Entries Tagged as 'Situaciones hipotéticas de noche de insomnio'

Situaciones hipotéticas de noches de insomnio: pensar

Otra noche más en que no puedo pegar el ojo. Mi cabeza le da vueltas y vueltas a una y mil cosas. No es raro, es muy común. El loquero, las estrellas, las líneas de mi mano, las runas y hasta el Tarot me dicen que yo lo que quiero es que alguien me diga qué hacer, hacia dónde ir, con quién, cómo, cuándo, dónde, por qué; y todos esos mismos oráculos –y no- me indican que es “up to me”, o sea yo decido. Diantres. Deja de pensar y ponte a actuar.

¿Por qué habremos seres que pensamos y pensamos y de repente nos complicamos demasiado la vida? No nos dejamos fluir, queremos entenderlo todo, un camino a seguir, una guía… ¿un látigo que nos obligue a seguir jalando la carreta? No lo sé.

Pienso en lo que me dijo mi malote amigo, hijo de saudinena, la otra noche; cuando analizábamos las posibilidades de un cambio de vida. Me decía, A=x, B=y, C= u. Si A+B= 2 entonces piensa si 2 es más conveniente que 1. Chale, y a mí que ya se me había olvidado cómo sumar. Tuve que sacar mi ábaco y tomar dedos prestados.

Es bueno tener cerca a este tipo de mentes lógicas y matemáticas, porque lo que es la pura cabeza caliente –de tanto pensar- y las vísceras nomás no ayudan; nomás confunden; nomás quitan el sueño.

Así que, si usted estuviera en un predicamento, ¿cómo tomaría la decisión?

A) Haría una lista de pros y contras.

B) Me guiaría por mi intuición

C) Haría la fórmula matemática/lógica de probabilidades

D) Le haría caso al volado (águila o sol)

E) Pim pom papas…

F) Meditaría por qué quiero cambiar y mejor me quedo donde estoy

G) De plano me reclutaba en el asilo para débiles mentales

H) Ninguna de las anteriores

La confianza del pedo.

(Miércoles de 2×1 early edition).

 Entre situación hipotética de una noche de insomnio, entre rompe mitos y un poco de Sex and the City… Bueno, aunque aclaro… a mí no me ha pasado, me han contado. 

Hay un capítulo de dicha serie de televisión en el que Carrie está felizmente leyendo en la cama con su “Mr. Big”… cuando un sonido (FX PRRRRRRRR) se escucha. Es conocido. Es vergonzoso. Es un “pun”, un “pedo”, una flatulencia. Ella, se apena, pero parece que todo está bien… hasta que Big se desaparece. Por supuesto, Carrie (como damita que es), lo asume a su osadía: ¡cómo pudo cometer tal error! ¡¿cómo se le pudo ocurrir flaquear y pedorrearse frente a Big?! 

Si a Carrie (todo glamour y propiedad) le sucedió… ¿le sucede a cualquiera? 

¿En qué momento podemos decir que una relación ha pasado a la etapa de “total confianza”? ¿En qué momento dejamos de querer quedar bien y nos sentimos totalmente cómodos con la otra persona? En el momento de la gran y sonora (a veces apestosa) flatulencia.  

Y es que si uno pretende vivir con alguien debe de pasar esa GRAN prueba. 

La leyenda dice que “las chicas bellas” no se pedorrean… y hay profesionales que se han encargado de verificar ese mito.  

Pero suponiendo que no existieran las chicas lindas, y que en La Tierra sólo existieran simples y mundanos seres humanos… ¿qué hacer para traspasar esa línea fronteriza entre la confianza y “la demasiada confianza”? 

Aquí, estimados lectores, hay que pensar en esta noche de insomnio, ¿cuál sería el peor escenario que nosotros aceptaríamos con nuestra pareja? 

Ah, pues ahí está el detalle. Pensemos en eso y pongámoslo en la práctica. 

Situación A. El pedorro gracioso.

Este espécimen cree que “no hay pedo” por nada. Es más, se divierte, hace bromas al respecto. “Jálame el dedo” y cuando lo haces… el conocido sonido aparece de… quién sabe dónde. 

Situación B. El pedorro disimulado.

Es el más común. El que se echa la flatulencia y le ruega a Dios que no huela, que no suene… es más, hace algún sonido extraño para llamar la atención: estornuda fingidamente, rechina el asiento (imaginando que es de piel cuando, en realidad, es de madera), da un zapatazo… incluso hasta llega a patear al más cercano perrito. Aquí el pedorro puede salirse con la suya… o el olor lo delata, aunque puede seguir haciéndose el disimulado. “Ah, qué mal olió de repente, déjame cerrar la ventana, es que estas tuberías…” 

Situación C. El pedorro penoso.

No sabe disimular o se le “sale” sin querer. “¡Ay Dios! Discúlpame, qué pena… es que algo me cayó mal… es que… nunca me suceden estas cosas…” El pobre está más rojo que un jitomate en este punto. No dejará de disculparse y hasta pasado un tiempo dejará de estar nervioso (y de pensar en el incidente que lo marcará para siempre). 

Situación D. El pedorro mamón.

En realidad es mamón (engreído) todo el tiempo. Tiene síndrome de “yo soy un chingón”, y ante una flatulencia su actitud no cambia. “Pues si te gusta… Ah, seguro tú has de desechar rosas, ¿no?” 

Situación E. El pedorro adorable.

