Entries Tagged as 'Cuando La Lata se pone a pensar...'

¡Que se lo lleve el carajo!

No importa… ¿para qué importa? ¿Quién escucha? ¿Sirve de algo? Es más, ¿para qué perder el tiempo? ¡Qué caso tiene! Son una bola de pendejos.

¿Para qué sirve ilusionarse y desilusionarse? ¿Para qué gastarse? ¿Para qué esperar? Si somos todos una mierda… bueno, todos menos yo… y mi mami. Claro, porque los demás son los que están mal.

No, no hablo de hombres. No, tampoco de mujeres. Menos de relaciones. Hablo de nosotros; de nuestro compromiso con nuestra sociedad.

Ya he hablado en varias ocasiones sobre lo que pienso al respecto; he dado mi opinión visceral sobre las cosas que suceden en nuestro país.

Pero, ¿para qué gastarse en mover un dedo?

Uno puede pensar que solamente una persona no hace ninguna diferencia. Pero, ¿saben qué? Eso no es cierto.

Un economista estadounidense, Jeffrey Sachs, bautizó como “El teorema Beatrice”  a un modelo de desarrollo económico bastante simple: “pequeños esfuerzos pueden convertirse en grandes resultados.” (Refiriéndose a Beatrice Biira, cuya historia pueden leer en siriusfem.com).

Hoy, tal vez no nos incumbe a muchos de nosotros lo que está ocurriendo en el país del norte; o lo que va a suceder el 4 de noviembre.

¿Qué será? Vean el video.


NOT EMBEDABLE

http://es.youtube.com/watch?v=PYrZYd_B5Bs

¿Para qué molestarse en votar? ¿A quién le importa?

dont-essica_alba320.jpg

A todos. Afortunada o desafortunadamente lo que pasa “allá arriba” nos afecta; de forma más directa de lo que quisiéramos. Quisiera escribir tantas cosas… quisiera de alguna forma sacar todas las imágenes, los sentimientos que se juntan en mi cabecita y en mi cuerpecito con la razón de compartirles todo lo que nuestros actos impactan a otros… a unos cuantos… a unos muchos; porque sí, el esfuerzo de cada uno se convierte en mucho.

Y no tiene que ver con Estados Unidos del todo, tiene que ver con lo que hacemos. Ver esas imágenes nos debería de mover a poner acción. Tal vez sea por lo que sucedió en mi tierra, tal vez sea por ver en las primeras planas de El País, El Mundo o la BBC todo lo ocurrido en Tijuana, que me mueve y digo y pienso, “there should be another way, man!, ¡debe de existir una alternativa!

Habrá siempre quién nos quiera impedir que hagamos algo… tal vez nosotros mismos seremos los primeros en ponernos la zancadilla… pero también está en nosotros brincar esos obstáculos. Hacer algo… pero no arañar, no agredir. Actuar… trabajar. Amar.

Sí, todos nos encontraremos con obstáculos al intentar hacer lo correcto.

Todos…

Todos…

Incluso… si eres amarillo y gordo.

Pero tú decides. Nunca es demasiado tarde o demasiado poco.

P.d. Si se preguntan por qué parezco enojada al principio… je, es parte de la campaña.

 

XXX en letras y video

Hoy descubrí un blog…

No es que sea tan chingón como los nuestros, chicos, pero me llamó la atención el tema del día: “¿Sexo? ¡Hoy no tengo ganas!”

No sé, pero me sentí como en la época de nuestros padres o nuestros abuelos. Mentira, todavía sigue existiendo esa idea/actitud hacia el sexo… por parte de las mujeres.

Yo tengo mi propia teoría sobre esta frase.

Resulta que la autora, Merlina Meiler, dice que hay veces que las damiselas se sienten cansadas, es normal, ¿no? Después de ser súper mujeres… pero ¿qué sucede cuando el que no quiere es él?…

Anoche vi “Cambiemos de pareja”, del Tour de Cine Francés… (ya sé, no he escrito casi al respecto y ya se viene el Festival de Cine de Morelia… paciencia, amigos), y una de las señales del engaño entre las parejas es precisamente: la falta de sexo.

Yo creo que ya sea hombre, mujer o cetáceo, la relación de pareja cambia, va evolucionando conforme pasa el tiempo; pero de eso a no tener encuentros íntimos por seis meses (¡ah, que frase de Corín Tellado, señores!)… sí puede prender la alarma.

