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¿Lagartonas o mujeres con iniciativa?

Total… ¿dónde dice que el tener iniciativa te vuelve Lagartona? O… mejor aún… ¿que las Lagartonas tienen iniciativa? (Ya me hice bolas).

¿Quiénes son las lagartonas? ¿Todas llevamos a una Lagartona en potencia en algún lugar de nuestro conciente/subconciente? ¿Hemos sido una de esas escamosas mujeres que no pierden la oportunidad?

Tal vez no… pero si nos topamos con una, ¿qué hacer? Peor aún, cuando nuestro adoradotormento se topa con una… ¿cómo reaccionar? ¿Se vale deschongue? Pero ahora no es ese el tema en cuestión. Lo que nos ocupa aquí es:

¿Nos volvemos Lagartonas cuando afirmamos directamente nuestro interés por alguien, en lugar de –como toda damisela- esperar a que el caballero andante tome la iniciativa?

-Auch, auch, auuuuuuuuch-

Parece que estoy desvariando y todo es culpa de Ross (últimamente parece que todo es su culpa), pues me pasó el link de un magnífico blog en donde se exponen algunas cuestiones sobre relaciones.

Entonces, muy convenientemente, la querida Destino, me envía un link que dice esto:

“Hay ciertos tiempos que se deben de cuidar:

Título 1

Capítulo 1 De las relaciones entre amigo hombre y amiga mujer
Art. 2 Existen tiempos estipulados “to make a move” antes de entrar al plano “amigos forever”. Entre 30 y 60 días hábiles. Después de este tiempo se deberá solicitar un amparo por idiota.”

No sé en qué tantas películas y series televisivas he visto esto… ah, sí, en Sex and the City hay un claro ejemplo: Adan y Carrie.

¿Les ha pasado eso? Que no sabes hacia dónde van. Ves al sujeto (o sujeta) y te late, pero no tienes bien claro qué onda: “¿este ya me vio como hermana?” “¿Seré su paño de lágrimas solamente?” “A mí me late que es gay, no responde ante mis encantos.” “Sí, segurísimo es más maricón que Juanga.”

Y bueno, tenemos opción a, b y c. A, con todo y el riesgo de volvernos Lagartonas implica tomar al toro por los cuernos; pararnos y… no, no digo que se le encueren ahí, porque eso sería muy agresivo (o tal vez termine en algo que no queramos… al menos en ese momento). Ya, déjenme terminar. Pararnos y decirle: “¿qué pedo? Me lates, carnal… tururú.” **INSERTE AQUÍ LA VERSIÓN FRESA: “¿Sabes? Me estaba preguntando… bueno, tú sabes… esteee, creo que me lates y, bueno, tú sabes… quería saber… bueno… tú sabes.”**

Opción B, sería esperar pacientemente, averiguar con sus cuates –en caso de que los conozcamos- si le lates, o utilizar alguna estrategia para sacarle la sopa… No sé, como aquél comercial de Sprite en donde se afirmaba que él no te veía como amigo. Esto es: sentarte en sus piernas, cambiarte de ropa delante de él, darle de tu Spray para que colme su sed, etc. Eso sí, requiere de llevar siempre contigo a un Paparazzo para que documente las reacciones del individuo.

Opción C. Convencerte de una vez y para siempre que no está interesado en ti, total, “el interés tiene pies”.

Me preocupa un poco… creo que soy una Lagartona.

Con vosotros sabe más español

Y vuelve la triga al burro, digo, la burra al trigo. Ya he mencionado hasta el cansancio la maravilla de esto del Internet; que si los cuates, que si la chamba, que si los galanes, que si las redes sociales… en fin; toda una maravilla la cajita feliz.

Sin embargo, hoy quiero dedicar esta entrada a mi amiga La Brava, quien me invitó a colaborar con su revista allá en la Madre Patria. En Almería, para ser más exactos.

Es pequeña, portátil y bien hecha y al parecer ahí vamos, “jalando pa’lante”, como dirían en Andalucía (creo, jajaja).

