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Los regalos inútiles

En estos dos meses se juntan las celebraciones; muchas personas cumplimos años. Ya estoy planeando mi fiesta, ¿qué haré? ¿En dónde? ¿Cuánta gente? ¿Cuánto me costará? Y entre tanto piense y piense han salido ideas buenas, pero también recuerdo. Recuerdos de cumpleaños anteriores.

Por ejemplo, a los 11 hice una fiesta de puras niñas (iba a escuela de mujeres) y bailamos toda la tarde, en las sillas, en el suelo. Flans a todo lo que daba. Lo grabé en video, sólo que quién sabe dónde quedó ese testigo.

A los quince me disfracé de muñequita de pastel (más o menos), a los 21 me hicieron fiesta sorpresa. A los 24 me fui toda la noche a bailar y llegué sin dormir a trabajar. A los 25, Acapulco. Los tristes 26 me celebraron en un restaurante indio. Los 27 viendo a Paul McCarney, “Back in the world”. 28, trabajando. 29… no me acuerdo. 30, fiesta con la lista de 10 cosas que hacer antes de 30. 31, en mi casa…

32…

Chale, suenan hartos.

Entre tanta organizada, sólo pienso que al menos el esfuerzo debería recompensarse con mucha diversión y buenos detalles como regalos. Ja. Es que a veces la gente nomás regala por regalar.

El otro día hacíamos recuento de esos regalos inútiles… ¡hay tantos!

Por ejemplo, a los 15 años te regalan el jueguito ridículo de cristal rosa, morado o blando para… no sé, para poner… ¿pinceles? Consiste en una charolita y tres frasquitos. Uno, por supuesto, es un atomizador con una bombita bien coqueta y que naaaaaaaaadie usa. Los otros dos botecitos no tengo idea para qué funcionen. Pero no me dieron uno… fueron dos, ¡dos!

¿O qué tal el cepillote gigante que pesa más que tu brazo? Con cerdas cerraditas, como de bebé… ¡son para bebés o para viejitaaaaaaas! Pero ni los unos ni los otros los pueden cargar.

Y no puede faltar el alhajero musical, con muñequitas bailarinas que parecen obra de Picazo: un ojo aquí, otro allá. Si eres niña te maravilla “porque se mueven solitas… ¡mira, hasta se movió hasta donde da vueltas! (lo que un imán puede hacer a la imaginación infantil).

Podría durar horas y horas… pero tengo que terminar con el que describió una amiga: un muñeco de nieve que en realidad era una campana… ¡¡¡¡¡¿¿¿¿???!!!!!!!

Así que ya saben, si quieren regalarme algo… por favor, eviten los anteriores.