MI PRIMERA VEZ
El sábado fue mi primera vez. Me da un poco pena decirlo, y no sé si porque no había pasado antes o porque… pasó.
El miércoles a medio recibí una llamada de mi amiga política. “¿Ser una figura pública te permitirá asistir a un mitin político?” (juro que eso dijo) “Bueno… sólo por ti,” respondí.
Problema uno, ¿qué te pones para un acto proselitista de un candidato que ni conoces? Digo… para tampoco llamar mucho la atención. ¿Los colores del partido será lo adecuado? Prohibido el amarillo y el azul (supongo), ¿ropa deportiva? ¿Lentejuelas? Argggg…
Con esto de la novedad del clima (de un día para otro comenzó a hacer frío, pero luego calor) me puse algo calientito y me lancé hacia lo desconocido… hacia el PRI.
Honestamente no sé qué actos proselitistas se ponen mejor, pero definitivamente después de este día tengo ganas de acudir a uno del Peje… Ahora entenderán por qué.
Se supone que el evento iba dirigido a mujeres y la carta fuerte era “don sexy gobernador recientemente viudo cuyo nombre omito”. Y vaya que fue fuerte.
Nos quedamos de ver afuera del lugar del acto. Éramos como ocho mujeres y la convocadora tampoco sabía bien de qué se trataba el asunto. Al parecer todas éramos primerizas.
Entramos a una parte de un centro de convenciones y había poca gente. Algo de ruido y botellitas de agua con las caras de los candidatos impresas (no miento)… Total, que tomé mi agua mirando a don candidato a la gubernatura de cabeza, con sus grandes y conejiles dientes a todo lo que dan. Me di cuenta de que me sentía fuera de lugar.
De verdad yo juraría que a estas personas más que una torta, un aguita con carita incluida en la etiqueta, unos globos verdes y rojos y unos pompones les daban una corta feria por echar porra.
Si pensamos que los artistas y los “artistas” son las únicas divas del mundo… los políticos no se quedan atrás. Los candidatos y sexy carnada, digo, invitado, llegaron ¡una hora tarde! Pero lo mejor estaba por venir.
Cuando llegaron todo era como en alfombra roja: los camarógrafos no dejaban de presionar sus disparadores, los guardaespaldas quitaban a los tumultos y las mujeres se subían a las sillas, gritaban y tomaban fotos con el celular. Yo no lo podía creer. Me dijeron emocionadas: “Está guapísimo, ¿ya lo viste?”… Pues el señorcito (sí, es bien chaparro) está muy lindo, hay que aceptarlo, y se nota que sabe bien jugar sus cartas. Pero todo el griterío, los periodistas haciendo preguntas, el gobernador saludando de mano y posando para las fotos… mientras los candidatos esperaban adelante… sin que nadie los pelara. Fue como una revelación. Rarísimo…
Lo que dijeron después, quién sabe qué fue… yo seguía recuperándome de la conmoción. El acto duró máximo 15 minutos… ¡Tanto para eso! Pero ahora sí, nadie me podrá contar… Si eso sucedió con este señorcito, ¡puedo imaginar un acto del AMLO! Ay, invítenme a uno.
