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Nuestra responsabilidad social

¿Para qué estudiamos periodismo o ciencias de la comunicación?… O cine, o diseño gráfico… 

Todavía en la escuela muchos tenemos sueños utópicos, éticos… tenemos sueños de que seremos así o asá. Una vez que sales te enfrentas al “mundo real” y te das cuenta de que tal vez eso que proyectaste durante los cuatro o cinco años que dedicaste a “formarte como profesionista” es probable de que se quede en un cajón de tu cuarto de adolescente… o simplemente lo olvidas. 

Cuando pienso en periodistas no pienso precisamente en alguien que luche por sus ideales… por no describir bien la imagen que sí viene a mi cabeza. Algunos se van por “lo que pueden ganar”, otros en el “glamour” de los medios… pero algunos van más allá.  

Hay personas que se pasean por la vida sin cuestionarse las situaciones más elementales; que sólo subsisten, que viven por vivir… tal vez no tanto, pero van como a ciegas: levantarse temprano, hacer algo de ejercicio, ir al trabajo, después quizá hacer las compras, regresar a casa, ver televisión… dormir. Con sus variaciones ¿cuántos de nosotros no vamos así, subsistiendo? 

Un periodista, un comunicador, un escritor, un cineasta, un diseñador gráfico, un político, un publicista… (y pongan las profesiones que les vengan a la cabeza y que tenga que ver con transmitir información a la gente) es enseñado (quiero suponer) que tiene una responsabilidad social; que su trabajo puede impactar no sólo en la vida diaria del otro (que será consecuencia de…) sino en sus mentes, en sus corazones, incluso habrá quien tenga ese poder maravilloso de cambiar  ideologías (me vienen a la mente casos tan distintos como Karl Marx y Louise L. Hay). 

Todo esto salió por una película que acabo de ver “Todo corazón” (A Mighty Heart). Esta cinta de Michael Winterbottom está basada en la experiencia de la periodista cubano-francesa Mariane Pearl y su esposo, el estadounidense Daniel Pearl, secuestrado y asesinado en Pakistán. La terrible ejecución fue cometida por terroristas, grabada por los mismos y subida a Internet (por quién sabe quién).  

La pareja de periodistas se conocieron y se enamoraron porque tenían ideales similares. Daniel decía que podían lograr un cambio gracias a su profesión. Mariane dio una entrevista en la que afirmó que su esposo nunca mintió en sus textos, que él tomaba muy en serio esa responsabilidad que conlleva el ser el vínculo para que la gente se entere de lo que sucede en el mundo. Él creía… y hasta el final lo hizo. (Tengo tanto que pensar y reflexionar gracias a esta película que daría para tres o cuatros textos más…) 

Hace casi un año solicité una beca para estudiar una maestría en “El País”, un diario español. Al principio no sabía para qué me iba a servir, pero sentí la urgencia de llenar el formulario y enviarlo a la Fundación Carolina. Poco a poco fui descubriendo que por medio de mis crónicas estaba dándole a la gente un pedacito de lo poco que he tenido oportunidad de ver, de experimentar. Y quise asumir esa responsabilidad de la mejor manera: haciéndolo bien. 

Desde que estoy en este medio de los contenidos editoriales mi trabajo ha sido casi empírico, claro, con los conocimientos dormidos que se quedaron asentados en algún sitio de mi mente inconciente, pero ha sido un continuo aprender. 

Es importante para mí decir que también conocí a varias personas que me inspiraron a ser una emisora de información. Una de ellas es ahora mi jefa, que siempre ha creído en mí; otro fue mi profesor de la universidad y está continuamente corrigiéndome, presionándome para que no me duerma en mis laureles, y, sobre todo, apoyándome; tengo que nombrar a mi papá y una prima hermana. Pero a quien la película me recordó fue a un periodista en especial. Sí, un periodista que ama su oficio y que siempre me dijo: “Me realiza ser los ojos de la gente, conocer las realidades y transmitirlas”.  

Estoy convencida de que todos tenemos una responsabilidad social; todos impactamos de alguna u otra manera a alguien, en algún momento, en algún sitio. Tal vez yo lo haga por medio de estas letras o quizás por un comentario que realice o deje de hacer; de cierta forma (y tal vez mucho más sutil) por la manera en que me visto, o me peino (o no me peino, que viene siendo lo mismo), por mi olor, por mi mirada… Eso, completito, está enviando mensajes, estoy transmitiendo continuamente. Igual que tú y tú.  

Hace un par de semanas una persona me dijo: es que me da miedo ya hablar contigo porque todo lo que digo lo destrozas cuando escribes. Honestamente se me sentí mal porque tal vez tenga razón. Pero no es que lo destroce, es que ella tiene un GRAN impacto en mí; me hace cuestionarme de todo, un impacto que me hace pensar, reflexionar… ¡y qué bien tener alguien así en mi vida! Esa persona que impacta en mí no es alguien que vaya a pasar sin dejar huella, ¡qué va!  

Cada uno de nosotros tenemos una responsabilidad social, somos parte de una comunidad y como tal la influimos. Que seamos conscientes de ello o no, eso es de cada uno… ¡incluso esa inconsciencia impacta! 

Esta semana recibí un correo electrónico diciéndome que “muchas gracias por participar” y que no había sido seleccionada para estudiar con ese diario español. Sí me sentí un poco desilusionada… pero no se detiene el mundo. Ahora lo que viene es saber qué sí voy a hacer para seguirme preparando, para seguir afrontando y tomando esa responsabilidad social que tengo en mis manos. Porque a veces, uno piensa que tiene que ser “extraordinario” para lograr un cambio en su entorno… y a veces sólo tiene que abrir los ojos, ocuparse de uno mismo y comenzar a vivir.