Toda una aventura y no es que yo aporte mucho, de hecho, tengo la sección, “De Cine” y como se podrán imaginar, reseño pelis. Las últimas dos ya las he expuesto en mis blogs, pero la del especial de Navidad será inédita. Ni les digo de qué trata porque lo acabo de platicar con Brava y nos ha gustado mucho la idea.

Lo más divertido es leerme conjugando en Vosotros. Fue una sorpresa… Lo siento, pero la verdad es que yo no lo escribí así… yo no sé conjugar en esa persona. Así de burra soy.

“¿Os imagináis a una mujer…? Ay, me dio mucha risa. Es como cuando corrijo algún texto en “argentino” y tengo que pedir asesoría a Gurisa, “¿cómo dirían? ¿Imaginás o Imaginas?”

Y bueno, nada (jajaja, como dicen los españoles), que por ahí dicen que han salido un par de admiradores (porque salgo con todo y foto), así que si un día, de forma repentina, cruzo el charco… es que algún Pepe Toño o Manolo me habló al oído… De Vosotros.

 Aquí, la liga:

http://www.masqueguia.es/

Brillante. Grande.

Se me olvidaba lo mucho que me gustan las lunas de octubre. Enfrente de mi casa hay un parque con grandes árboles. Caminar por ahí en las noches es una delicia ahora que el aire es frío. Me gusta el frío.

Me di cuenta que ese recorrido evoca sensaciones conocidas en mí; no sé exactamente de cuándo, pero sentí algo no nuevo.

Caminaba por el parque con mi amigo alienígena. Llegábamos de Toluca y se me antojó un esquite, de esos de la señora de la esquina, frente a la paletería clon de la Michoacana (que no se llama así). Avanzábamos hacia el centro, donde hay un kiosco y al fondo se veía una gran y redonda luna. El aire daba

en mi cara, pero no tenía frío. Me detuve un momento y le dije, “me encanta este clima”.

Esta sensación es grande… es como los gustos de Amelié; podría quedarme ahí, parada, o de plano, recostada, viendo las estrellas y sintiendo el frío.

imagen007.jpg

(Foto de anoche, el foquito brillante de arriba es la Luna, je)
Cuando tenía como 16 a

ños mis amigos y yo fuimos al rancho de uno de ellos, de El güero. Una noche nos tiramos en el pasto, sobre petates. Algún perro –de los muchos que había- se nos acercaban curiosos; y todos estábamos cerquita, viendo las estrellas. ¡Cuántas se pueden ver en un lugar así! Y sobre todo cuando hace frío.

Ahora no se ven las estrellas, pero sí la luna. Y se escuchan los árboles que susurran con el viento. Varias personas sacan a sus perros a pasear mientras Allen y yo hablamos sobre Rusia en una banca. Yo me como mi esquite, con mucho limón y chile (del que pica y del que no pica). Me gusta estar ahí.

Sé que puedo ser complicada y contradictiva a veces. Pero también aprecio algunas cosas, veo otras. Ayer, por ejemplo, me hicieron uno de los mejores piropos del mundo; me sacudieron, casi como un par de cachetadas. Y me vuelvo a decir, “María Cristina, ¿qué no ves?” No ves todo eso que sí tienes. A pesar de que haya baches en el camino; de que el viernes operen a mi papá (y les pido un millón de plegarias y buena vibra), de que me ponga chipil por esto o lo otro; de que mi sobri va lenta pero segura, de que me estrese por tonterías, de andar a pata y a veces odiarlo (jajaja), de que en ocasiones extraño y me cuestiono, me regaño, me reprimo, me intento engañar (sin grandes resultados) y me vuelvo a regañar; a pesar de todo eso puedo afirmar algo: Me gusta estar viva.

Entonces, disfruto hoy. La Luna. El esquite. La charla de esta y aquella noche. Los árboles altotes. Los policías de enfrente. Mi cama gigante. Mis amigos. Los planes. Mis amores. El trabajo. Las risas. Mi familia. ¿Por cuánto tiempo? No lo sé, pero eso… tampoco importa demasiado.