Ciertamente muchas mujeres todavía (sí, se los juro) piensan que el sexo no es importante… y hasta podrían perdonar la infidelidad siempre y cuando no se enamore de la otra. Amigas mías me han dicho que “el sexo se termina” y lo más importante es la relación que se ha forjado. Estaré de acuerdo en una parte, pero no en toda la frase. No es lo más importante pero, ojo, si hay problemas sexuales es muy seguro que haya problemas en toda la relación. Y más si la mujer vive y disfruta plenamente del sexo.

Y aquí es cuando relaciono el artículo de Merlina con un comentario que tengo. Cof, cof… Muchas veces se habla de que “la señorita no tiene ganas” (perdón, “la seño”), pero… ¿qué pasa cuando él no puede y la señorita sí quiere? (seño, seño, perdón, again). Ah… ¿verdad?

No sé si les ha pasado, pero a muchas personas que conozco sí… y, claro, me incluyo. ¿Qué pedo? ¿Qué se hace? No es cierto de “no importa mi amor”, neeeeeeeeeeeeeel… sí importa.

Según Merlina, cuando él no quiere (o puede, digo yo), la mujer empieza a desconfiar “seguramente tiene otra, el cabrón”, culpamos a la rutina o pensamos que ya no hay magia en la relación. Pero eso no es todo; en ocasiones (y las más ególatras) pensamos que hay algo malo en la relación y en nosotros. “¿No le gustaré?”

Claro, en la mágica cabecita femenina pueden pasar historias y más historias respecto a la razón por la que el hombre no quiere/puede… Seamos honestos, si la mujer no está de mucho humor no es tampoco gran tragedia, de todas maneras (con ayuda de lubricante, por favor) se podría “hacer la tarea”, ¿pero si nomás el hombre no…? Ahí sí que ni cómo ayudarnos.

Ya, ya, ya… en este momentos todos están gritando, diciendo “pinche Lata, ¿qué no conoce otros métodos de satisfacer a una mujer?” Pero ese, señores, no es el tema acá. Hay otras técnicas (incluyendo patito diablito y otros aparatejos), nomás que hoy se quedan fuera.

Aquí, anoten, lo más importante (después del incómodo rato) es la comunicación. Sí… hablar. Nada de quedarnos con nuestros pensamientos, caballeros, hay que usar la boca (cof cof… CO-MU-NI-CA-CIÓN), si es que nos interesa la otra persona que está junto a nosotros.

Y si ustedes, señoritas (seños, seños) creen que no hay pedo, felicidades. Pasen la receta para llegar a ser así de zen.

La sexualidad es parte importante del ser humano así que no hay que quedarnos con “qué tal si…” o “yo pensé que tú…” No confíen en que las mujeres “todo lo entendemos” o en que los hombres “siempre quieren sexo, entonces hay algo mal”. No caigamos en estereotipos. Tal vez es hora de hablar de cuando ellos… no tienen ganas.

Hablen, disfruten… y ríanse viendo este porno video (cortesía de Betus).

(No se puede adjuntar aquí, pero aquí lo puede ver).

Él dijo que ella dijo, entonces yo dije

Ah, la comunicación… Desde pequeños aprendemos a “comunicarnos”. Supongo que todo empieza desde el vientre materno, cuando identificamos sonidos, vibraciones que relacionamos con ciertas acciones. Me imagino la escena: rechinido agudo = mamá comerá en cualquier momento = yo estaré más incómoda en la panza = hagamos que vaya al baño pronto para que tenga más espacio en este reducido lugar. Y así.

Luego, cuando nacemos y estamos a penas adaptándonos al medio, empezamos a darles significados a los sonidos guturales que salen de esos seres extraños; de dos ojos y una cosa que se abre demasiadas veces a la que le llaman boca.

Después, me aventuro a afirmar que vamos uniendo conceptos a las palabras hasta que nos aventamos y repetimos, generando los sonidos que va escuchando. En este momento uno podría hablar cualquier idioma, pues estamos nuevitos y listos para absorber cualquier sonido que entre por nuestros oídos. No estamos viciados. Estamos abiertos.

