Bellas por fuera, digo, por dentro
Hoy me despertó el sonido de mi celular cantando “lata lata mi juguete de lata”, lo que significa que he recibido un mensaje. Con mucha flojera tomo el teléfono, aún con telarañas en las pestañas y veo: Atzimba. Lo abro mientras pienso, “¿qué no estaba fuera del país?” Leo: “Hola Gorda, ¿estás en México?” Como puedo contesto: “Sí, ¿cuándo llegaste?” Recibo un: “El domingo… ¿Ya hablaste con tu familia y cuates en Morelia, ¿todo bien?”
Eso ya no me gustó.
Tallé un poco mis ojos y contesté “¿Qué pasó?” Y sonó mi teléfono. “A ti sí te lo puedo decir: tengo ganas de llorar, amo mi rancho y estas cosas no sucedían, no sucedían antes, gorda.”
Dicen que “no news is good news”. Yo estaba segura que todo estaba bien, pero marqué. Mi mamá con la misma voz que yo contestó, “¿Qué pasó?” Expliqué que me habían dicho que en todos los noticieros era primera plana: En Morelia habían explotado un par de bombas (o algo así) y que había muertos y decenas de heridos. Yo sé que mi familia no acostumbra ir a esas cosas, pero más vale.
Me pasó a uno de mis hermanos que había estado grabando justo en la Plaza de Armas el evento del grito. “Ah, ya sé, algo así escuché. Pero no vi nada. Creo que fueron unas granadas, pero no pasó mucho. De hecho, se escucharon como golpes pero la gente que estaba por ahí siguió como si nada. Nos dimos cuenta que algo sucedía hasta que llegaron policías, pero ya más tarde.”
Y sí, diría Atzimba: esto no pasaba en mi tierra.
¿Saben? Para mí vivir en Morelia era de lo más normal. Noté que era una ciudad muy arbolada cuando algún chilango me lo dijo. Noté su belleza hasta que recibí muchos halagos sobre el terruño. ¿Qué no todas las ciudades son así de bonitas? Crecí de manera muy normal, al menos para mí. Era una ciudad tranquila, provinciana. Ahí, todavía no existían los secuestros; el narco… ¿qué es eso? Secuestros, nombre, para eso los Ramírez tienen sus guaruras. Todo era rosa. Crecí en un Mundo rosa…
Pero crecí y sí, la ciudad cambió.
Afortunadamente mi familia nuclear está bien y supongo que todos mis cariños también. No news is good news.
No quiero escribir más sobre el asunto; así como no he escrito de la marcha porque no he tenido ganas.
Mejor cambiamos de ánimo y les cuento lo que sí he hecho todo este día de asueto: ponerme al corriente con una serie que cada día me gustas más: Ugly Betty.
No sé por qué se me ocurrió buscar todos los capítulos en youtube y no he podido parar. Uno tras otro me agrada la forma en que cuentan la historia, me divierte las aventuras de la greñuda Bety y me sorprende que nunca se vea en un espejo. ¡Dios, ¿no hay espejos en Queens?!
Creo que todas tenemos una Betty dentro. Al menos las que tenemos un c.i. de más de 100. Je. Si no me creen, vean este video:
(Esos británicos se la rifan en la publicidad)
Muy recomendable la serie. También, apagar de vez en cuando el televisor es bueno para la salud. Al menos la mental.

Pero eso no se llevó la noche. Se la llevó la actitud de Don guapo. Con toda tranquilidad, con una paz en la mirada, contestó a todas las preguntas del señor… no sé de qué hablaban, pero regalaba sonrisas y paciencia ante los interrogantes de aquél hombre.