P.d. ¿Vieron la luna hoy como a las 7:00 am? Wooow.

Cristina, Barcelona, el Che y una Happy suertuda (Parte final)

imagen013.jpgLa época de festivales es como “única”… no es que todo el año me la pase dentro de una sala de cine, pero septiembre y octubre es algo así como “obligatorio”. Disfruto muchísimo llegar… sola o acompañada… buscar el lugar y hacer un escaneo de las personas que me rodean. 

En un Festival hay gente bonita por todos lados. Muchos de ellos con una actitud muy… digamos, cof, ¿mamona? No falta el que se la pase enviando mensajes en el cine; y aunque no suene… changos, ¡la luz! ¿nadie piensa en la poderosa luz que desprenden los aparatejos esos? 

Pues sí, rodeada de gente bonita entré a la sala 4. Un cineminuto de plumas caras y de pronto… nombres latinos. El parque Guell, ¿qué más? Gaudí, Gaudí, Woody Allen y hermoso Javier Bardem (oh, dios, sin camisa…). 

Ya sé que muchos han dicho que Vicky Cristina Barcelona es de lo peorcito de Allen… y me pregunto, ¿lo han leído? Si no lo han hecho, ¿qué esperan para correr por Sin plumas o lo que sea? Después de cada frase no puedes evitar preguntarte… ¿y este de verdad será normal? Digo, todos sabemos que no lo es.  

Para mí, “Vicky…” es como leer a Allen. Como una de sus bizarras historias. Toda la sala rió y rió y al final, hasta porras hubo. “¡Woody! ¡Woody!” 

La historia no es simple, pero lo es. Tal vez no sea profunda; tal vez haya huecos; quizás La Cruz no sea la mejor actriz del mundo (pero se ve re bien la canija) y Bardem… Wooow. Tan raro, tan musculosito de vida real… no sé, no sé. Lo disfruté mucho. 

Dos mujeres se topan con un sexy y mujeriego pintor (¿qué puede haber más sexy que un artista bueno digo, un buen artista… o ambos?) y a ambas les cambia la vida. ¿Qué harán después de eso?…  

Se dice por ahí que en países extraños haces cosas extrañas, extremas. Las dos chicas se enrollan con él; la rubia de una manera más extraña –y bizarra- y la morena se cuestiona su vida gracias a la aparición de esta estrellita en su horizonte. 

Total, que no les contaré más de qué va la cinta, pero lo que sí hay que decir es que me reí mucho. Es cierto que te recuerda un poco a Almodovar y que, por favor, no hay que ver la versión doblada; dicen que es pésima. 

El Festival duró muy poco para mí. Yo ya tenía que regresar a DF, donde está ahora mi hogar. 

Fue un fin de semana muy bueno. Más de un bicho me picó (literalmente) y fue el inicio de una semana extraña… interesante. El mood ha estado cambiante, pero han salido originales ideas. Conocí gente, hice cosas diferentes y hasta comí paella el domingo. Ya sé que no tiene nada que ver, pero hoy que veía mis fotos de la semana no pude evitar pensar que no voy tan mal. 

Aún extraño algunas cosas y hay ocasiones en que desearía tener otras… pero ahora, con una cama altísima (¿alguien tiene forma de cortar patas de una base?), nuevos amigos, planes hasta diciembre, mucho y atrasado trabajo… ¡hasta planes para que un pintor haga un cuadro para mí! 

En fin, que al parecer la vida no está nada mal… aunque haya días un poco nublados; si siempre fuera soleado nunca apreciaríamos lo bueno, ¿no creen? Voy al cine. De nuevo. 

Cristina, Barcelona, el Che y una Happy suertuda (Parte II)

No sabía cómo pintaría el día; asumía que en el cine me iba a encontrar con muchos rostros conocidos. Así que después de las compritas, regresé a casa a descansar un poco. Total, tendría tiempo para estar fuera.