Pero poco a poco esa apretura se va cerrando… literalmente. Aumentan nuestros conocimientos del universo, nuestro vocabulario, nuestra sensibilidad… y nuestros miedos. Entonces, a toda comunicación vamos dándole tintes de sentimientos; atribuyéndole partes de historias vividas, recordadas; que quizá no queramos recordar.

Y más adelante, vienen otras barreras que derribar: los idiomas, las culturas, las costumbres, la educación, las interpretaciones.

El hombre dijo… La mujer dijo. ¡Qué complicadas que son! ¡Hombres, quién los entiende?

Después añadimos un pequeño elemento vital: la falta de contacto físico. Si muchas veces la comunicación no verbal no ayuda; muchas otras hace una falta tremenda.

Ahora llegamos a la era 2.0. Al Internet.

Por supuesto que es una herramienta maravillosa para mantener contacto con aquellos a los que no tienes cerca… o no tan cerca. Bendito Internet. Es una magnífica forma de mantenerte en contacto con el mundo, aunque estés sola en tu habitación, a las 21:29 horas de un sábado, frente a la computadora; echadita, cobijadita, con mil almohadas, disfrutando de tu cama nueva y haciéndote un poco tonta para no trabajar en el concepto de campaña que deberías estar creando.

Pero también tiene su lado negativo. El no verse a la cara puede crear un montón de malas interpretaciones. Un simple “ajá” puede significar muchas cosas: “está atento a lo que digo”, “me está dando el avión”, “está criticándome porque piensa que hice mal”, “me desaprueba”, “ni me está leyendo, creo que sólo copypastea”; etcétera, etcétera.

A mí me ha sucedido un par de graves veces. Sí, he tenido problemas porque el receptor piensa que el emisor significa tal cosa debido a que él (emisor) está en determinado estado de ánimo o porque para él, tal término significa cual cosa. ¡Unos quilombos! ¡Unos desmadres! ¡Que la hostia que la parió, jó! (creo que el español ibérico no es mi fuerte.)

¿Habrá alguna manera de chatear sin malas interpretaciones? ¿Llegará el momento en que dejen de darse esos malos entendidos y aprendamos a comunicarnos sin vernos ya?

Mientras son peras o son manzanas, todos deberíamos aprender un poco de Netiquette -Reglas de etiqueta para la Red-. (Y para todos los interesados, Miriam Sarli nos traerá un gran artículo al respecto en la edición de octubre de Siriusfem.)

Yo no sé si sea buena expresando mis sentimientos, mis ideas o hasta mis caprichos; pero definitivamente apuesto más a la comunicación carnal, cara a cara, cuerpo a cuerpo; donde cada movimiento, cada expresión, cada toque tiene un significado. Aún así hay falta de comunicación… porque nadie nos enseñó realmente a escuchar. Ah… creo que ahí puede estar una pista del meollo. Tal vez no nos entendamos bien porque no escuchamos mientras estamos frente a un chat. Pero… ¿y el teléfono?

Bueno, creo que esa ya es otra historia…

¿Lata se está volviendo vieja?

¿Cómo puede morir un elefante atropellado?

Creo que es una de las preguntas que nunca en mi vida me hubiera hecho… El Universal en su versión online, presenta una magnífica fotografía de la elefanta tendida sobre el asfalto… al parecer muerta después de que un camión de pasajeros la embistió.

No lo sé, tampoco es que sea muy fan de los cuadrúpedos  grises de larga trompa; pero esa nota robó mi atención. Y no puedo quitármela de la cabeza.

Hay otra nota que escribe Loret de Mola, sobre los atentados en Morelia… Y la termina de forma muy curiosa –me encantó, lo confieso-:

SACIAMORBOS

Señores secuestradores que leen la revista Quién:

Señor Secretario de Hacienda:

Otros interesados en mis ingresos:

No tengo un departamento en Cancún, no suelo viajar a Madrid a ver corridas de toros, no voy seguido a Nueva York, nunca he tomado un vuelo a Mérida porque se me antoja comer la cocina local (porque entonces comería diario ahí) y esa casa no es mía. Lo demás es prácticamente cierto.

¿Serán invenciones de la Revista Quién? ¿De dónde salen tales datos –verdaderos o falsos-? ¿Ya nos tenemos que cuidar incluso de lo que decimos porque todo puede ser usado en nuestra contra?

