Entries Tagged as ''

Comprometerse o no comprometerse

escanear0007.jpg

Cuando conocí a Guillermo yo lo vi como un amigo más. Era escritor (según esto de los buenos), amable y muy caballeroso. Me caía bien. Cuando él me conoció pensó que quería que fuera la madre de sus hijos. Así que decidió cortejarme. Me llamaba, me invitaba a salir… Con él fui a la presentación de un libro a la feria del Palacio de Minería.

Ese día, cuando pasó por mí me dijo: “tú sabes que toda elección implica una renuncia, así que tendrás que renunciar a algo hoy”. Tenía dos libros en sus manos, los cuentos de Cronopios y de Famas de Cortazar y un poemario de Mario Benedetti, autografiado por el autor. “No puedes tener los dos, escoge uno”. Mi mirada pasaba de uno al otro. Los hojeaba, los tocaba. Finalmente me decidí por el de Benedetti.

“Toda elección implica una renuncia”. ¿Será por eso que no nos comprometemos, porque no queremos renunciar a algo? Renunciar a la soltería, a las opciones que “podrían venir” (porque ésta opción es buena, pero seguro habrá mejores), a “la libertad”, a “ser yo mismo”, a “mi individualidad”.

Creo que muchos ven al compromiso como algo que pesa, como algo que se sufre.

El comprometerse implica varias cosas, pero es indispensable ante todo, hacerse a la idea. Por muy comprometidos que digamos estar si no actuamos congruentemente, no habrá compromiso.

Ejemplo 1. Juan y Lola son novios. Lola dice estar muy contenta con su novio, pero sigue saliendo con sus amigas al antro y se arregla mucho. Inconcientemente (después lo aceptará) está esperando que algún hombre la aborde. “Nunca está de más tener opciones”.

Ejemplo 2. Rafael y Pedro son novios. Pedro es un gran compositor. Acude a entrevistas, reuniones de intelectuales y, claro, tiene un círculo de fans. A pesar de estar enamorado de Rafael, Pedro sigue halagando a otros colegas compositores: “Qué bien te ves hoy, José. Siempre tan guapo”. Rafael se siente un poco confundido, pero no hace gran cosa. Según Pedro, “era sólo para levantarle la moral, pues estaba pasando por una mala racha”. Por supuesto, con sus fans (hombres, claro está) es un encanto y a nadie le pone un alto: es parte de sus labores como figura pública el recibir toda clase de piropos (y propuestas).

Ejemplo 3. Roxana y Teodoro llevan ya varios años saliendo. Teodoro es mucho más grande que Roxana (digamos, 12 años). Él de “mi amor” no la baja, mientras que ella dice que “sólo salen”. Y aunque lo quiere, no se ve en un futuro con él, cuando Teodoro siempre habla en plural.

Obviamente hay una clara diferencia de percepciones entre los implicados de cada uno de los ejemplos anteriores. Uno actúa más comprometido que el otro.

Pero, ¿cómo se llega a comprometer uno? ¿Se siguen recetas? Más aún, ¿cómo hacerle sentir al otro que sí se está comprometido?

Es indispensable que ambos le den el lugar que le corresponde al otro: el de su compañero. Que lo hagan sentir apreciado y tomado en cuenta. No digo que su mundo gire en torno a él (o ella), no, pero cuando uno se decide por tener una relación las cosas cambian. Sí, elección, renuncia. “Ya no podré besar a fulanita”, “ya tendré que ser más moderada con mis comentarios con sutano”, “ya no podré salir tomada del brazo de mengano”… Adiós a los noches de pasión de una ocasión; see you todos los días de parranda con los cuates. So long salir hoy con “número uno”, mañana con “número dos”, pasado con “número tres”.

Comprometerse es aprender también a escuchar y a dar. Pero muy importante, es aprender a recibir. El dejar que los otros me den no es lo mismo que saber recibir. Aceptar que me den. Entonces, ya la renuncia tal vez no se sienta tan amarga. Ya no se sentirá esa sensación de esconder el anillo de matrimonio cuando hay chicas buenonas, jóvenes y guapas al rededor. Ni dejarles piropos subidos de tono a amigas por el messenger (porque me siento solo y esta vieja no afloja). Comprometerse es bajar la guardia y dejar las defensas en el Sistema Inmunológico. Es pensar en el otro, tomarlo en cuenta pero no por imposición, sino porque le nace a uno. Es cambiar, es transformarse, es entregarse siendo uno mismo y sin perder la individualidad. Comprometerse es dialogar, poner límites y ceder. Es negociar, es tener el valor de alejarse pare pensar y regresar y pedir perdón (se necesita mucho coraje para hacerlo).

Al final, estar realmente comprometido es algo que se siente, en algún lugar de nuestro cuerpo. No se compra, no se puede imponer, simplemente se siente. Y es una sensación que va más o menos así: “Ya no estoy disponible, porque, ¿saben? Estoy enamorado y quiero estar con él/ella.”

Ahí es cuando te das cuenta de que se renunció a muchas cosas porque se hizo la elección… de ganar a esa y con esa persona que camina junto a ti.

A los 24 años… (II)

Recuerdo la primera vez que vi los ojitos rasgados de Sean, el jovencito al que tenía que enseñar español y para el que tenía que cocinar. Estaba parado sobre una estructura metálica con un letrero que decía mi nombre, pero nos reconocimos de inmediato. Desde entonces hemos tenido una relación muy parecida a la de madre/hijo, a pesar de que actualmente tiene… sí, 24 años.