 

La noche anterior un mosquito/mosca o demonio estuvo rondando por mi cabeza, dando mucha lata, pero no me daría cuenta de que había algo más que moscas en la cobija que saqué de algún sitio del closet de mi madre. Un piquetito por aquí… auch… otro por allá…

 

Fue raro llegar a la sala del cine. Verán, en este tipo de eventos es necesario hacer cola un ratito antes para no tener que ser el primero en ver la peli… y me refiero por estar en la primera fila; o de plano, tener que verlas sentada en el suelo. No existe un control total de cuántos entran a cada función, pues entre prensa, concursantes, invitados especiales y personas que compran su boleto, la cantidad siempre es incierta. Por eso hay que formarse tempra.

 

Pero este año, al menos el primer fin de semana, no fue así. Llegué con toda la calma del mundo, compré mi crepa de jamón y queso crema y me formé. Ni una cara conocida. ¿15 personas en la cola? “Señorita, ¿es para la sala cuatro?” “Sí.”

 

Eso sí, muchos hombres guapos (¿de dónde los sacan?).

 

La cinta llevaba el título “La dulce vida”, que en realidad se llama Happy go lucky, y la ñoñísima reseña dice así: Poppy es una alegre maestra de escuela que no permite que nada ni nadie la entristezca. Aún cuando roban la bicicleta que tanto ama usar para transitar las calles de Londres, su pensamiento es “Ni siquiera tuve tiempo de despedirme de ella”.  Poppy vive con su compañera de departamento y está determinada a aprender a manejar. Entonces se encuentra con Scott, un rígido instructor todo lo contrario a ella”.

 

Neto, me pregunto, ¿quién hace estas reseñas? Digo, puedo entender que doña traductora nomás copipasteó en otro idioma lo que decía, pero… come on! Afortunadamente no leí la reseña antes de entrar al cine. Sólo sabía que era una cinta inglesa y que era lo que sonaba mejor a esa hora.

 

Afortunadísima elección. Más allá de que Poppy es alegre y parece que nada la entristece, es una cinta cómica que te lleva de la mano por diferentes temas y etapas de la vida de una mujer de treinta años que, sí, tiene una muy buena actitud ante la vida. Pero no todo es miel sobre hojuelas… también es cuestionada por sus conocidos, sus amigos y hasta su hermana menor, “cuándo se va a casar y tener hijos”… Porque, todas lo hemos pasado, ¿qué espera? ¡Hasta cuándo tomará en serio su vida!

 

A pesar de buscar el amor, Poppy no se preocupa demasiado por lo que dicen, aunque eso no significa que sea de hierro, con todo y la sonrisa en la cara.

 

Acertadísimos momentos cómicos y buenas reflexiones se agradecen durante las casi dos horas de la película. Gran sabor de boca. Grandes aplausos después de la cinta.

 

¿Les había contado esa parte de los Festivales? Oh, lo amo. Después de una función eres libre de pararte y aplaudir, gritar y hasta echar porras si un filme te ha gustado. Yo, claro que aplaudí (lo que no hice con Che, ahora que lo pienso).

 

Después de la película –que vi sola, como era el destino- pensé en volver a casa, pero salió un plan bueno, inesperado (si estás leyendo esto, no te creas mucho). Habíamos hablando una noche antes, iría a More por trabajo y nos toparíamos. Es chistoso, pues vivimos en la misma ciudad y –cof cof- fue hasta mi tierra que nos volvimos a ver.

 

Entre platillos michoacanos las horas pasaron. Cómo es a veces fácil hablar con alguien a quien a penas conoces. No sé si sea más sencillo, tal vez no nos importa demasiado, pero hay ocasiones en que las conversaciones fluyen rico. Una estudiantina (o tuna) paseaba por ahí y nos regalaba algunas piezas que más que amenizar, no nos dejaba escucharnos mutuamente.

 

Pasaron una, dos, tres horas en el bla bla bla (y yo que en la mañana me preguntaba qué iba a hacer entre una peli  y otra).