Finalmente, hay un texto que –según esto- escribió el actor Gael García Bernal. Y habla también de lo que ocurrió el 15 de septiembre en mi terruño. Menciona “la distancia”. Y anoche, en una llamada de casi una hora a Saltillo, una conocida voz me decía que había precios que pagar por vivir lejos. Obviamente no hablábamos de Gael, sino de alguien que también está lejos de su país.

Esa voz me dijo: “Cuando estás lejos pagas un precio: el que ocurran cosas a tu familia y no las vivas con ellos”. Demonios. Recordé cuando yo estaba lejos.

Por mucho tiempo quise volver a irme del país… y ahora que mi amiga Adriana se encuentra en Canadá me lo planteé. Algunos amigos argentinos saben que hace no mucho consideré irme a su tierra por un tiempo; pero salió Ciudad de México y la tomé.

Como lo escribí en mi texto de los grandazos, creo que México vale mucho la pena, es un buen lugar para vivir. Aunque a la hora de pagar las cuentas, de ver lo que percibes y lo que tienes que pagar te cuestionas cosas… A la hora de ver cierta formalidad en ciertos aspectos de la vida cotidiana no puedes evitar sentir el retortijón de tripa ante la falta de seriedad o de profesionalismo. Pero aún así; con periodistas que tienen que cuidarse las espaldas, con muertes injustas en una de las ciudades más bellas de la República, con actores que extrañan a la distancia… con todo eso, ando patriótica. No sé si se sea “septiembre, mes de la patria”, o que me estoy volviendo vieja… pero me gusta mi país y creo que vale mucho la pena trabajar por él.

Han descubierto el hilo negro

 Y seguí viendo películas. Las reseñas… más adelante.

Hoy quiero comentar una noticia bien “novedosa” que aparece en varios periódicos en línea.

Resulta que una mujer ha dado al blanco con esto de la dignificación de la mujer soltera…  =/

Se nota que nunca ha pasado por nuestros hermosos blogs o leído www.siriusfem.com, pero bueno, siempre se agradecen los esfuerzos.

Aquí, la nota. Yahoo dice:

domingo 21 de septiembre, 01:21 PM

* Busca “El (estúpido) príncipe azul” derribar mitos sobre la pareja México, 21 Sep (Notimex).- Los mitos sobre el amor y la pareja, así como la autorrealización de la mujer en la soltería, son los temas centrales de las escritoras Flor Aguilera y Alejandra Rodríguez, en su libro “El (estúpido) príncipe azul”.

Desde que la mujer es niña le relatan historias de príncipes azules, creando fantasías de lo que es el verdadero amor y cómo deben ser las relaciones de pareja, haciéndolas creer que la soltería para el género femenino es sinómino de infelicidad y que necesita un hombre que la rescate.

Contra esa premisa, las autoras muestran en su libro que una mujer puede ser soltera por convicción y que además es una oportunidad para la autorrealización y la búsqueda de la felicidad individual.

El libro consta de dos partes, una que habla de todos los mitos sobre amor y las falsas ideas que se tienen sobre la pareja, metáforas como: “alma gemela”, “media naranja” y un “príncipe azul” que nos rescate de nosotras mismas y demás ideas absurdas relacionadas con los cuentos de hadas.

En la segunda parte, explican al lector la forma de vivir una soltería plena, a partir del autoconocimiento y la independencia, para eliminar la idea de que se necesita de un hombre para ser feliz, llenar los vacíos emocionales y curar las heridas.

La soltería, enfatiza el sello Grijalbo, se plantea como una decisión personal que ofrece un sinnúmero de posibilidades y muestran que querer ser soltera no tiene nada de anormal.

“Para probar sus teorías, las autoras nos demuestran de forma muy amena y a través de ejemplos y anécdotas, que creer en los ideales de cuentos de hadas lo único que traen son complicaciones, malos entendidos e ideas falsas de la realidad porque no se cumple con las expectativas que las mujeres se plantean”, agrega.

Ser feliz, continúa, depende de una misma y no de un hombre, este libro te ayuda a comprender todo lo que puedes hacer por ti misma y a olvidar esos idealismos que llevamos cargando desde pequeñas.

¿Ustedes qué piensan?

¿Un texto más sobre los “atentados”?

La primera parte ya se publicó en este blog.

Martes 16 de septiembre de 2008.