Es largo el recorrido, hubo de todo, días de soledad inmensa, días de felicidad. Lo que llamo como “El periodo oscuro de Londres”, más soledad, decepciones, tristezas, descubrimiento, trabajo, mucho trabajo y aprendizaje.

Sí, aprendí mucho, no sólo del idioma sino de la vida. Conocí gente de lugares que no sabía siquiera que existían. Trabajé más de lo que nunca había trabajado. Rompí estereotipos y tonterías que llevaba en la cabeza. La primera vez que limpié una casa por dinero lloré. Creo que esto ya lo había platicado en este blog. Fue fuerte. Las primeras veces que traté de hacer espuma para capuccino y no me salía, también lloré. Pero pronto conocí los mejores productos para la limpieza y descubrí los secretos para la espuma perfecta: firme y abundante.

Tenía tres o cuatro trabajos al mismo tiempo y, además, iba tres horas diarias a la escuela. Pagué deudas y ahorré. Viaje de mochila por varios países con pocos pesos. Dormí en estaciones de trenes y aeropuertos. Fui perseguida por musulmanes y detenida dos veces por la policía en el metro. Me confundían con brasileña, española, polaca, francesa, y yo tenía que decirles que no, “soy mexicana”. Me di cuenta de que hay gente más inculta que yo y gente más culta. Personas más buenas y más malas. Pero siempre, siempre hay alguien dispuesto a ayudarte. Siempre. Después de casi dos años regresé a México. Muy bilingüe y con muchas fotos, tanto mentales como en papel.

Ahora venía lo bueno. Tenía 27 años y quería mi carrera de regreso.

Pero el tiempo había pasado y mientras yo cumplía sueños, mis compañeros de la universidad, mis amigos de la prepa habían comenzado a forjar familias, tenían coches y algunos casas. Algunos ya eran empresarios y hasta hijos grandotes tenían. Claro que me sentía mal, como “yo no tengo nada de eso”, sólo mil quinientas libras en mi cuenta. Nada más. Volví a empezar, pero más grande, más fuerte y más preparada.

Poco a poco empecé de nuevo a picar piedra, y ahí voy. En un par de meses cumplo 32 años y aún no comienzo mi fondo de ahorro para el retiro que había dicho que haría desde los 30. Sigo sin tener prestaciones y con millones de dudas (pero sin deudas, hay que decir).

Tampoco tengo posesiones materiales aún, porque ha costado trabajo abrirme camino con sueldos pequeñitos y gastos no tan pequeños. Ahí voy. Más segura, más confiada y, a veces, un poco menos neurótica (gracias a la terapia).

Ya no me molesta que me corrijan mi trabajo, pero tampoco me quedo callada si algo no me parece. Eso, no a todos les gusta.

Tal vez no he hecho lo que he querido al 100 por ciento, pero en ese camino he tomado decisiones que me han regalado experiencias forjadoras.

Sí, a veces me desespero y me es inevitable ocasionales comparaciones con gente que parece que “ha hecho más que yo.” Pero cada vez son menos y ¿saben cuándo disminuyeron considerablemente? Cuando cumplí 30.

Pero también volteo hacia atrás y trato de ver lo que sí tengo, lo que sí he hecho. Lo que he logrado. Y no hablo sólo profesionalmente, sino personalmente. Me estoy aprendiendo a conocer. Con ayuda, con caídas y recaídas. Aguantando preguntas incómodas como “¿Y ya te casaste?” o “¿No piensas tener hijos? El reloj biológico sigue su paso, ¿eh?” A veces me dan risa, a veces no tanta. Con procesos internos (que es cuando algo me mueve fibras internas y me echo clavados para tratar de resolver todo eso que se mueve para superarlo… aunque sea un poquito).

Tengo casi 32 años y sigo siendo freelance. Me siento joven pero elegí ya ser una adulta. Y quiero aprender cada día algo nuevo. De mis alumnos, de mis compañeros de trabajo, de mis jefes, de mis padres, de mis amigos, de mi pareja, de la tele, del internet. Quiero aprender porque también la arrogancia (y ego) de antaño ha disminuido. Ni soy la mejor del mundo pero siempre puedo aprender.

Así, le digo a Kari (y a quien le quede el saco), que es normal tener crisis, que es normal preguntarse si se están haciendo bien las cosas. Pero que también es bueno reconocer todo lo que sí se ha hecho. Aunque pueda sonar petulante, más si se escribe y se exhibe como en este blog. Pero, ¿qué quieren? A veces uno necesita auto-reconocimiento.

A pesar de las dudas, los temores, las lágrimas, las histerias (que últimamente y gracias a las hormonas externas han aumentado) uno va caminando porque así lo ha elegido. Sin prisas, pero sin perder el tiempo.

p.d. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ganó Marion Cotillard!!!!!!!!!!! 

A los 24 años…

a-los-24.jpgCuando llegué a este sitio en realidad no sabía ni qué demonios era un blog. Exploré un poco e hice mi solicitud. Me otorgaron mi parcela y voilá.

Mientras esperaba la aceptación comencé a chatear con un par de bloggeros, Surtidorico y el Pelón en los Tiempos del Cólera.