 

Llegó la hora del encuentro esperado. Iría sola –de nuevo-. La sala estaría casi llena (pero no llena). Ese hombre de lentes detrás de la cámara me esperaba. Allen…. Woody Allen volvía a mi vida, mientras yo me preguntaba si la gente tendría miedo de ir a Morelia o qué pasaba… ¿Dónde estaban todos?

 

(Continúa…)

Cristina, Barcelona, el Che y una Happy Suertuda (Parte I)

Tengo una confesión que hacer… amo entrar a la Ciudad de México por Santa Fe. Esa es una cálida y enorme bienvenida. Cuando vas llegando y el clima lo permite, la vista es espectacular. Ya sea de día o de noche casi se te va el aliento.

Hoy me pasó eso… y es genial estar bien conciente de la belleza de cada lugar… de las particularidades de cada ciudad.

Llegando de Morelia sí se percibe un cambio. El viernes que arribé a la tierra natal percibí el cambio de color en el ambiente, aunque en ese momento no lo nombré “la luz de fin de semana”, como más tarde Carlos la llamaría.

Es muy diferente entrar a una y otra ciudad. En el fondo se alzan las torres de la catedral y a esa hora (18:00), todos los colores toman unos matices muy peculiares.

Me bajé en el centro pensando que tal vez era buena idea buscar un catálogo de películas y hasta mi abono para las películas del Festival de Cine de Morelia. Así que caminé hasta las oficinas del FICM, cargando mi maletita. Saludé aquí y allá; me mandaron a la sala de prensa en donde me topé con el encargado. “No tengo ahorita los catálogos… pero vamos a la función”… ¿Función? Ese día se proyectaría a la prensa la cinta inaugural del festival: Che, el Argentino, de Steven Soderbergh. “Ahhh… qué sacrificio, pero alguien tiene que hacerlo”.

Tomé mi maleta, agarré los brazos de un par de conocidos y nos dirigimos a la oscuridad de la sala.

Si vieron el promo del Festival de este año, habrán notado que una de las tomas sucede en una fiesta. Al parecer la chica que baila muy sexy en esa toma estaba presente… y todos los de la prensa la conocían, porque aderezaron el cineminuto con un fuerte “guiiiiiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuuu”, mientras una tímida vocecilla decía “Siempre hacen lo mismo”.

Pasaron un corto de “MontBlac” y después, una toma en blanco y negro de Benicio del Toro como un casi gemelo Che Guevara. Y comienza el show.

Como se podrán imaginar, “Che, el Argentino”, retrata parte de la vida del ícono (pop) durante su intervención en la Revolución Cubana.

Tengo que decir que este género un poco documentaloso no es mi favorito en la vida, pero la cinta está bien hecha. Vemos caras conocidas; desde Demián Bichir hasta el guapérrimo de Rodrigo Santoro.

En la primera parte de todo el trabajo de Soderbergh se aprecian varios aciertos.

El primero y muy importante, para mí: fue un alivio ver una producción gringa (española también), cuya historia sucede en América Latina, que está hablada en español. ¡Vaya!, lógico, ¿no? Pues no… Eso me gustó.

Benicio del Toro… bien, bien. No habla como “pueltoliqueño”, pero… tampoco como argentino, según yo, claro. Pero bien… ¡hasta colorcito se le ve al muchacho! Me gustó su caracterización y se nota un concienzudo trabajo de creación de personaje. Bien (again).

Si me pusiera muy “picky” podría hablar de los acentos… pero bueno, no lo haré. Me pareció buena. Punto.

Salí de la película casi corriendo. Estaba agotada. Quería llegar a… ¿casa? Es extraño ir por vez primera a un lugar donde viviste por cinco años y ya no tener un hogar “tuyo”. Laticueva ya no existe, así que llegué con mi mamá. Lo interesante del asunto es que el depa de mi madre es nuevo, por lo que ahí no hay nada mío; no tengo ni una cama. Raro. Pero, a pesar de los múltiples piquetes de mosquitos y las predicciones caóticas sobre mi estancia en un lugar sin mi lugar; todo salió muy bonito. Interesante. No sé… luminoso.

