Cristina, Barcelona, el Che y una Happy Suertuda (Parte I)
Tengo una confesión que hacer… amo entrar a la Ciudad de México por Santa Fe. Esa es una cálida y enorme bienvenida. Cuando vas llegando y el clima lo permite, la vista es espectacular. Ya sea de día o de noche casi se te va el aliento.
Hoy me pasó eso… y es genial estar bien conciente de la belleza de cada lugar… de las particularidades de cada ciudad.
Llegando de Morelia sí se percibe un cambio. El viernes que arribé a la tierra natal percibí el cambio de color en el ambiente, aunque en ese momento no lo nombré “la luz de fin de semana”, como más tarde Carlos la llamaría.
Es muy diferente entrar a una y otra ciudad. En el fondo se alzan las torres de la catedral y a esa hora (18:00), todos los colores toman unos matices muy peculiares.
Me bajé en el centro pensando que tal vez era buena idea buscar un catálogo de películas y hasta mi abono para las películas del Festival de Cine de Morelia. Así que caminé hasta las oficinas del FICM, cargando mi maletita. Saludé aquí y allá; me mandaron a la sala de prensa en donde me topé con el encargado. “No tengo ahorita los catálogos… pero vamos a la función”… ¿Función? Ese día se proyectaría a la prensa la cinta inaugural del festival: Che, el Argentino, de Steven Soderbergh. “Ahhh… qué sacrificio, pero alguien tiene que hacerlo”.
Tomé mi maleta, agarré los brazos de un par de conocidos y nos dirigimos a la oscuridad de la sala.
Si vieron el promo del Festival de este año, habrán notado que una de las tomas sucede en una fiesta. Al parecer la chica que baila muy sexy en esa toma estaba presente… y todos los de la prensa la conocían, porque aderezaron el cineminuto con un fuerte “guiiiiiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuuu”, mientras una tímida vocecilla decía “Siempre hacen lo mismo”.
Pasaron un corto de “MontBlac” y después, una toma en blanco y negro de Benicio del Toro como un casi gemelo Che Guevara. Y comienza el show.
Como se podrán imaginar, “Che, el Argentino”, retrata parte de la vida del ícono (pop) durante su intervención en la Revolución Cubana.
Tengo que decir que este género un poco documentaloso no es mi favorito en la vida, pero la cinta está bien hecha. Vemos caras conocidas; desde Demián Bichir hasta el guapérrimo de Rodrigo Santoro.

En la primera parte de todo el trabajo de Soderbergh se aprecian varios aciertos.
El primero y muy importante, para mí: fue un alivio ver una producción gringa (española también), cuya historia sucede en América Latina, que está hablada en español. ¡Vaya!, lógico, ¿no? Pues no… Eso me gustó.
Benicio del Toro… bien, bien. No habla como “pueltoliqueño”, pero… tampoco como argentino, según yo, claro. Pero bien… ¡hasta colorcito se le ve al muchacho! Me gustó su caracterización y se nota un concienzudo trabajo de creación de personaje. Bien (again).
Si me pusiera muy “picky” podría hablar de los acentos… pero bueno, no lo haré. Me pareció buena. Punto.
Salí de la película casi corriendo. Estaba agotada. Quería llegar a… ¿casa? Es extraño ir por vez primera a un lugar donde viviste por cinco años y ya no tener un hogar “tuyo”. Laticueva ya no existe, así que llegué con mi mamá. Lo interesante del asunto es que el depa de mi madre es nuevo, por lo que ahí no hay nada mío; no tengo ni una cama. Raro. Pero, a pesar de los múltiples piquetes de mosquitos y las predicciones caóticas sobre mi estancia en un lugar sin mi lugar; todo salió muy bonito. Interesante. No sé… luminoso.
Fue lindo estar en familia y comentar lo acontecido en el último mes. Fue raro estar en Morelia y sentir que tenía ya años sin vivir ahí. ¿Estoy loca?
El día siguiente tenía varias prioridades: comprar boletos para Vicky, Cristina, Barcelona, la nueva película de Woody Allen que se exhibiría esa noche, comparar playera del Festival para querido roomie Dan, y hacer compritas… cof cof. Sí, sí, ya sé… aún con tanta tienda en DF sigo teniendo mis marchantas en More, así que tenía que ir a surtirme de varias cosas.
Más tarde, llegaría una película inesperada: Happy go Lucky, de Mike Leigh. Sí, de esas que tienes que tener en tu pequeña filmoteca. También, habría cálidos rencuentros, piquetes de mosquitos (sí, auch, ya lo dije, pero la comezón es insoportable) un house openning, una comida con una inesperada y buena compañía y Javier Bardem desnudo en el piso de la cocina…
(Continuará…)

