Tengo un amigo
Tengo un amigo. Sé que suena extraño que hable de sólo uno, pero hoy quiero referirme a él. Muchas personas dicen que es imposible que exista la amistad entre hombres y mujeres. Yo no lo creo así. De hecho, tengo la teoría de que hay ciertas personas a las que no vemos de otra forma más que como cuates. El otro día estaba pensando en eso, y se lo pregunté.
“Quitando a las damitas que les parecen feas… ¿Existe la posibilidad de que a una mujer nunca se le vea como posible conquista sino sólo como amiga?” “Es la pregunta de los mil millones de pesos, Lata.”
A veces he pensado que eso sí existe. Al menos de este lado; las mujeres sí podemos ver a los hombres como potenciales amigos o como amigos. Sé que eso a muchos les sonará medio jodidón, como anuncio de Sprite, pero es la verdad. Con este amigo he compartido cama para ver películas. Nos hacemos piojito y hablamos de nuestras cosas. No, antes de que piensen, “es gay”… no, no lo es. Tiene hartas chavas… Es más, el otro día me dijo “ya quiero amanecer solo en mi cama”. Sólo le pude dar un pellizco y decirle “Qué presumido eres”.
Tengo hermosos y maravillosos amigos gays, pero a veces se necesita un amigo gandallón (no con una), que le diga “pinche puto” a alguien que te hiere o a ti, “te ves bien mami con eso.” Es la verdad. Alguien a quién regañar, quien te pida consejo o que, de plano, venga y te abra el corazón; que te confiese “Me siento usado, amiga.” Y aunque tu primer impuso sea decirle “Pero si tú también las usas”, te aguantas y lo apapachas y respondes “Seguro habrá alguien por ahí que quiera contigo en serio… si no eres tan ojete con ella” o alguna cosa de esas…
Anoche justamente estábamos en un bar y veíamos a un tipo que estaba sentado solo. Un tipo de no malos bigotes. “Órale, Lata, vas”. Como soy una experta en el arte del ligue **¬¬** decidí que no era una buena idea. “Pero es como raro que esté solo, ¿no?” “Mmmm, ¿qué tal que es un millonario extranjero que acaba de llegar a la ciudad y se salió a distraer?”… ¿Quién que no sea tu verdadero amigo voltea a verte y te dice “Cálmate Corín Tellado”? Sólo un verdadero amigo, repito, se atreve a decirte semejantes cosas. Y, después, a voltear y animarte, “¿Vamos a saludarlo?” “¡¿Y qué le digo?!, Hola soy La Lata, ¿por qué tan solo?, Nel, no sirvo para eso.” Lo mejor es que no se paró a hablarle en contra de mi voluntad, ni me insistió ni nada. Por eso es un gran amigo. Porque mejor se distrajo babeando con cuanta quinceañera se pasaba por delante de la mesa y olvidó el asunto.
No sé si este amigo mío salga de lo común, no sé si seamos los únicos que creamos que somos amigos nada más. Eso no importa. Lo que importa es que justo anoche me dijo, “Lata, vamos a pedirle la carpa a Tania y la ponemos en el jardín y así hacemos más espacio para tu fiesta. Acuérdate que yo soy el anfitrión”.
Y no importa si es un mujeriego, si es un gandalla; no importa si viene a mi casa a las 12:30 y toca la puerta porque quiere hablar. Aguanta mis discursos, mis lágrimas, mis amarguras y hasta mis histerias. Me dice, “Pinche Lata, ¿por qué no me llamaste, yo te hubiera acompañado?” Si alguna emergencia sucede. No, no es una pareja ni prospecto. Es mi amigo. El Guichi.