En ese entonces Surti estaba muy laboriosa trabajando en una agencia y vivía aún solita (bueno, con los papás). Gomís radicaba en Colombia, estaba grabando una telenovela y contestaba a preguntas como “¿Es el zorro el enmascarado que pone “Z” en las paredes?” o “¿Usas pelucas para hacerla de malo?” que yo le hacía constantemente.

Poco a poco fuimos armando una amistad y a ellos se fueron sumando otros ciberamigos, como Karina. Ella, una de las MCG, llegó mucho tiempo después y a través de Reyna. Kari se ha vuelto una buena confidente y amiga. Y por eso, este post va un poco para ella, porque sé que tener ventitantos no es tan sencillo como parece (pero lo puede ser).

Cumplir 24 años es más conflictivo que 25, pero menos que 26. Cuando cumplí mi primer cuarto de siglo me fui a festejar a Acapulco. No es que me guste esa playa, de hecho me parece bastante fea, pero era lo más cercano a Ciudad de México, donde vivía entonces.

Siempre he dicho que la década de los 20´s es medio complicada. Uno se exige mucho, se pregunta todo el tiempo si está perdiendo sus mejores años, su juventud, si está caminando hacia donde siempre quiso o… peor aún, se pregunta qué demonios quiere hacer con su vida. ¿Me caso? ¿Me estoy quedando? (Además, el ego está en continuo crecimiento… hay que decir.)

A mí, al menos, me pasó. Salí de la universidad a los 22. Y no tenía idea de qué hacer, pero no me preocupé demasiado. Tal vez la comodidad de contar con cama y comida me tranquilizaba. Como ya lo he relatado, regresé a la ciudad de México; yo y mi maleta, sin muchos planes y menos conocidos. Sí, el primo incestuoso que un par de años antes había querido “echarse esta sopita” y una amiga actriz. No importó. Entre más joven, uno es más arrojado, menos miedoso; tal vez menos precavido.

Así empecé aquí y allá y estuve por casi tres años trabajando en un mismo sitio, pero ¿saben qué? No tenía ninguna prestación (y sólo la he tenido cuando era adolescente y trabajaba en Burger King). A mis 24 no me preocupaba demasiado, tenía una buena vida y gastaba toda mi quincena siempre. Me endeudé con tarjetas de créditos (dice una amiga que uno piensa que todo es gratis con ese plastiquito) y parte de mi lana se iba en pagar. Era medio inconciente e inocente.

Al tiempo de estar en la televisora me aburrí. Empecé a buscar trabajo pero nada salía. Quería un cambio. Cuando empecé a trabajar en aquél sitio, en 1999, conocí a “Guevo”, una amiga siete años más grande que yo. Me contaba de sus aventuras de aquí y de allá y gracias a ella me decidí: a los 25 años conocería Europa.

Entonces, cuando vi que no salía nada de chamba, abrí los ojos. Todas las señales me mostraban un camino. Vivía con dos amigas, una de Morelia y otra de Cuernavaca. Cierto día la de Morelia dijo: “me regreso”. El conflicto se veía venir. Era mucho dinero para pagar entre dos y conseguir una rommie iba a ser complicado. La verdad es que somos bien quisquillosas, y quienes han vivido con “extraños” sabrán que no siempre es fácil la convivencia.

En mi trabajo se manejaba algo así como el terror psicológico: no sabías cuánto tiempo ibas a durar ahí. Casi todos mis amigos habían sido “despachados” la víspera de su último día, y como yo era freelance, si me pasaba a mí me iría sólo con la patada bien marcada en el trasero.

Lo pensé mucho.

Una amiga decidió que quería irse a conocer mundo y sugirió convertirnos en niñeras. Buscamos opciones por internet y me empeñé en hacerlo. Dios, la vida, el destino o mi perseverancia me pusieron en el camino de una familia fantástica: los Patterson. Lo más curioso es que siempre supe que viviría en el Reino Unido. Siempre.

Total, que vendí mis cosas, agarré mis pocas pertenencias, mis deudas, y quince días antes de partir (literalmente) hablé con mi jefa. “Bertha, me voy a ir a Inglaterra de niñera. Quiero darte las gracias por todo”. En lugar de recriminaciones o algo parecido, me dijo que era lo mejor que podía hacer, ¡que volara, que recorriera el mundo si así lo quería! Claro, no es que todo el mundo tenga que hacerlo, cada quien tiene gustos y necesidades propios… pero yo quería viajar.

El 1 de marzo de 2002 (ya con 25) aterrizó mi vuelo en Madrid. Iba con mi gran amiga y pasamos nueve días como reinas, entre cálidos amigos españoles. Después volamos a Inglaterra, pero sólo me quedé yo.

Continúa…

Ciudadanos de Primera, Segunda… Tercera y Cuarta

Bueno, el post de Claxón llegó oportuno, pues el fin de semana tuve una plática de un par de horas sobre el asunto este del fumar o no fumar. Este post será fuerte, seguramente no les va a gustar y empezarán a enviar jitomatazos.

Yo no fumo, entonces eso me convertiría en ciudadana de ¿primera? Mmmmm… Comencemos con el sospechoso “mmmm” porque yo por más que volteo por todos lados nomás no veo el trato de primera. Más bien es como de tercera o cuarta.

Lejos de querer pelear con los fumadores, expongo mi visión de no fumadora y espero que bajen la guardia y lean esto sin ningún tipo de defensa. Porque tampoco es ofensa. El típico “No es cierto”, saltará en un segundo o el… “Sí, pero ustedes…” no faltará.

