ME GUSTAS MUCHO
¿No te preguntas a veces por qué decimos las cosas después de tanto tiempo?
Antes de irme a vivir fuera de México sucedió algo extraño, hombres a mi alrededor empezaron a fijarse en mí, o mejor dicho, a expresar que se fijaban en mí. Este fenómeno me parecía francamente raro, pues nunca me he considerado muy popular con el sexo masculino, además de, claro, ser Lata, “la amiga poca madre”. Y, bueno, de repente tuve la sensación de que los pretendientes me salían “hasta debajo de las coladeras”.
Todo comenzó cuando conocí a “Animalito de la naturaleza” y empezamos a salir. Éramos buenos “amigos”, la pasábamos genial juntos y las hermanas me adoraban (tengo que recalcar que las hermanas siempre me adoran, je). Pero yo bien sabía que no podía ser nada serio, en un mes yo dejaba el país por quién sabe cuánto tiempo, ¿no? Y Animalito no era en realidad el tipo de hombre que me latiera para algo “serio”.
Así yo iba por la vida, con esta nueva “aventura”, cuando un amigo de muchos años (10, para ser exactos) y yo tuvimos una de esas charlas íntimas por ICQ… Aquél hombre a quien muchas de mis amigas admirábamos en secreto (en realidad no tan secreto), el popular hijo de famoso señor estaba frente a su PC diciéndome que siempre le había gustado. Yo no daba crédito a lo que leía en aquella pizarrita negra del mensajero más popular del año 2001. “Pero tú también me gustabas,” confesó La Lata. Para ser honesta en mi adolescencia yo no me sentía para nada atractiva, y que ese “niño de mis sueños” estuviera fantaseando conmigo era prácticamente imposible… aunque en la vida real lo había sido.
Dos días después, un ex profesor de la universidad me tiró el perro directo, a la cara: quiero todo contigo. ¿Pueden imaginar mi expresión? “¡¿Que quéeeee?! Pero, pero, pero… ¿a qué hora pasó eso?”
Finalmente, un ex compañero de famosa televisora donde trabajé me dijo más o menos lo mismo: mi faldita pequeña con mis medias de rayitas siempre le habían encantado.
¿¡Por qué ahora?! ¿Por qué precisamente ahora que La Lata se iba a la conchinchina era que salían todos esos interesados? Realmente era molesto: tantos fines de semana sin naaaada que hacer, tantas noches frías solita cual hongo en época de secas (imaginen a un hongo en época de secas) y ahora que a) tenía maletitas listas para viaje, b) Animalito y yo la pasábamos tan bien juntos y c) ciertamente no quería una relación seria… es que estos individuos mostraban interés.
¿Sería porque ahora sí no había nada que perder? Entonces, no entendía, neto, por qué ya que me iba, ¡¿por qué?!
Al final, tengo que confesar que me fui muy feliz, sin remordimientos y con mi autoestima bastante más alta (lo cual siempre se agradece, hay que decir). Pero siempre me ha quedado ese guisanito: por qué cuando tú te emparejas, cambias algo en tu vida, o sienten “que te les vas” es que los valientes salen de sus escondites y se lanzan a la aventura de decirte la verdad. ¿Será que ante la lejanía ya no se ven amenazados? ¿O es el simple hecho de que al emparejarte te pones más linda, reluciente?
Ahora en mi messenger tengo una foto en donde me gusta mucho cómo salí. De hecho, busqué una imagen de algún momento donde me hubiera sentido realmente feliz (mi ánimo no había estado alto…). La que encontré fue la de mi fiesta de 30 años, un evento particularmente bueno (me fascinó cumplir 30 y tuve una fiesta genial). La tomó mi ex… del que yo estaba muy enamorada, así que luzco (la neta) radiante. Esa foto ha sido todo un hit… La frase más original de todas fue: “Ahora sí, me convenciste de convencerte”. Neto, me da cosa hasta pensar en cambiar la foto, aunque sea todo de “chocolate”, al final nomás es puro blablabla, pero ¡ah!, cómo te levanta el ánimo.
Sé que suena a una tontería, pero sólo por el hecho de tener esa imagen y recibir tantos “Ah, sales re bien”, “Oh, pásame esa foto” (hecho, que confieso sigo sin entender, ¿para qué quieren una foto mía?), “Sales bien sexosa”… y otras expresiones que omito para no verme mamona (¿más?); a una siempre la hacen sentir más bonita. Y, claro, eso luego luego se refleja. Aunque no lo crean, siempre, siempre nos hace bien escuchar que nos creen lindas… Sí, ¡vaya tontería! Deberíamos de saberlo… pero nos encanta oírlo.
Pero, ¿por qué nos callamos las cosas? ¿Tienen que pasar 2, 5, 10 años para que nos sintamos con valor para decirle a alguien: Fulan@, me gustas un montón? Ojalá no pasara tanto tiempo. Ojalá comenzáramos todos a correr el riesgo (como la gran Lady Zen) y nos atreviéramos a tocar esa puerta, plantarnos y decirle a ese alguien: quiero intentarlo contigo.
¿No creen?
P.d.: Ante mi confesada adicción no pude dejar el “miércoles dos por uno” y comparitr esto con ustedes. Pero lo más chido fue encontrar sus comentarios en el post anterior, no me había dado cuenta de “la posición” en el ranking. Gracias por las felicitaciones
