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La vida se simplifica

Diría Shakira que hay veces que la vida se simplifica, volvemos a releer las líneas de la mano y hasta nos lanzamos a escribir algunos versos. La vida ciertamente se simplifica cuando tienes un trabajo más o menos estable, un grupo de amigos entrañables, una familia más o menos disfuncional, un par de perros que te reciben moviéndote el rabo cuando llegas ya sea a casa de tu madre o a la oficina, sueños por cumplir, no grandes responsabilidades (como hijos) y una sesión de terapia una vez a la semana.

Lo malo es que entre todo eso no tienes mucho tiempo para escribir, para dedicarle tanto tiempo a tu diario/blog como lo tenías antes. Y si a eso le sumas un montón de eventos sociales/familiares y a nuevos amigos nuevos…

La última vez que me leyeron el Tarot (jeje, la primera y última vez), por noviembre del año pasado, me hablaron de cierto individuo atormentado. Pensé que era una persona y por más que preguntaba me decían que no era él. También me dijeron que por ahí de mayo o junio conocería a alguien importante. Y he conocido a un montón de gente, así que no puedo evitar mirar por el rabillo del ojo a cada una de estas figuras y especular “¿será éste?”

Hace unos días, en casa de unos amigos me informaban: Jano conoció a Azu, se casaron a las pocas semanas y ahora están esperando bebé. Realmente me sorprendió la noticia. ¿Que no vivía en el norte con doña francesa? Pero al verlos juntos nadie puede dudar que están enamorados y entusiasmados por la llegada del nuevo miembro de esa novísima familia. Entonces una vuelve a creer.

Yo tengo dos opciones, esperar a que llegue alguien que me haga creer, encerrada en mi casa; o salir a buscarlo. O al menos, dejarme consentir mientras llegue, ¿no? Tal vez este sea un argumento pobre y uno caiga en las salidas sin sentido, viendo cómo te conviertes en algo así como la protagonista de “Cansada de besar sapos”, mientras juras que tú no quieres ser hombreriega, nada más quieres uno. Entonces comienzas una aventura con un nuevo amigo. Alto, blanco, cuerpo de futbolista (¿de qué otra forma se podría definir?), rizos castaños, ceja poblada y pestañas enormes que te miran con esos ojos brillantes, felices, llenos del entusiasmo que caracteriza a la década de los veintes. Y te preguntas por qué no está una década después… mientras te ríes de sus aventuras de fin de semana. Suspiras…