Ciudadano de “primera” en restaurantes.

¿Se han fijado que en Starbucks es el único lugar en donde no hay área para fumadores dentro de las instalaciones? ¿Y se fijan que todos lo respetan? Bueno, pues es en el único lugar donde el no fumador es de primera. ¿Se han fijado en las áreas para “no fumadores” del Vips, o… más evidente aún, Sanborns? Asómense. Son cinco tristes mesas en el rincón más oscuro del lugar. ¿Ciudadano de primera?

Ciudadano de “primera” social.

Neto, estar en la industria audiovisual, en comunicaciones, periodismo y, supongo, empresarios, el no fumar es síntoma de que algo anda mal. Y peor si es alguien que no toma drogas ni se pone ebria cada ocho días, ¡algo raro hay en ella! Todos te miran desconfiados. No se hagan, ¡ustedes también lo hacen! Si son fumadores y hay un no fumador (al menos nuevo en el grupo) inmediatamente le dan una mirada (tal vez inconciente) de desaprobación.

¿Recuerdan aquél capítulo de “Friends” cuando Rachel finge fumar para sentirse integrada? I rest my case.

Ciudadano de “primera” mamón: no me dejas fumar en TU casa.

Mi casa, como imaginarán, es área de NO FUMAR. Es ¡mi casa! y odio que apeste a cigarro. Lo siento, hay un área para fumar y es en la calle. Los amigos respetuosos (que me quieren, obviamente), toman el cenicero, su banquito (sí, el banquito) y se salen a fumar plácidamente. Pero ha habido los que… ¡se indignan! Que uno le diga que “no puede fumar” (aunque sea en mi casa) es básicamente una “discriminación”. ¡¿En serio?! Piénsenlo y dejen de hacerse las víctimas. Si quieren dejarse de sentirse “estigmatizados”, dejen de estigmatizar.

Fumador de “primera” en los alimentos.

Sí, somos educados. Cuando estamos en una mesa y estamos comiendo y don fumador hace la pregunta del año “¿te molesta?”, generalmente uno, polite, contesta, “No, adelante.” Uno se adapta. Pero, ¿saben qué? ¡claro que nos molesta! Incluso a muchos fumadores les molesta el hecho de que les echen el humo en la cara mientras comen. Una vez más, “Are you kidding me?”

Ciudadano de “primera” pagador de tratamientos de cáncer a los fumadores.

Esta conversación se sostuvo entre dos no fumadores en un restaurante para fumadores en San Miguel de Allende el pasado domingo (ayer). Mi amigo me comentaba la principal razón para prohibir el cigarro y planteaba la respuesta a todos lo que tanto se quejan.

Honestamente no imagino un bar sin ojos llorosos por el humo del cigarro o, incluso, oficinas cerradas, con humo, gracias al cual me da conjuntivitis. Sí, no exagero. Y sí, me molesta endemoniadamente que mi jefe fume, porque me agrede físicamente. ¿Digo algo? No, es el jefe. Me chingo. Ciudadano de primera my arse! Y conste que me estoy riendo cuando escribo esto, pero no es broma. Me sucede casi todos los días.

Pero aún así, sigo sin imaginar un paraíso sin apestoso humo de cigarro, sin bigotes manchados por el tabaco y sin alientos que te hacen querer voltearte de lado cuando te hablan de frente. Mi amigo me decía: ¿sabes por qué están creando esta ley? Porque el tratamiento de cáncer por fumar (de pulmón, cáncer que puede ser causado porque ese señor elige fumar y conciente o inconcientemente asume los riesgos) lo paga el gobierno. Los tratamientos del cáncer son muy caros y, según mi amigo, no existen hospitales privados que otorguen ese servicio. Yo no sé, él lo dijo. Afortunadamente no he estado en el caso de tener que enfrentarme a uno de estos tratamientos.

La respuesta a la queja, según mi amigo, a los fumadores sería: el prohibirse el tratamiento contra el cáncer derivado por fumar a los fumadores. ¿Eres fumador y tienes cáncer? La ley indica que no puedes recibir tratamiento en los hospitales de seguridad social ni en salubridad pública.

Suena fuerte, ¿no? Pues así de fuerte es que la gente que fuma lo haga delante del no fumador y luego se queje de ser víctima. Asume tu responsabilidad.

¿Somos ciudadanos de primera? ¿Quién dice qué es primera, segunda o tercera? La verdad es que los “no fumadores” tampoco somos tratados como ciudadanos de “primera”. ¿O sí?

De manteles largos. Hasta las teclas tienen plumas…

It´s not the taking, it´s the looking, decía el diario “The Guardian” en su primera edición del suplemento “Click”. “No es el tomar, es el mirar”. Cuando uno comienza a tomar fotografías tiene que empezar a ver la realidad de manera distinta. Acostumbrados como estamos a crecer y vivir en un mundo audiovisual a veces pasamos por alto muchas cosas: desde el ángulo de una toma/fotografía, hasta el azul del cielo cuando se mezcla con los rosas del sol al atardecer.

Abrir los ojos a los detalles que pueden ser toscos o sutiles… pero no sólo para tomar una foto, sino para ver la vida. Abrir los oídos a escuchar. Abrir la mente, expandirla. Pensar… sentir. Cuestionarte.