Fue lindo estar en familia y comentar lo acontecido en el último mes. Fue raro estar en Morelia y sentir que tenía ya años sin vivir ahí. ¿Estoy loca?

El día siguiente tenía varias prioridades: comprar boletos para Vicky, Cristina, Barcelona, la nueva película de Woody Allen que se exhibiría esa noche, comparar playera del Festival para querido roomie Dan, y hacer compritas… cof cof. Sí, sí, ya sé… aún con tanta tienda en DF sigo teniendo mis marchantas en More, así que tenía que ir a surtirme de varias cosas.

Más tarde, llegaría una película inesperada: Happy go Lucky, de Mike Leigh. Sí, de esas que tienes que tener en tu pequeña filmoteca. También, habría cálidos rencuentros, piquetes de mosquitos (sí, auch, ya lo dije, pero la comezón es insoportable) un house openning, una comida con una inesperada y buena compañía y Javier Bardem desnudo en el piso de la cocina…

(Continuará…)

¡Que se lo lleve el carajo!

No importa… ¿para qué importa? ¿Quién escucha? ¿Sirve de algo? Es más, ¿para qué perder el tiempo? ¡Qué caso tiene! Son una bola de pendejos.

¿Para qué sirve ilusionarse y desilusionarse? ¿Para qué gastarse? ¿Para qué esperar? Si somos todos una mierda… bueno, todos menos yo… y mi mami. Claro, porque los demás son los que están mal.

No, no hablo de hombres. No, tampoco de mujeres. Menos de relaciones. Hablo de nosotros; de nuestro compromiso con nuestra sociedad.

Ya he hablado en varias ocasiones sobre lo que pienso al respecto; he dado mi opinión visceral sobre las cosas que suceden en nuestro país.

Pero, ¿para qué gastarse en mover un dedo?

Uno puede pensar que solamente una persona no hace ninguna diferencia. Pero, ¿saben qué? Eso no es cierto.

Un economista estadounidense, Jeffrey Sachs, bautizó como “El teorema Beatrice”  a un modelo de desarrollo económico bastante simple: “pequeños esfuerzos pueden convertirse en grandes resultados.” (Refiriéndose a Beatrice Biira, cuya historia pueden leer en siriusfem.com).

Hoy, tal vez no nos incumbe a muchos de nosotros lo que está ocurriendo en el país del norte; o lo que va a suceder el 4 de noviembre.

¿Qué será? Vean el video.


NOT EMBEDABLE

http://es.youtube.com/watch?v=PYrZYd_B5Bs

¿Para qué molestarse en votar? ¿A quién le importa?

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A todos. Afortunada o desafortunadamente lo que pasa “allá arriba” nos afecta; de forma más directa de lo que quisiéramos. Quisiera escribir tantas cosas… quisiera de alguna forma sacar todas las imágenes, los sentimientos que se juntan en mi cabecita y en mi cuerpecito con la razón de compartirles todo lo que nuestros actos impactan a otros… a unos cuantos… a unos muchos; porque sí, el esfuerzo de cada uno se convierte en mucho.

Y no tiene que ver con Estados Unidos del todo, tiene que ver con lo que hacemos. Ver esas imágenes nos debería de mover a poner acción. Tal vez sea por lo que sucedió en mi tierra, tal vez sea por ver en las primeras planas de El País, El Mundo o la BBC todo lo ocurrido en Tijuana, que me mueve y digo y pienso, “there should be another way, man!, ¡debe de existir una alternativa!

Habrá siempre quién nos quiera impedir que hagamos algo… tal vez nosotros mismos seremos los primeros en ponernos la zancadilla… pero también está en nosotros brincar esos obstáculos. Hacer algo… pero no arañar, no agredir. Actuar… trabajar. Amar.

Sí, todos nos encontraremos con obstáculos al intentar hacer lo correcto.

Todos…

Todos…

Incluso… si eres amarillo y gordo.

Pero tú decides. Nunca es demasiado tarde o demasiado poco.

P.d. Si se preguntan por qué parezco enojada al principio… je, es parte de la campaña.