Qué público de porquería
¡HEEEY! No, tranquilos, tranquilos… que eso no lo digo yo y menos a ustedes.
Es miércoles… dos por uno… cinito… pareja… palomitas… nachos… mmmmm. Pero no, no voy a ir al cine el día de hoy. Resulta que voy a sustituir a una amiga en su clase de… “Personalidad y etiqueta social” (FX risas grabadas). Entonces hablaré del “Poder de una mirada”. Por lo tanto, maquillé muy bien mis ojitos pispiretos, me puse corrector de ojeras y hasta corilio. Y en la noche concierto de Jazz… con el BORBÉLY MIHÁLY QUARTET ¡Emoción!
Entonces nada de “dos por uno” el día de hoy. Aunque sí quiero hablarles un poco del romance. El romance “a la argentina”. Y es de esa nacionalidad porque el hombre que ha inspirado este post proviene de aquellas lejanísimas tierras, Luis María Pescetti.
¡Ahhh! Ahora van entendiendo de dónde viene el título de este post. Pues sí, de su disco de 2005.
¿A quién no le ha pasado que espera esa cita especial y todo, TODO resulta mal? A mí sí. De hecho, la únca borrachera en la que no me acuerdo de casi nada de la noche me sucedió con alguien con quien de verdad quería quedar bien. No les voy a contar de qué sí me acuerdo, pero eran como tomas de película; una muy absurda película.
Y bueno, habrá muchas ocasiones más para contar de las citas desastrosas, ahora mejor les comparto la de este argentino-casi-mexicano, Pescetti; que aunque no se especialista en temas del corazón (sino en temas para niños) tiene una canción que ni mandada a hacer.
ACCIDENTE
(La busqué en youtube pero no está…)
Hoy es el día tan anhelado, viene la dama que siempre he esperado.
Limpié la casa, barrí la calle, ordeno y cuido cada detalle, que nada falle.
Me baño porque quedé mugriento, me perfumo y me pongo ungüentos. Lo tengo todo calculado, sólo me importa ser de su agrado, bien aliñado.
Practico bien mi parlamento, frente al espejo lo digo lento. Recurro a todo mi talento para expresarle con refinamiento mis sentimientos.
Suena la puerta de mi alojamiento. ¡Debe ser ella! Yo lo presiento. Corro a abrirle, estoy sediento de ver mi amada, mi complemento. Estoy contento.
Cuando la veo me siento pequeño; es tan hermosa que parece un sueño. Por un momento estoy tentado de preguntarle si no va al lado, ¡es demasiado!
A casa nunca, en toda mi vida, traje una dama tan llamativa. Mi panza cruje ante el portento, la invito que entre al departamento y la oriento.
“Ponete cómoda”, voy sugiriendo, ella lo hace, quita su atuendo. Lo guardo pronto, prendo un incienso y, aunque no quiera, me pongo tenso, pues soy propenso.
Preparo un trago, en tanto pienso de qué le hablo, con qué comienzo. Mientras, por dentro, estoy reprimiendo un movimiento que voy sintiendo, sigo sonriendo.
Prendo la radio, me siento al lado, sigo sonriendo, pero asustado. Me descompongo de tanto miedo. Y, de repente, muy traicionero, se escapa un pedo.
Busco una excusa, salgo tosiendo, con disimulo, sigo sonriendo. Huyo hacia al baño como un torbellino. ¿Serán los nervios, que no domino mis intestinos?
Temo hacer ruido, por si está oyendo, abro canillas, estoy flatulento. Y, aunque no quiero, ocurre algo horrendo, algo tremendo: se van mis vientos con gran estruendo.
No hablo de un pequeño alboroto, hablo de un ruido como un terremoto, un estallido sin semejanza, así fue el ruido que hizo mi panza en su pujanza.
Después del ruido y de los olores que di a la dama de mis amores, sentí vergüenza por el trastorno. Pensé: hasa ella, yo no retorno, por el bochorno.
Por timidez no salí del baño, así encerrado llevo casi un año. Esta canción desde ahí la escribo, pues yo la puerta no la he sentido, que se haya ido…
__________________________
Y para no quitarle el aire romántico al post, ahí les va una serenata…
Con amor, de la Lata.
