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¡Ha vuelto!

Que creo que la he encontrado. Se me había escondido la muy condenada, pero por ahí la hallé, tirada panza arriba, tomando el sol. Quesque con este calorcito no tiene más ganas que de estar ahí, asoleándose. Quesque nos hace falta un poco de color, que estamos repálidas. Y para rematar, que el horario de verano no la deja dormir… Yo no sé, pero nomás la vi y la eché en el huequito entre las bubis y le dije: de aquí no te mueves.

No la vuelvo dejar ir. ¿Qué hace uno sin la inspiración? Nada, tonterías. Aburrirse. Dormir todo el día. Seguramente ponerse borracho, fumar porros o echarse algún alucinógeno para “inspirarse”. Nel, a mí que no me vengan con pretextos.

Pero entonces, inspiración y yo queremos retomar algo que por causas ajenas a este partido político habíamos dejando al aire. Sí, los miércoles de 2 x 1.

FX FANFARREAS

Buenos días/buenas tardes/buenas noches queridos lectores. Hay un asunto que me dio un par de vueltas en la cabeza hace unos días pero hoy cayó de golpe cuando, mientras echaba chisme por celular con un amigo, dos ex alumnos se detuvieron en plena calle a darme beso. Entonces me acordé.

¿Qué son las fantasías? Todos hemos fantaseado con estar con alguien específico, tal vez inalcanzable. El ejemplo típico es el cantante de moda. **Ah, qué rechulo estaba el Luis Miguel en los 80´s, no sé qué le pasó.** Entonces una podría soñar con aquél encuentro poco (poquísimo) probable. **Adolescentes ñoñas**

Pero después uno empieza a fantasear con los amigos, con los vecinos, con los compañeros de la escuela… con quien se deje. Y generalmente esas fantasías pocas veces son superadas en la realidad. Si por una casualidad del destino llegamos a tener algo con el objeto del deseo, es poco probable que sea como lo imaginábamos, ¿por qué?, pues porque doña Princesa Frágil y Virtuosa o don Príncipe Azul de los cuentos… nomás no existen. Sí, señores, puro humanito de carne y hueso (y últimamente en México más carne que hueso, hay que decir). Pocas veces el objeto de la fantasía se queda y luego nos sorprendemos que con quien hemos estado más tiempo es un tipo o una chava más normales, pero que nos provocan otras cosas –ojalá también fantasías, pero ese es otro boleto.

La fantasía es ideal, nos provoca admiración y, sí, supongo, nos hace sentir maripositas en la panza. Es saludable, porque hasta la imaginación se pone a trabajar. ¡Qué chido!

Pero cuando TÚ eres objeto de esas fantasías, eres amor platónico no de uno, no de dos… sino de varios… ¡gulp!, WHATTTTT????

He escuchado que para los hombres una de las fantasías más recurrentes es “estar” con la maestra. Muy a lo “graduado”, (FX TONO GAÑÁN) esa mujer dándonos nuestras lecciones.

FX DISCO RAYADO

Hace un par de semanas en una borrachera, un ex compañero de trabajo (ahora) de la nada sacó el tema. Me dijo –Oye, ¿sabías que eras el amor platónico de varios de tus alumnos?

Claro, mis ojos se convirtieron en eso, en platos.

La información le había llegado de un exalumno mío que ahora es mi excompañero de trabajo (ah, es que dejé uno de mis trabajos).

Tampoco me haré la mustia, sé que varios alumnos me miraban con ojos libidinosos, pero… pero, la verdad, no de ésa generación (di a tres generaciones distintas).

Este señor me dijo que hasta mi compañerito también me llevaba en el corazón. Mis ojos se hacían cada vez más de plato e inconcientemente mi mano comenzaba a abotonar mi escote… ¡Chanclas! Qué bonito se siente, la verdad, porque lo que me dijo fue que los niños (ventiañeros todos, algunos casi de mi edad) me veían como “Wooow, ella tan inteligente”. Esa fue la parte que más me sorprendió. No me veían sólo como la maestra guapa, sino como la inteligente, la inalcanzable. Mire usted de lo que se viene enterando uno después de unos añitos… Aquí muy entre nos, no le hubiera dicho que no a un par de ellos (FX CHOQUE DE VEHÍCULOS), pero como soy muy ética, sólo los veía con ojos maternales (ajá, ¿y por qué apodabas a fulanito como “alumno bombón”?)

Es lindo cuando uno tiene fantasías, pero también lo es cuando ha sido objeto de otras tantas. Mientras no me persigan ni me vigilen con binoculares desde la ventana de enfrente, está bien. La verdad es que a uno nunca le cae mal sentirse deseada.

¿O no?