“Reflexiones de una Lata Moderna” me pareció un título muy adecuado para la cápsula de radio que iba a comenzar. Un día chateaba con el ya famoso (en este blog) amigo Betus y le dije: “Oye, quiero espacio en tu programa”. Y él me dijo: “Oye, quiero espacio en tu sitio web”. Bueno, habrá sido algo parecido. Mucha gente me conoce como La Lata y me parece un nombre muy cinematográfico, muy adecuado para el programa “Noches de cine”. De repente se me ocurrió: yo siempre cuestiono (dice mi amiga Laura que soy muy complicada), le doy vueltas a las cosas y hasta eso, trato de ver las cosas de una manera no tan convencional (pero según yo, lógica). Por eso lo de Moderna, supongo.

Hace exactamente 100 post publiqué el primero, el 7 de julio de 2007. ¿A qué edad nos volvemos viejos para solicitar un trabajo?

En este post, el número 100, quiero realizar un rápido recorrido de lo que he escrito en este blog, un poco para hacer memoria, otro tanto para tratar de que esto que ha salido de quién sabe dónde no quede perdido para siempre.

Hablamos mucho de películas, desde los créditos, hasta el tour de cine francés (que tanto amo) y festivales de cine.

Viajamos a Polonia (tres veces), a Tzintzintzan, Barcelona y Pátzcuaro. Además, soñamos con volver a viajar.

Pensamos en las pérdidas que hemos tenido, en la gente que vale la pena, en lo que tiene valor, ¡en nosotros!, en los amores, en las amigas, en las mujeres y en los ex, los molestos ex, y… hombres… por supuesto. Muchos miércoles en el amor, celos, enamoramientos, sexo, más sexo, tácticas de ligue, lo que buscamos, las relaciones… Hasta a veces nos pusimos un poquitín feministas.

¿Y qué tal cuando nos volvemos viejos? El mal de la no casada, los accidentes con las parejas. Risas, estereotipos, experiencias compartidas y algunas sin sentido.

Momentos trascendentales, ideas fantásticas, mi historia en resumen, la profesional y la personal (hasta los trabajos excéntricos).

Hicimos experimentos, expusimos dudas, compartimos preocupaciones, malos humores, placeres culposos, algunos no muy culposos, gruppieses y obsesiones.

Concursos, ganadores, chismógrafos, tradiciones, nicks del messenger, historias cercanas, dudas, prisas, textos vetados, coincidencias peligrosas, fiestas imaginarias, parrandas, tristezas, preguntas, muchas preguntas. Y por supuesto, la muerte.

Nació también La Manuela del Seductor, un poco en broma, un poco como grito para despertar a los hombres mayores de 30 años. Las Malcogidas, Reyna, Kari, Pinky y yo, nos quejábamos de muchas cosas… y decidimos hacer algo.

Durante estos 100 post he conocido gente maravillosa por acá, algunos han pasado, otros se han quedado.

A los que están desde el principio, ¡un aplauso!, han sido valientes y pacientes. A los nuevos, ¡bienvenidos! A todos… ¡gracias!

P.d. Las teclas de mi computadora, están de gala, pues.



motigo_webstats(”AEPnJAY3khASHN1OrEK0Oddb0r2w”, 0);




Contador gratuito

La lista de los tenis

Ah, qué caray con esto de empezar el año con nuevos bríos… “Que si voy a cumplir ahora sí la famosa dieta”, “que si voy a dejar de fumar”, “que si dejaré de salir con gente que me aburre”… y así puede serguir la lista que cada año la gente se impone al comenzar un año en el calendario.

Pero, ¿quién en realidad le hace caso a este must do list? Los férreos de voluntad, supongo. Yo no soy de esos.

En el cine hay una película que se llama “Antes de partir”, con Jack Nicholson y Morgan Freeman, que en realidad se llama The Bucket list (”La lista de la cubeta”, don traductor es re-malo, deveras). ¿Por qué se llama así? Se explica durante la cinta que cuando el personaje de Freeman estaba en la universidad había un profesor que los puso a hacer ese listado de cosas que les gustaría hacer before you kick the bucket (antes de patear la cubeta) o algo así. Es un modismo gringo que en buen mexicano se traduciría como “colgar los tenis”. Morirse, pues. “La lista de los tenis” me gusta mucho más que algo tan evidente como “Antes de partir”.

Los personajes escriben las cosas que quieren hacer antes de su próxima (y bien diagnosticada) muerte.

Supongo que no es casualidad que haya visto “La vida sin mí” este fin de semana. La cinta dirigida por la maravillosa española (me pongo de pie) Isabel Coixet había estado en mi “filmoteca” por más de cinco meses, esperando a que me sientiera con ánimos para el tema. “Tienes 23 años y sabes que vas a morir”.

Mis amigos cinéfilos y no cinéfilos me la recomendaron muchísimo, así que cuando la vi en el Mixup a 40 pesos no me pude resistir. Pero no me sentía lista. No lo estaba.

No es necesario en este punto aclararles que soy bien clavada, chillona y demás, porque un par de ustedes me han leído desde hace tiempo y es muy evidente mi personalidad sentimental.

El sábado me quedé en casa en un día sólo para mí. No me quité la pijama, no me bañé y vi películas y más películas acostadita en mi cama. Entonces elegí My life without me.

Como mencioné, la protagonista se entera de que va a morir muy pronto y decide hacer una lista de cosas que hacer antes de despedirse para siempre de esta vida. No comparte con nadie su diagnóstico pero extrañamente comienza a vivir cosas que siempre quiso hacer.