Hoy me despertó el sonido de mi celular cantando “lata lata mi juguete de lata”, lo que significa que he recibido un mensaje. Con mucha flojera tomo el teléfono, aún con telarañas en las pestañas y veo: Atzimba. Lo abro mientras pienso, “¿qué no estaba fuera del país?” Leo: “Hola Gorda, ¿estás en México?” Como puedo contesto: “Sí, ¿cuándo llegaste?” Recibo un: “El domingo… ¿Ya hablaste con tu familia y cuates en Morelia, ¿todo bien?”

Eso ya no me gustó.

Tallé un poco mis ojos y contesté “¿Qué pasó?” Y sonó mi teléfono. “A ti sí te lo puedo decir: tengo ganas de llorar, amo mi rancho y estas cosas no sucedían, no sucedían antes, gorda.”

Dicen que “no news is good news”. Yo estaba segura que todo estaba bien, pero marqué. Mi mamá con la misma voz que yo contestó, “¿Qué pasó?” Expliqué que me habían dicho que en todos los noticieros era primera plana: En Morelia habían explotado un par de bombas (o algo así) y que había muertos y decenas de heridos. Yo sé que mi familia no acostumbra ir a esas cosas, pero más vale.

Me pasó a uno de mis hermanos que había estado grabando justo en la Plaza de Armas el evento del grito. “Ah, ya sé, algo así escuché. Pero no vi nada. Creo que fueron unas granadas, pero no nos dimos cuenta. De hecho, se escucharon como golpes pero la gente que estaba por ahí siguió como si nada. Nos dimos cuenta que algo sucedía hasta que llegaron policías, pero ya más tarde.”

Y sí, diría Atzimba: esto no pasaba en mi tierra.

¿Saben? Para mí vivir en Morelia era de lo más normal. Noté que era una ciudad muy arbolada cuando algún chilango me lo dijo. Noté su belleza hasta que recibí muchos halagos sobre el terruño. ¿Qué no todas las ciudades son así de bonitas? Crecí de manera muy normal, al menos para mí. Era una ciudad tranquila, provinciana. Ahí, todavía no existían los secuestros; el narco… ¿qué es eso? Secuestros, nombre, para eso los Ramírez tienen sus guaruras. Todo era rosa. Crecí en un Mundo rosa…

Pero crecí y sí, la ciudad cambió.

Afortunadamente mi familia nuclear está bien y supongo que todos mis cariños también. No news is good news.

18 de septiembre de 2008.

Me han llegado varios correos electrónicos titulados “Atentados en Morelia”. Perdón a las personas que me lo han enviado, pero ¡no mamen! Diría Vanessa Bauche, “yo cuido a mi niña interna” y no quiero ver imágenes de gente destrozada. Física y emocionalmente.

Sé que los morelianos están realmente indignados, que la sociedad en general está consternada por todo lo que ha sucedido. Que la gente quiere justicia…

Eso mismo que sentí cuando fui a la marcha del 30 de agosto.

También me han dicho que ponga un “&” antes de mi Nick en el Messenger y que portemos un listón blanco. Suena muy lindo, suena solidario, pero no sé si algo así funcione si la actitud de la gente que la usa es la incorrecta. ¿Incorrecta? Bueno, al menos para mí.

No, si no estoy diciendo que no hagamos nada, pero hay que estar seguros de que esta no será una muestra cursi más, de cariño a nuestra patria. Sí, cursi. De ese cariño que nomás se siente cuando gana la selección. De ese que dice “pinche gobierno de mierda que tenemos” y seguimos fomentando la falta de respeto, la corrupción; si seguimos educando a nuestros niños con el “el que no tranza no avanza”, si no hemos empezado a ver que hay que vivir y trabajar por la comunidad y no por “mí mismo y los míos nomás”.

Esto de los “atentados” (no sé si llamarlo así, pero no me suena a término correcto), o más bien “asesinatos viles, bajos, estúpidos y amenazadores”, nunca nos lo hubiéramos esperado en nuestra Morelia, esa en donde solamente le pasan cosas feas “a los que se meten con los narcos”; esa con aún aire pueblerino donde “no pasa nada”. Pero pasa.

Yo los invito a que dejen de enviar esos correos difundiendo las imágenes tan amarillistas y más bien inviten a la reflexión y al amor por nuestro pueblo.

