yo, ya que entre chiquillos y trabajo no tienen tiempo para desarrollar los michelines que yo sí tengo. Ya no supo cómo arreglarle, así que comentó: “Si nuestras madres nos vieran en estos sitios…” No sé qué cara hice, pero entre una mueca para evitar la carcajada y para ya no abrumarlo más, mejor le presenté a mis amigos, que seguían la bizarra plática junto a mí.
Pero, como siempre, el asunto me dio vueltas en la cabeza: ¿por qué no preguntar “¿Qué tal tu vida?” o algo así que te lleve a contestar: “Ah, me casé a los 20, ahora tengo una puberta de 11, que ya entró a la edad de la punzada y está insoportable, y otros cuatro, que son una monada. Me divorcié y ahora estoy saliendo con alguien 8 años menor” o cualquier cosa así? No, la casadera primero. ¿Será que, de plano, sí tenemos algo “malo”? ¿Habrá remedio para nuestro mal?… “El mal de la no casada”…
Pasó. Hace dos días acudí a un restaurante muy lindo, de esos en donde todo se vende, en donde exhiben hermosas artesanías mexicanas y que es muy famoso por un rinconcito, dedicado a todas nosotras… las solteras de más de… ¿15?, ¿20?, ¿25?, ¿30?, ya ni le sigo…
El término “solterona” me parece muy adecuado para el lugar, pues cuando alguien lo menciona, viene a mi mente una mujer de edad avanzada, vestida de gris, que “se quedó para vestir santos”. ¿Qué significa eso?, pues que se la pasa en la iglesia todo el tiempo, ayudando al padrecito con las tareas de la parroquia. Y le queda el contexto como anillo al dedo al “Rincón de las solteronas”. Así se llama, sí.
Es muy divertido, porque hay chorromil San Antonios de cabeza, desde los de juguete hasta uno enorme, de esos de las iglesias (y que dan miedo), además de rezos, milagritos (que son adornitos de oro que se colgaban en los mantos de los santos… digo, por si no sabían), pinturas representando los milagros y agradeciendo al santo… y, claro, la libreta de las peticiones, además de muchas cosas más. Se supone que hay un ritual que debes de seguir, además de depositar unas monedas (que tienen que ser regaladas, por cierto) y darle no sé cuántas vueltas al San Antonio gigante.
En esta ocasión no le di vueltas a la imagen (sí, ya una vez lo hice), porque estaba lleno y… en realidad no iba a eso. Pero como es miércoles de 2 x 1, ahí les va un regalito para todas (y también aplica para los chicos a los que les pase lo mismo con esas preguntas incómodas, aunque a ellos no los ven con cara de: “pobrecita”, sino de…) las que estamos de a 1 x 1, para terminar con “la maldición de la No casada”: 
San Antonio bendecido
yo te suplico llorando
que me mandes un marido
porque ya me estoy pasando.
No te pido un general
sólo quiero alguien formal
sea ladrón o criminal
aunque sea un soldado raso
o un recluta de cuartel
para casarme con él.
El chiste es tener marido
ya ves cuanto he padecido desde el materno regazo.
San Antonio bendecido ¡¡pos qué no ves que me paso!!
Acuérdense que hay que poner a San Antonio de cabeza, ¡que sufra el grosero!
Si se casan, favor de pasar a mi domicilio y dejarme alguna prenda de oro… digo, por el “milagrito”.

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Tags: La vida cotidiana de la Lata y sus amigos... por latamoderna
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