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Lata rata… (post femenino).

El sábado vi un anuncio en el que Carolina Herrera hablaba sobre el cáncer de mama. Sí, para el que no sepa Carolina Herrera es una mujer, también una marca, claro, y además es latinoamericana.

Esto es sólo una aclaración, pero me hizo pensar en algo que es mucho más común de lo que nos imaginamos, esa enfermedad que ataca a chicas y grandes. El cáncer. En especial el de mama. Parecería que eso sólo ataca a las mayorcitas y el mundo entero se quedó de a seis cuando Kylie Minoge hizo pública su lucha contra esta enfermedad. Y no, a todas nos puede suceder. Tengo un par de primas menores de 40 años que han sido tratadas por esta causa. Y a una conocida a los 28 le extirparan un pecho.

Lo más grave es que muchas (MUCHAS) mujeres todavía tienen miedo de ir al ginecólogo. Así que, hoy, quiero unirme a esta campaña e invitar a todas las damitas lectoras de este blog a que se revisen. Y a los caballeros a que apoyen a sus parejas, amigas, hermanas y madres para que asistan con el médico.

Para ilustrar esta experiencia, me robo un texto de una querida amiga, publicado en siriusfem en abril de 2007. Es largo pero ágil y divertido. La visita al ginecólogo.

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Parece increíble que en pleno siglo XXI con el montón de avances tecnológicos en materia de comunicación (a los que nos llegan, claro) hagamos oídos sordos y ojos ciegos a temas como la prevención de enfermedades; seguimos creyéndonos intocables, quizá pensemos que sólo le pasa a determinado grupo de gente o simple y sencillamente nos da terror consultar al médico porque “qué pena” o ¿”y si me dice que tengo tal o cual cosa…?”

En nuestro país, su terrible cultura machista que promueve un extremo pudor para nosotras las mujeres nos aleja de cuidar nuestra salud y nos provoca sentir vergüenza y pánico de mostrar nuestro cuerpo a un médico, y peor si es que tiene que tocarnos, lo que desata la ira de los maridos más ignorantes que por tal historia nos aseguran iremos a parar directamente al infierno.

Por todo esto visitar al ginecólogo(a) es generalmente toooodo un desafío emocional, pero mira, hay que aprender a no tomárselo tan a pecho. Te explico: si tienes una infección en el oído te hacen casi lo mismo… te revisan por fuera, te introducen un aparatito para ver por dentro, te toman una muestra para mandarla al laboratorio y descubrir qué bacteria, virus o bicho raro te está causando el malestar y, claro, es molesto y chance te duela un poco, pero ¿¿¿verdad que para esta situación no te haces “coco wash” antes de llegar al consultorio, ni mientras te atienden repites una y otra vez “concentrarse y no sentir”, al tiempo que inhalas y exhalas de manera rítmica y pausada???

Yo sé, son años y años de vivir inmersos en esta cultura y por más sencillo que suene no es fácil, pero ¿no crees que será peor padecer de cáncer y exponerte a tratamientos dolorosos, costosos y tediosos o hasta morir de ello… mientras, la gente que te quiere sufre y tú te culpas pensando que pudiste haber hecho algo a tiempo por ti y por ellos, por razones como “a mi vieja naiden que no sea yo le pone un dedo en cima” o “qué pena con el doctor” o “cómo voy a llevar a mi hija a que la evalúen de esa forma tan horrorosa”…?

Recuerda que es su trabajo y que los que tienen experiencia han visto cientos o miles de mujeres y además es su “modus vivendi” que de seguro no quieren arriesgar por pasarse de la raya, ni con alguna chica que tenga cuerpo de modelo de Playboy… (no olvides que para ser médico especialista necesitas cuatro o cinco años de carrera, más uno de internado, más uno de servicio social, agrégale 1, 2 o 3 para lograr una especialidad y otro poco si buscas otra sub-especialidad). Claro que nunca falta un indecente, pero son los menos y por eso no vas a dejarte revisar por cualquiera que pase por la calle y te diga soy ginecólogo… ¿verdad?

