(Miércoles de 2×1 early edition).
Entre situación hipotética de una noche de insomnio, entre rompe mitos y un poco de Sex and the City… Bueno, aunque aclaro… a mí no me ha pasado, me han contado.
Hay un capítulo de dicha serie de televisión en el que Carrie está felizmente leyendo en la cama con su “Mr. Big”… cuando un sonido (FX PRRRRRRRR) se escucha. Es conocido. Es vergonzoso. Es un “pun”, un “pedo”, una flatulencia. Ella, se apena, pero parece que todo está bien… hasta que Big se desaparece. Por supuesto, Carrie (como damita que es), lo asume a su osadía: ¡cómo pudo cometer tal error! ¡¿cómo se le pudo ocurrir flaquear y pedorrearse frente a Big?!
Si a Carrie (todo glamour y propiedad) le sucedió… ¿le sucede a cualquiera?
¿En qué momento podemos decir que una relación ha pasado a la etapa de “total confianza”? ¿En qué momento dejamos de querer quedar bien y nos sentimos totalmente cómodos con la otra persona? En el momento de la gran y sonora (a veces apestosa) flatulencia.
Y es que si uno pretende vivir con alguien debe de pasar esa GRAN prueba.
La leyenda dice que “las chicas bellas” no se pedorrean… y hay profesionales que se han encargado de verificar ese mito.
Pero suponiendo que no existieran las chicas lindas, y que en La Tierra sólo existieran simples y mundanos seres humanos… ¿qué hacer para traspasar esa línea fronteriza entre la confianza y “la demasiada confianza”?
Aquí, estimados lectores, hay que pensar en esta noche de insomnio, ¿cuál sería el peor escenario que nosotros aceptaríamos con nuestra pareja?
Ah, pues ahí está el detalle. Pensemos en eso y pongámoslo en la práctica.
Situación A. El pedorro gracioso.
Este espécimen cree que “no hay pedo” por nada. Es más, se divierte, hace bromas al respecto. “Jálame el dedo” y cuando lo haces… el conocido sonido aparece de… quién sabe dónde.
Situación B. El pedorro disimulado.
Es el más común. El que se echa la flatulencia y le ruega a Dios que no huela, que no suene… es más, hace algún sonido extraño para llamar la atención: estornuda fingidamente, rechina el asiento (imaginando que es de piel cuando, en realidad, es de madera), da un zapatazo… incluso hasta llega a patear al más cercano perrito. Aquí el pedorro puede salirse con la suya… o el olor lo delata, aunque puede seguir haciéndose el disimulado. “Ah, qué mal olió de repente, déjame cerrar la ventana, es que estas tuberías…”
Situación C. El pedorro penoso.
No sabe disimular o se le “sale” sin querer. “¡Ay Dios! Discúlpame, qué pena… es que algo me cayó mal… es que… nunca me suceden estas cosas…” El pobre está más rojo que un jitomate en este punto. No dejará de disculparse y hasta pasado un tiempo dejará de estar nervioso (y de pensar en el incidente que lo marcará para siempre).
Situación D. El pedorro mamón.
En realidad es mamón (engreído) todo el tiempo. Tiene síndrome de “yo soy un chingón”, y ante una flatulencia su actitud no cambia. “Pues si te gusta… Ah, seguro tú has de desechar rosas, ¿no?”
Situación E. El pedorro adorable.
Es el que se muere de pena, pero te lo dice de frente. “Es que… vuelvo en un momento, tengo… algo que hacer”, y se desaparece corriendo. O, quizás, cuando se “le escapa” lo acepta con un poco de empacho y algo de risa “Se me salió uno, perdón”.
En fin, que este tipo de acontecimientoa marcan la pauta de la confianza en una relación. Cuando, finalmente, se ha cruzado esa línea con la frente en alto… se puede decir que estamos en otro nivel de la relación. Ya hay casi confianza total. (FX VOZ DE HOMBRE IMPOSTADA, COMO DE EPISODIO DE RADIONOVELA DE LOS 50´S) Casi no hay nada más que ocultar.
Por supuesto, todo esto es hipotético porque en realidad las chicas bellas no producimos gases.
¿O sí?
Si tienen tiempo y paciencia de ver un video en inglés, les recomiendo desmitificarse y disfrutar de este experimento científico: “¿Las chicas lindas tienen flatulencias?”
Si no ven nada, den click aquí.
Tags: Situaciones hipotéticas de noche de insomnio, La vida cotidiana de la Lata y sus amigos... por latamoderna
22 Comments »