Lo que sucede no es algo que se acabe de gestar. Viene generándose desde hace décadas. Lo hemos permitido como sociedad. Sí, lo hemos permitido.

Así que te invito también a que junto a tu “&” y a tu listón blanco asumas la responsabilidad que te corresponde como mexicano, como moreliano, como miembro activo de este país. Porque, ¿qué crees? Este país es mucho más que un gobierno corrupto; este país somos todos y cada uno de nosotros.

Cuando fui a la marcha por la paz al Zócalo de la ciudad de México me dolió muchísimo ver que había personas queriendo erradicar la violencia con violencia aún más cruel. “Lo que resiste, persiste”. La venganza no es la respuesta. El punto no es luchar contra la violencia, el punto es generar un lugar de armonía, de paz, de respeto al vecino, a nuestro país, a nuestras calles, a la gente que trabaja en el gobierno, a los procedimientos, a las instituciones y hasta nuestra bandera.

Tal vez la respuesta sea sentirnos un poquito parte de esta nación en la que estoy convencida vale la pena vivir. Es un gran país, porque nosotros lo hacemos grande; no por sus catedrales, por sus playas o por sus campos soleados. Eso sin la gente no vale nada.

Es un gran país por ti, por mí, por todos. Por lo que hacemos de él.

Si tú crees que no tienes nada que ver con lo que está sucediendo, lamento desilusionarte. Estás en un error.

Me gusta ser anónima…

El otro día Ross me comentaba que el tener auto te vuelve más “solitaria”, te aísla; mientras que andar en transporte público te hace convivir con los demás. Al menos, ver gente.

Alguna vez leí en una revista australiana que los aussies que vivían en Londres se volvían mucho más reservados. Es ley, si vas en el metro londinense siempre dejan un lugar vacío entre una persona y otra… claro, cuando se puede. Cada uno es más anónimo. Y uno como latino, acostumbrado a los apretujones (si es que viajas en camión, micro, metrobus o metro), pues como que al principio lo ves raro, pero luego te puedes acostumbrar.

El viajar en metro por la mañana me da una sensación extraña, sobre todo al hacer transbordo en una estación particularmente abarrotada. La gente parece hormiga y todos tenemos cara de zoombies. Me encanta ese espectáculo. Es como si marcháramos al unísono… “plac, plac, plac, plac”; alguien que rebasa por la derecha, otro por la izquierda. No falta el que te desnuda con la mirada y el que osa acercarse y preguntar tu nombre. Tampoco falta el que te lleva de corbata y los que no te dejan pasar “porque van primero ellos” (ellos son como 50 personas caminando juntititos). Y tú pones cara de “malote”, Don´t mess with me, man! Hasta que llegas a tu destino y te quitas ese traje para ponerte el sonriente.

Pero no puedo evitarlo, hay veces que sí me gusta tener mi espacio, mi anonimato. Ya sé que con esto del blog y el seudónimo no ha servido demasiado para volverme “invisible”, porque mucha gente (que me lee) sabe quién soy. Hasta nos hemos conocido en persona. Total Failure!

Sí, a veces extraño esa soledad de Laticueva… llegar a casa y conectarme tal vez. No escuchar más que a los niños jugando en la calle… y estar solita varias noches. Últimamente sólo llego a casa a dormir, ya entrada la noche (hasta olvidé cómo luce rommie Dan). Y extraño mi casa… extraño estar sola conmigo y mis freakies pensamientos.  Pero, claro, también me encanta tener plan… sin necesidad de poner un letrero en mi Messenger (pedrada aquí para el Tlacuash) y ver que tengo “agenda llena” de aquí a octubre.

También me canso, correr de un lado para otro: Domingo por la noche, cine con Allen. Martes por la noche, cumple con Claudia y Albis. Miércoles por la noche, cena con Pablo. Jueves por la noche, evento Lazos. Viernes por la noche, cena con Bismuto. Sábado por la noche, noche mexicana con Elo… Camino al trabajo, Violetta y Pig. Camino a casa, Bernarda o mis pensamientos.

Sí, en ocasiones me gusta ser anónima. Aunque últimamente ya se me olvidó lo que es eso.