Cuando terminó la cinta tomé mi libreta, mi pluma, me limpié las lágrimas, me soné la nariz e hice mi lista… que bien se podría llamar “para antes de partir”, porque evidentemente son cosas que quiero experimentar vivita y coleando. Pero no planeo morir pronto, así que más que nada es una lista de “deja de poner pretextos idiotas y ponte a mover ese trasero”.

Lista de cosas que hacer en 2008:

- Aprender a bailar salsa. (Como Jennifer López en Shall we dance?)

-Tomar un stock decente de fotos.(Y realizar mi safari fotográfico anual, ¡por dios!)

-Hacer una sesión fotográfica con mi familia.

-Aprender a pintar. (No como Picasso, pero intentarlo)

-Aprender algo nuevo cada mes. Febrero: Shatsu.

-Hacer ejercicio al menos cuatro veces por semana.

-Conocer un lugar nuevo.

-Leer al menos tres veces por semana.

-Aprender a conducir bien.

-Retomar mi trabajo interno.

Faltan muchos meses para que termine 2008, pero esa lista que coloqué en mi refrigerador me grita las cosas que he querido hacer por años, pero que me han parecido que “podían esperar”.

Es casi seguro que el fin de semana dejaré un par de fiestas y de ayudar a una amiga a mudarse porque nos vamos de safari. Mis compañeros de aventura oportunamente me enviaron mail para preguntarme si quería ir este fin de semana (¡¿así o más obvio?!)

Desde el lunes me he levantado a ver “Infinito” y sigo las clases de neopilates y yoga porque aún me da flojera salir a correr a las 7 de la madrugada.

Mañana, 9:30, retomo mi terapia.

En la noche, por fin, terminaré “La suma de los días”, que había dejado en un rincón por leer unos libros que me habían prestado.

Tampoco es que me vaya a forzar a hacer las cosas, porque también tengo que aprender a relajarme y a exigirme un poco menos. Pero quiero dejar de anteponer pretextos bobos a aquellas cosas que sé que me harán feliz.

De eso se trata, ¿no?

La Manuela casi termina… (Con invitada especial)

sexo.jpg

CAPÍTULO 7. Cómo decirle o darle a entender lo que te gusta y lo que no. Y entender qué quiere ella en la cama. 

Invitada especial: Ross 

Pues bien atentos y estudiosos aspirantes a Seductor, si han llegado hasta aquí ya superaron una serie de obstáculos y han sido capaces de traducir la sabiduría de la Manuela del Seductor, verterla y aplicarla a discreción en sus propias vidas. 

Pero antes de que esa sonrisa aumente sus líneas de expresión o arruguitas de felicidad (como prefieran llamarles) deben saber que one nigth stand, puede tener un happy return si ponen atención a los siguientes importantísimos “detalles”, porque, seamos honestos, si las citas y el sexo es bueno… ¿por qué no repetir en lugar de andar de cacería eterna? Quién sabe podría ser un juego win to win situación. 

¿Y cómo lograr esto?  

Podría parecer que estuviéramos regresando unos capítulos, pero más bien estamos profundizando.  

Muchos Sujetos afirman que odian a una tabla en la cama: alguien que no se mueva ni… hable. Pues a nosotras nos pasa lo mismo. 

En el sexo, también debe haber comunicación, entendimiento. 

No, tampoco queremos que durante el primer encuentro sexual griten “¡50!” cuando lleguen al orgasmo o utilicen el diccionario de la A a la Z en palabras obscenas… pero no está de más guiar y dejarse guiar.  

UNA LECCIÓN QUE YA TE SABES 

Ambos se encuentran a gusto, relajados; las pieles tibias, suaves y brillantes, los besos, la música de fondo… hasta aquí si ambos están pensando en lo que se debe… no hay conflicto. 

Pero, ¡atención!, llega el punto en que convierte al aspirante en todo un Seductor… 

Hay que ser espontáneos pero delicados. Es decir, un verdadero Seductor sigue sus instintos guía y se deja guiar… sin brusquedad… sin presionar. Los preliminares sirven PRECISAMENTE para aprender la coreografía tan sutil que nos deja a las chicas sin palabras pero sí con movimientos corporales y miradas…que te dirán: 

 “ Mmm… Eso me gusta… sí, sigue…” 

“ Ahhh… ¿eso quieres?, puedo probar… Quiero complacerte.” 

El cuerpo humano es muy sabio… y te dejará saber que vas por buen camino (requiere de observación). Tampoco se trata de que mires en todo momento a la damisela al rostro y afines el oído para detectar cualquier expresión de descontento, pues así no disfrutarás el encuentro. Relájate. 

Toca suavemente y  observa las reacciones: un leve arqueo de la espalda… un suave gemido…  Bien, sigue por allí. Los costados… delinea su cintura… se retira y te ofrece los labios… no te ofendas, tal vez le dan cosquillas o no quiere que sientas su lonjita (sí, ¡mujeres!). 

Bésala…. Intenta diferentes grados de beso y caricias… ve la reacción y la aportación de la Malcogida.  

Si a ti te gustan los “golpecitos”, se cuidadoso al demostrárselo o decírselo, tal vez a ella no le agrade eso. Pero, sí, hazlo, demuestra qué quieres. Sin pena, pero que venga al caso. Si quieres sexo oral no es buena idea empujarla hacia tu paquete sin decir “agua va”. 

