Comprometerse o no comprometerse
Cuando conocí a Guillermo yo lo vi como un amigo más. Era escritor (según esto de los buenos), amable y muy caballeroso. Me caía bien. Cuando él me conoció pensó que quería que fuera la madre de sus hijos. Así que decidió cortejarme. Me llamaba, me invitaba a salir… Con él fui a la presentación de un libro a la feria del Palacio de Minería.
Ese día, cuando pasó por mí me dijo: “tú sabes que toda elección implica una renuncia, así que tendrás que renunciar a algo hoy”. Tenía dos libros en sus manos, los cuentos de Cronopios y de Famas de Cortazar y un poemario de Mario Benedetti, autografiado por el autor. “No puedes tener los dos, escoge uno”. Mi mirada pasaba de uno al otro. Los hojeaba, los tocaba. Finalmente me decidí por el de Benedetti.
“Toda elección implica una renuncia”. ¿Será por eso que no nos comprometemos, porque no queremos renunciar a algo? Renunciar a la soltería, a las opciones que “podrían venir” (porque ésta opción es buena, pero seguro habrá mejores), a “la libertad”, a “ser yo mismo”, a “mi individualidad”.
Creo que muchos ven al compromiso como algo que pesa, como algo que se sufre.
El comprometerse implica varias cosas, pero es indispensable ante todo, hacerse a la idea. Por muy comprometidos que digamos estar si no actuamos congruentemente, no habrá compromiso.
Ejemplo 1. Juan y Lola son novios. Lola dice estar muy contenta con su novio, pero sigue saliendo con sus amigas al antro y se arregla mucho. Inconcientemente (después lo aceptará) está esperando que algún hombre la aborde. “Nunca está de más tener opciones”.
Ejemplo 2. Rafael y Pedro son novios. Pedro es un gran compositor. Acude a entrevistas, reuniones de intelectuales y, claro, tiene un círculo de fans. A pesar de estar enamorado de Rafael, Pedro sigue halagando a otros colegas compositores: “Qué bien te ves hoy, José. Siempre tan guapo”. Rafael se siente un poco confundido, pero no hace gran cosa. Según Pedro, “era sólo para levantarle la moral, pues estaba pasando por una mala racha”. Por supuesto, con sus fans (hombres, claro está) es un encanto y a nadie le pone un alto: es parte de sus labores como figura pública el recibir toda clase de piropos (y propuestas).
Ejemplo 3. Roxana y Teodoro llevan ya varios años saliendo. Teodoro es mucho más grande que Roxana (digamos, 12 años). Él de “mi amor” no la baja, mientras que ella dice que “sólo salen”. Y aunque lo quiere, no se ve en un futuro con él, cuando Teodoro siempre habla en plural.
Obviamente hay una clara diferencia de percepciones entre los implicados de cada uno de los ejemplos anteriores. Uno actúa más comprometido que el otro.
Pero, ¿cómo se llega a comprometer uno? ¿Se siguen recetas? Más aún, ¿cómo hacerle sentir al otro que sí se está comprometido?
Es indispensable que ambos le den el lugar que le corresponde al otro: el de su compañero. Que lo hagan sentir apreciado y tomado en cuenta. No digo que su mundo gire en torno a él (o ella), no, pero cuando uno se decide por tener una relación las cosas cambian. Sí, elección, renuncia. “Ya no podré besar a fulanita”, “ya tendré que ser más moderada con mis comentarios con sutano”, “ya no podré salir tomada del brazo de mengano”… Adiós a los noches de pasión de una ocasión; see you todos los días de parranda con los cuates. So long salir hoy con “número uno”, mañana con “número dos”, pasado con “número tres”.
Comprometerse es aprender también a escuchar y a dar. Pero muy importante, es aprender a recibir. El dejar que los otros me den no es lo mismo que saber recibir. Aceptar que me den. Entonces, ya la renuncia tal vez no se sienta tan amarga. Ya no se sentirá esa sensación de esconder el anillo de matrimonio cuando hay chicas buenonas, jóvenes y guapas al rededor. Ni dejarles piropos subidos de tono a amigas por el messenger (porque me siento solo y esta vieja no afloja). Comprometerse es bajar la guardia y dejar las defensas en el Sistema Inmunológico. Es pensar en el otro, tomarlo en cuenta pero no por imposición, sino porque le nace a uno. Es cambiar, es transformarse, es entregarse siendo uno mismo y sin perder la individualidad. Comprometerse es dialogar, poner límites y ceder. Es negociar, es tener el valor de alejarse pare pensar y regresar y pedir perdón (se necesita mucho coraje para hacerlo).
Al final, estar realmente comprometido es algo que se siente, en algún lugar de nuestro cuerpo. No se compra, no se puede imponer, simplemente se siente. Y es una sensación que va más o menos así: “Ya no estoy disponible, porque, ¿saben? Estoy enamorado y quiero estar con él/ella.”
Ahí es cuando te das cuenta de que se renunció a muchas cosas porque se hizo la elección… de ganar a esa y con esa persona que camina junto a ti.


Cuando llegué a este sitio en realidad no sabía ni qué demonios era un blog. Exploré un poco e hice mi solicitud. Me otorgaron mi parcela y voilá.