La primera visita al ginecólogo será distinta según la situación por la que acudas a él… Si es que estás embarazada, para hacerte un papanicolau (método para el diagnóstico de cáncer uterino), porque te detectaste una “bolita” o dolor en un seno, porque tu menstruación es irregular o sospechas de alguna infección o enfermedad venérea, porque estás buscando quedar embarazada y no lo has conseguido o porque…

Antes que nada debes decidir si te sentirás a gusto con un doctor o prefieres una doctora. Es recomendable que preguntes a amigas o familiares que tengan un(a) ginecólogo(a) de confianza y que te hablen de su trato y de por qué acuden a ella o él. También es bueno que indagues si han visto a otra(o) y las razones por las que cambiaron de médico… De todas maneras si ya llegaste a la cita y al saludarlo(a) o al empezar la entrevista sientes que no te late o no hay química o no te inspira confianza, igual puedes y debes huir, es muy, pero muy importante que te sientas segura en el lugar, que las condiciones de limpieza y atención sean adecuadas para ti y que confíes ciegamente en la persona que elijas porque deberás contestarle y confesarle cosas que muy probablemente sólo tú sabes de ti… sí, además de tu edad (¡ja!)

La entrevista inicial consiste en presentarse mutuamente, te preguntará las razones de tu visita, y empezará a hacer tu historia clínica, lo que incluye tu nombre, edad, tipo de sangre, enfermedades e intervenciones quirúrgicas que hayas vivido, si tomas algún medicamento usualmente, antecedentes familiares (cáncer, diabetes…), alimentación, si fumas, bebes, haces ejercicio… Luego querrá saber cuándo empezaste a menstruar, cómo es tu menstruación (regularidad, duración…), después te interrogará sobre si ya has tenido relaciones sexuales, cuándo empezaron, si tienes vida sexual activa, métodos anticonceptivos que usas o has usado… si tienes dudas sobre alguna alteración física o dolor que sufras…
Es de vital importancia que seas sincera, ya que esto le ayudará a llegar un mejor diagnóstico. Es recomendable que hayas hecho una lista de preguntas para que resuelvas todas tus inquietudes de una buena vez.

Depende de la razón por la que estés ahí, él o ella harán lo conveniente, por ejemplo si estás embarazada y el doctor cuenta con un aparato de ultrasonido, te harán uno… si el especialista es hombre, seguro será auxiliado por una enfermera o “asistenta”, quien te tomará la presión, te pesará, contará los latidos de tu corazón, te preparará y te dará algunas instrucciones y luego te harán un ultrasonido para monitorear al bebé.

Si tienes dudas sobre una “bolita” en el seno, tendrá que tocarte mientras te explica el procedimiento que está llevando a cabo y te enseñará a hacerte el examen de mama para que lo realices correctamente cada mes; dependiendo de lo que encuentre te indicará qué deben hacer. De verdad es muy importante que te revises periódicamente para que tú misma puedas ayudarte a prevenir el cáncer de mama… ¡Hey! ¡¡¡TÓCATE!!! (No es por asustarte, pero sólo en México muere una mujer cada dos horas y 40 minutos de cáncer de mama.)

Si vas a hacerte un papanicolau o si tienes alguna infección o malestar en la vagina te revisará los genitales, primero el exterior (recuerdas lo que te conté líneas antes sobre el oído, ¿no?) para verificar que no tengas alguna lesión externa, (todo esto lo realiza usando guantes y casi siempre se usa un lubricante para que experimentes las menores molestias posibles y a él o ella se le facilitará el trabajo); en seguida te coloca un espejo vaginal muy estrecho que le ayuda a ver el interior de tu vagina y el cuello de la matriz, esto para cerciorarse de que no tengas quistes, miomas, verrugas o algo anormal. En seguida introduce algo similar a un hisopo (sí, como los que usas para limpiar tus orejas) o un mini cepillo para tomar una muestra que posteriormente irá al laboratorio para su análisis (se miden los niveles de hormonas de tu cuerpo). Al final te realizan una exploración para medir y tocar la consistencia de la matriz y de los ovarios. Y es posible que te tardes más en leerme que el tiempo que estarás sobre la camilla de exploración. No olvides que el cáncer cérvico-uterino es la primera causa de muerte por cáncer en las mujeres.

Ojalá que después de leer esto, se te mueva un poco el tapete y si hace tiempo que le estás dando largas a hacerte el papanicolau o visitar al ginecólogo por alguna molestia, por favor VE, esta visita podría salvar tu vida, no esperes a que sea demasiado tarde, recuerda todas las cosas que tienes por vivir: ese viaje que te falta por realizar, ese trabajo que deseas, esos sueños que todavía puedes alcanzar.

Margot.