De iluminadores a iluminados

Una marcha más, han de decir. Yo, no soy marchista. Nunca lo he sido. De hecho, sólo fui bolibolista -y bastante mediocre- en la época de mi tiernita juventud. Entonces eso de acudir a la maratón de Ciudad de México no es del todo “mi mero mole”. Pero como bien sabrán aquellos fieles lectores, hay un tema que me mueve mucho. No es el ejercicio, sino la paz.  

Hoy una ex compañera de la universidad me comentó que acudirá a una marcha llamada “Iluminemos México”… sí, había leído algo, pero me metí a investigar de qué se trataba. 

Sábado 30 de agosto, movimiento de expresión ciudadana, “Queremos, como tú, sentir que nuestra voz es oída y escuchada y que lo que se debate es lo que nos representa como sociedad. Queremos como tú, sentirnos seguros y tranquilos en un México que algún día tuvimos.” 

Entiendo bien de qué se trata este asunto. Entiendo lo que habrán querido decir. Entiendo que afirmen que no es un movimiento político. Sí, señores, que lo entiendo. Pero también hay que recordar un pequeñísimo detalle: el México que tenemos ahora es el México que hemos forjado, el que hemos construido. Tú, yo, él, ella, ustedes y, que si voseáramos diría, vosotros. La querida Zereth escribió ya un atinado post sobre las olimpiadas y los triunfos que nos llevamos, todo eso que reprochamos y sobre qué cómodo es culpar al otro. Es de lo más fácil hacerlo, ¿no? Estar aquí, culpándolos… a los demás.  

Así que podemos seguir como hasta ahora o hacer algo. A mí lo que me interesa es hacer algo, y espero estar haciéndolo más seguido que solamente un 30 de agosto. Me emociona la idea de una ciudad de México –sin lluvia, ¡por Dios!- llena de gente vestida de blanco, sosteniendo veladoras y, ojalá, uniendo la energía en pos de un motivo en común.  

Pero antes de recordar ese motivo, antes de dejarnos inundar por las imágenes terribles que día a día vemos en los diarios, en las páginas web, en los noticiarios… hasta en nuestro vecindario, quiero invitarlos a que recuerden algo muy básico y sencillo: 

“Lo que resiste, persiste”. 

Sí, ¿recuerdan mi video aquél que salió como resultado de mi catarsis del año pasado? 

Detengámonos un momento y pensemos qué queremos lograr… ¿detener la violencia? Y, ¿qué? ¿Se detiene con más violencia? No, señores, lo que queremos lograr es un lugar tranquilo, armónico, feliz; en paz. Tiremos a la basura el concepto de “Marcha en contra de la violencia” y cambiemos el switch a “Marcha hacia la paz”. 

Más que iluminar México, encendamos una luz hacia un camino nuevo, hacia una nueva forma de vernos como ciudadanos de este país, de esta extensión enorme y minúscula llamada Tierra, esta realidad que elegimos vivir. Iluminémonos con un objetivo, lograr eso desde dentro –primero- para poder expresarlo, demostrarlo, CONTAGIARLO. Tomemos una vela donde estemos pero solamente como un ritual; encendámosla con un cerillo que signifique un compromiso, por ser mejores personas, mejores vecinos, hijos amigos compañeros de trabajo ciudadanos; por ser mejores mexicanos y mejores Seres Humanos. Ser mejores versiones de nosotros mismos. 

Prendamos una vela por nosotros… porque queremos cambiar no una imagen pública, no una portada de periódico, no el teaser del noticiario de la noche sino porque ya comenzamos a caminar hacia algo más allá de eso… hacia casa… donde todo será mucho más congruente, más conciente y, por lo tanto, más pacífico. Iluminemos, iluminémonos… por ese camino que recorremos día a día y no sólo un sábado. Iluminemos, iluminémonos… llenémonos de luz primero para poder, entonces sí, poder dar algo más. Algo mucho más.



Free counter and web stats

Seamos… ¿amantes?

¿Se acuerdan de la historia de Chandler y Mónica en Friends? Su amorío comienza en un lugar de extranjía cuyo nombre quiero recordar: Londres. Ross –hermano de la Mónica- se va a casar (por chorromil vez) y ella está un poco tristona. Entonces se cruza en su camino el ojiverde amigo… y terminan en la cama.

Después de un rato de romance “a escondidas” los demás amigos se dan cuenta. Se enamoran, viven juntos, se casan, adoptan chamacos y se van a los suburbios. Ese es el final de esta pareja Friend.