Es el que se muere de pena, pero te lo dice de frente. “Es que… vuelvo en un momento, tengo… algo que hacer”, y se desaparece corriendo. O, quizás, cuando se “le escapa” lo acepta con un poco de empacho y algo de risa “Se me salió uno, perdón”. 

En fin, que este tipo de acontecimientoa marcan la pauta de la confianza en una relación. Cuando, finalmente, se ha cruzado esa línea con la frente en alto… se puede decir que estamos en otro nivel de la relación. Ya hay casi confianza total. (FX VOZ DE HOMBRE IMPOSTADA, COMO DE EPISODIO DE RADIONOVELA DE LOS 50´S) Casi no hay nada más que ocultar. 

Por supuesto, todo esto es hipotético porque en realidad las chicas bellas no producimos gases.  

¿O sí?

Si tienen tiempo y paciencia de ver un video en inglés, les recomiendo desmitificarse y disfrutar de este experimento científico: “¿Las chicas lindas tienen flatulencias?”

 Si no ven nada, den click aquí.

Anuncio clasificado.

Buenos días/tardes/noches. Este post será una mezcla entre Situaciones hipotéticas de noche de insomnio (sección que tenemos muy abandonada) y “hoy es miércoles de 2 x 1 en época de fiestas, cuando naaaaadie está en su oficina, sino en comilonas, intercambios y demás”.

Seguramente un señor verde ha pasado por su casa (no, no hablo de un pervert), si es así queridos bloggeros, sólo salúdelo, deje que se quede un par de minutos en su preciado hogar y despídalo. Me está gustando otra vez esta época navideña, así que, por el momento, el Grinch que habita en mí ha salido de paseo.

Por lo mismo, hoy no vamos a hablar de profundos temas de 2×1, ni tampoco les voy a dar remedios contra el “Mal de la no casada“… hoy vamos a poner en práctica un ejercicio de redacción y de autoconocimiento. Aquí es donde le doy crédito a mi amiga Mi. que me compartió su idea y, según el permiso de gobernación ri-8754-latisclasificadus, tenemos permiso para su uso.

SITUACIÓN HIPOTÉTICA 25: Anuncio clasificado.

compra-venta.gif
¿Quién no ha visto en alguna revista un anuncio personal? Desde la COSMOPOLITAN hasta los Time Out en sus distintas versiones, tienen esa sección.

Entonces vamos a suponer que estamos poniendo un anuncio sobre nosotros. Aventurémonos a pensar que es en el rincón de “Solteros codiciados en busca de…”

Las condiciones son las siguientes: No más de 40 palabras. Hablar sólo de ti mismo, es decir, no mencionar qué se busca. Algo así sería el mío…

**Lata se truena los dedos, los sacude y comienza a teclear en su viaja OLIVETTI mientras se escuchan los tlac tlac tlac**

“Ex profesora, fotógrafa, publicista, voz de radio, a veces escritora y hasta editora. Aficionada del cine y el café. Un poco mal hablada, tal vez clavada. Su palabra favorita es Sonrisa. Creyente, todavía cree en la bondad humana.”

¿Cómo sería tu anuncio?

Situación hipotética 231: temblor en cueros.

Hoy, señores, agrego una nueva categoría a este blog: “Situaciones hipotéticas de noche de insomnio”. Estos son temas que recuerdas en las noches que no puedes dormir… o que te suceden/platican/sueñas despierta (o) mientras esperas que Morfeo te voltee a ver (finally).

Aquí les va el 231:

Escenografía…

Supongamos, señores lectores, que ustedes se encuentran compartiendo el lecho con un individuo (a) por primera vez. En su casa. Aventurémonos y pongamos el set en un departamento grande… digamos un último piso. En una colonia tipo… no sé… ¡Nápoles! Sí, esa me gusta, con sus nombres bien gringuitos.

Agreguemos un poco de emoción. El individuo (o individua pero no quiero estar poniendo la parte femenina) nuevo en tu vida comparte piso con dos amigos (inventémosles una labor glamourosa y poco común: periodistas).

Mezclémeslo con una llegada (suya) a las 2 de la mañana.

¿Listos?

Ahora sí… Imaginemos que el dulce sonido de tremendos ronquidos no los dejan dormir, pero ustedes no se mueven… se quedan quietecitos ¡no hay de otra! (levantarse, vestirse y largarse no es opción aquí. Recuerde: es por placer, no por negocio).

Conflicto…

Los vidirios (casi todas las paredes tienen ventanales) parecen que van a romperse. La cama rechina con singular alegría (favor de quitar esa imagen sexual de la cabeza, señores, es totalmente inapropiado). ¡Está temblando!

Se comienzan a escuchar ruidos afuera del cuarto, el movimiento de los amigos muy próximos. Y ustedes, claro, no tienen ropa puesta. (Punto importante: ni ustedes ni su pareja vieron el temblor del 85 en Ciudad de México).

Entonces ustedes…

A) Salen así. “Prefiero salvar la vida que conservar el pudor”.

B) Miran a su acompañante con cara de “¿Qué pedo?” pero no se mueven. “Seguro todo pronto pasará”.

C) Corren a buscar la primera prenda que encuentran y terminan usando el boxer de su pareja (que él se las arregle con su tanga).

D) Se esconden debajo del escritorio de madera, usando la cobija y dejando al nuevo “Puchungo” frío, asustado y mirándolos con cara de “Ahora sí te la rayaste”.

E) Ninguna de las anteriores.

Favor de llenar el espacio…

P.D. Hoy Chilango publicó que una LATA no es simplemente una lata… snif.