Es recomendable que no trates de ser creativo con las palabras que empiecen con  PU y terminen con TA o alguna parecida, pues es muy probable que la chica te recuerde a tu progenitora (¿y ella qué culpa tiene?), terminando así el juego. 

Puede ser que durante la experiencia haya toques de humor, ¡velo así si  pasa algo poco convencional!, como caerse de la cama,  que la sexy tanga se rompa con su reloj, que se enreden tus dedos en su cabello o el bra le dé un latigazo en el ojo… 

En el primer encuentro  es recomendable evitar situaciones que hagan sentir a los involucrados que hubiese sido mejor entrenarse para trabajar en el Circ de Solei o de mínimo en el de los hermanos Vázquez. Pero eso no significa que no sugieras utilizar creativamente el lugar: la silla, la regadera, el sillón, etcétera. Respeta si ella no quiere. 

Ojo, “primer encuentro” siempre puede referirse a la primera sesión de la noche. Si ambos tienen energía y van por el postre, puede ser que sea más cómodo decir: ”¿te gustaría intentar ___ ?” Ah, pero por supuesto, esto depende de cómo estuvo la primera tanda. 

Hay muchos favores que la malcogida está dispuesta a hacer por ti, si tú estás dispuesto a hacer uno por ella. 

Nota: Las fantasías sexuales usualmente son preparadas así que estas no entran en este capitulo. 

Así que no sufras tratando de adivinar o suponer, las mujeres hablamos y decimos “ahí”, cuando ahí es el lugar. O decimos “cambiemos”, cuando estamos en una postura o lugar incomodo. Pero también es importante para nosotras entender cómo se la están pasando ustedes. 

Aunque no lo crean, también pensamos en dos. 

Rica noche. 

CAPÍTULOS ANTERIORES:

CAPÍTULO 6. A solas, a oscuras y en su territorio.

CAPÍTULO 5. A solas y a oscuras (o no).

CAPÍTULO 4. Primera cita.

CAPÍTULO 3. Cómo entender cuando le interesas a una mujer. Versión: Una conocida. 

CAPÍTULO 2: Cómo entender cuando le interesas a una mujer. Versión: Una desconocida. 

CAPÍTULO 1: Para abordar a la chica. Introducción (o contraportada de nuestro libro).

Introducción (o contraportada de nuestro libro). 

Las mujeres de mi vida

No entiendo cuando los hombres se quejan de que “no hay mujeres que valgan la pena”. Si uno se detiene por un instante y abre los ojos (para mirar, realmente mirar) podrá ver que hay tantas, tantísimas, que no alcanzarían ni dos vidas para conocer a una pequeña parte de ellas.

Vienen en todos los tamaños, colores, edades, formas. Altas, bajitas, redonditas, sin curvas, curvilíneas, planitas, con grandes bustos, peinaditas, greñudas, lampiñas y peludas. Morenas, rubias, bigotonas o bien depiladas. Gritonas, dulces, histéricas, risueñas, pacientes, sabias, complicadas, sencillas y mamonas. Con grados de doctorado o sólo con primaria terminada; que saben cocinar o hasta el agua se les pasa de calor. Lujuriosas, malhabladas, tranquilas, hiperquinéticas, risueñas y arrugadas. Con canas o pelo pintado; quinceañeras o sesentonas. Católicas, ateas, budistas, de la Nueva Era y hasta zen. Con pasaportes sellados, visas negadas o sin credencial de elector.

Por ahí dicen que entre mujeres nos podemos destrozar, pero nunca hacer daño. O que muchas en bola dan miedo… hasta he escuchado que entre mujeres no es posible ser amigas de verdad. Yo digo: bullshit. Mentira.

Las mujeres que he conocido, todas, valen la pena. Y con cada una de ellas he tenido una relación particular, única, importante. Comenzando por mi madre, mis tías, mis primas y las figuras peculiares –algo borrosas- de mis abuelas; vienen a mi mente los nombres de mujeres que son gemas.

Las ha habido oportunas y atinadas como Larisa, Luisa, Paty, July, Claus, Yai, Liz, Aleyda y Laura. Efímeras, como Lillana o Wendolín. Distantes pero fundamentales como Kristina, Mirka, Sabina, Albertina o Hedwig. Cibernéticas como Laura Raíces, Balbina, la Gurisa y ahora mis Malcogidas. Eternas como Karlha, Erika, Ireri o Mireya. En mis recuerdos como Marce, Gemma, Criseida o Roxana. Definitivas como Nancy, Milps, Jaco, Vanessa y Brenda. De pronto nuevas como Leto, La Nena, Juane, Mo y Angie. Indispensables como el viejerío de Siriusfem y Eloísa.

Pero hoy, más que hablar en general, quiero escribir en particular. De una, básica. De esas que te acompañan y, esperas, estarán presentes siempre.

Nos conocimos hace casi nueve años. Por supuesto, yo le caía gorda. Decía que “esa güerita” (o sea yo) daba mucha lata… aunque fresa e insistente, de pronto me metí en su vida quién sabe cómo o cuándo. Sólo recordamos los días en que la rondaba para recordarle sus deberes y de pronto… ¡plum!, estábamos buscando zapatos para su graduación de la universidad.