Ahora bien… ¿qué sucede cuando unos amigos terminan enrolándose en una relación carnal? Ya sé que he comentado este asunto con anterioridad, pero ahora me hizo ruido de nuevo. ¿Qué sucede cuando uno de los dos se engancha? Muchas veces las mujeres involucramos sentimientos en esto de la acostada libre, no sabemos separar. Chale, que nos enamoramos o queremos más. ¿Y qué sucede cuando dice “hasta aquí”? Chan chan chan chaaaan.

1)      Que el caballero involucrado sale huyendo, se porta como patán para dejar bien claro que “nomás quiero el acostón”.

2)      Que el caballero involucrado haga –inconscientemente-  lo posible por alejar a la bella dama , nomás por puro terror. Autosabotaje, pues, llevándose entre las patas a la jovenzuela.

3)      Que el caballero baje la armadura y diga, “bien… entrémosle a ver qué pasa”.

4)      Que la damisela diga… “mejor no, ni como amantes ni como novios. Como amigos nomás”.

5)      Que terminen como Mónica y Chandler.

¿Ustedes qué piensan?

“Veo un hombre alto y de ojos azules…”

El problema con la lectura de cartas, runas y otros oráculos es que uno se pone nerviosito. No sé en realidad qué es lo que nos sucede a ciertos individuos cuando nos enfrentamos a este tipo de “visualización” del futuro que nos hace tragar saliva. Gulp.

Hace unas semanas, antes de mudarme a chilangolandia, un amigo sacó sus cartas y comenzó. Todavía no domina las artes adivinatorias (¿serán adivinatorias?) pero con su tumbaburros y su sensibilidad usual comenzó a echar las cartas. Yo esperaba y miraba esas imágenes extrañas, asustándome cada vez que salía una “sospechosa” o “feíta”. Un hombre llorando en una cama roída, una persona clavada por estacas o hasta la muerte cruzando un río. Digo, no me acuerdo pero algo así sería. Pensaba para mis adentros “ay nanita, que no sea nada malo, que no sea nada malo”.

Más allá de decir: (FX VOZ DE ADIVINO) conocerás a un hombre alto, moreno, de ojos azules (ajá), se habló mucho sobre cómo me encontraba yo en ese momento y de lo que tenía que aprender en esta nueva etapa. Paciencia y crecimiento.

Poco a poco he aprendido a ver eso que me decía. Coincidencia o no, estoy alerta y cuando algo “fuera de lo común” sucede, quisiera correr al teléfono y llamarle: ¿será esto lo que quisiste decir cuando mencionaste tal o cual cosa? Seguro en un instante me colgaría no sin antes mencionar: No me acuerdo.

Será una parte arraigada del folklor mexicano (¿o latinoamericano?) esto de las artes adivinatorias, pero antes que tomármelo muy a pecho y al pie de la letra, prefiero ver qué me sirve y qué no. Pero ahí no para la cosa.

Si han recorrido algún mercado –cualquiera- de nuestro país, se encontrarán con una gran variedad de puestos de hierberos y santeros. Las hierbas son muy útiles para la curación, pero también hay mucha brujería. Velas, aceites, rezos, huevos sobre el cuerpo…  ¿Servirán esas cosas?

¿Seremos capaces de modificar “nuestro destino”? ¿Existirá el destino o cada uno irá creando su realidad al paso del tiempo?

Yo creo más bien en lo segundo, pero no puedo evitar ponerme “nerviosita” cuando me enfrento a una adivinadora o cuando escucho que a alguien le han dicho algo “que salió cierto”. ¿Qué haría yo ante predicciones que se van cumpliendo? Porque lo que me dijo mi amigo no tenía nada que ver con predicciones…

“Señorita Lata, el próximo miércoles recibirá una llamada importante en la que le anunciarán que ha recibido un sustancioso aumento de sueldo debido a su desempeño profesional”.

“Veo un evento en donde habrá gente importante, una persona se acercará a usted y le ofrecerá un proyecto que le cambiará la vida”…

Algo así…. ¿cómo reaccionaría ante tal augurio? Seguro, me volvería más paranoica. Tal vez lo mejor es dejar que las cosas sucedan y estar abierta a lo bueno que viene. Porque seguro que viene.