Y de ahí, pa´delante. Inseparables como nos hemos vuelto, no es difícil distinguirnos en la calle. Ella es altísima, flaca y greñuda. Yo soy bajita, más bien voluptuosa y… también greñuda.

Hemos llorado enfrente de la computadora, en algún café, en su casa o en la mía. A horas laborales o de descanso. Y nos hemos reído tanto, que hemos dejado huella hasta en nuestros rostros.

Los lunes y los miércoles a las 10:00 de la noche tenemos cibercitas frente a la televisión: es nuestro momento de telenovelas gringas; Grey’s Anatomy y Desperate Housewives.

Nos entendemos, nos regañamos y hasta discutimos. Tres veces por semana nos decimos cuánto nos queremos.

Nuestras familias nos adoran mutuamente y es muy lógico que esté en mis cumpleaños y yo en los de ella. Hemos vivido en ciudades distintas y hasta en países distantes. Hicimos nuestro primer viaje trascendente juntas. Conoce mis manías e histerias y yo las suyas, además de mi historia. Ha convivido –y aún lo hace- con mis parejas… yo no con las suyas porque todas han sido imaginarias (je). Enfermedades, soledades, enamoramientos, triunfos, derrotas, corazones rotos, sustos, verdades. Arte, cine, chisme y hasta vino. Sevilla, Granada, Oaxaca, Pátzcuaro.

Antes de que se imaginen un romance lésbico, más bien dibujen en su mente sonrisas y vidas compartidas. Una gran amistad (siento decepcionarlos).

Sé que todos tenemos (o deberíamos tener) una Mana, Pelos de elote, una Adriana Araceli pues, en nuestras vidas. Y de vez en cuando deberíamos también decirle: “gracias, eres muy importante para mí”.

¿Quién dice que no hay mujeres que valen la pena?

———————————



motigo_webstats(”AEPnJAY3khASHN1OrEK0Oddb0r2w”, 0);




Contador gratuito

Ámame por ser guapa (pero nomás por eso, ¿eh?)

“La mayoría prefiere una mujer deportista frente a una gran lectora, cinéfila o dada a las salidas nocturnas.”

Chale. Más chale. Un post de la amable Karla (visiten su blog, es buenísimo) me hizo pensar (otra vez) en algo que, la neta, no me gusta nadita. Pero bueno, así funcionan las cosas.

Hoy, miércoles de 2 x 1 (y retomando la fase no cinéfila, sino amorosa) hablemos de eso: de parejas.

Doña Karla publica una serie de requisitos que los hombres españoles buscan en la mujer ideal. Y, vaya, muchos prefieren a una deportista que a una intelectual, es decir: más vale que esté buena a que piense.

¿Será cierto?

Sé que tal vez es una tontería y espero me demuestren lo contrario, pero me preocupa que los seres humanos nos movamos tanto por lo físico…

¡Momento! Yo sé que es importante que la persona con la que estés te atraiga físicamente (por supuesto), aunque sea sus hermosos y musculosos brazos, o sus largas y tupidas pestañas… ¡yo qué sé!… el chiste es que algo te haga suspirar. Pero de eso a que estés con la pareja nomás por su físico… tssssss.

¿Cuántas parejas “disparejas” vemos por la calle?… De esas… ¿cuántas son de mujeres feas y hombres guapos? Seamos honestos, yo he visto muy pocas.

Sí, ya sé que me van a decir: “los hombres son visuales, las mujeres son auditivas”. Cierto. Pero no por eso deja de ser injusto.

Yo creo que por eso mismo no tengo un cuerpo escultural ni voy a la estética cada tercer día (sólo por eso, claro. Entonces supondrán que tal no es mi caso…). Inconcientemente me estoy bloqueando la posibilidad de ser una diosa en la tierra, por esa razón defiendo los michelines en mi cuerpo y hasta mi look despeinado. Porque no quiero que me quieran sólo por mi físico. Y no hablo sólo de pareja, sino de relaciones humanas en general: laborales, escolares, de amistad…

¿En qué momento se deja de ver el físico para ver lo que hay más allá?

Sé que es agradable tener a una mujer arregladita y hermosa junto a ti, pero también para nosotras es importante que se nos reconozcan otros talentos.

Además, no sean injustos, caballeros, si quieren una mujer guapa, ustedes también procúrense. ¿Por qué pueden tener panzas cheleras y nosotras no? ¿Por qué pueden raparse y nosotras tenemos que usar el cabello largo y perfecto?

Creo que desperté muy feminista y con ganas de pleito.

He dicho.






Contador gratuito

De películas, Manuelas y reuniones…

No sé qué me pasó. Tal vez fue la cerveza, el calor o vayan ustedes a saber, pero el domingo por la noche sentía que me estallaba la cabeza. Por mi culpa la Manuela descansó… (en realidad lo hice a propósito, para que se quedaran picados).

El próximo capítulo, invitada especial. No se la pierdan.

Películas… “El Orfanato”… tengo una duda, quien la haya visto, favor de pasar aquí.

Reuniones…

Visiten el blog del Tlacuache para que se echen el chisme. Tuvimos oportunidad de juntarnos varios bloggeros y fue divertido. Además de comer muy rico, fue lindo verlos en 3D… ¡son diferente en persona!

Bueno, no me quiero alargar, es tarde y tengo chamba. Pero les dejo el previo de algo que viene… la peli y… esto. Para que se diviertan un rato (quien piense que es broma… ¡es muy serio!)